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Se cumple un año sin Soria

El asesinato del ex gobernador de Río Negro ocurrió el 1 de enero del 2012. Estuvo en el poder provincial una veintena de días. Pero antes desarrolló una extensa carrera en la política.

Fue intendente de Roca por dos mandatos y diputado nacional, además de jefe de la SIDE.
 

El arco vital de Carlos Soria se extiende entre el 1 de marzo de 1949, fecha de su natalicio, y el 1 de enero de 2012, día de su muerte. Al morir tenía, pues, 62 años. Sus puntos cardinales, en tanto, pasan por Bahía Blanca, donde vio la luz del mundo, y General Roca, donde se apagó su vida, víctima de un certero disparo ejecutado por su esposa, Susana Freydoz. Entre tiempos y lugares, un itinerario humano que lo convirtió en un político polémico y frontal, un destacado intendente y un fugaz gobernador de Río Negro.
Su trayectoria estuvo marcada por la política desde la cuna. Llevaba la militancia en la sangre, con la pasión y hasta la exaltación de quienes alcanzaron a vivir, siendo jóvenes, los agitados años de fines de los ’60 y principios de los ’70 del siglo pasado. Eran años en que la discusión y el debate de ideas podía ser fuerte, encarnizado, a fondo, hasta las últimas consecuencias.
Su padre, Ernesto Soria, había sido un activo dirigente peronista que sufrió la persecución y el desarraigo a causa del golpe militar de 1955 que derrocó el gobierno popular y nacional de Juan Domingo Perón. Obligado por esas circunstancias, el progenitor y su familia recalaron primero en San Carlos de Bariloche y más tarde en General Roca, donde el futuro gobernador hizo sus estudios secundarios. Más tarde, completó su formación en la Universidad de Buenos Aires, donde se recibió de abogado.
 
Duro y carismático
La política estaba en su constitución genética. Y el peronismo era su razón de ser. En Roca, supo compartir estudio con Pablo Verani, caudillo radical con el que mantuvo lazos de amistad y también diferencias profundas. Su temida y por momentos feroz dialéctica se fue moldeando hasta convertirse en una de sus marcas de presentación. Carismático, bien parecido y duro batallador fue ocupando distintos cargos partidarios, incluido el de presidente de la estructura política en Río Negro. Su presencia se imponía y, a veces, infundía miedo.
Supo de audacias que le valieron más de una crítica. Siendo primero diputado nacional por Río Negro, luego, cuando no pudo repetir aquí, lo hizo accediendo a una banca por la provincia de Buenos Aires, donde también fue ministro de Justicia y Seguridad. Su cercanía al ex presidente transitorio Eduardo Duhalde lo acercó al corazón del poder. Su paso por la SIDE tuvo facetas que le merecieron reproches y que le valieron, incluso, el malestar de Cristina Kirchner, a quien presuntamente había mandado a investigar. Lo peor de su gestión allí, sin embargo, estuvo relacionado con la Masacre de Avellaneda, por la que se lo acusó de ser uno de sus orquestadores.
 
Resurgimiento
No obstante, el destino político le preparaba un resurgimiento con reconocimiento popular incluido. Y fue en su ciudad de adopción, General Roca, donde iba a plasmarlo. Allí, siendo intendente por dos mandatos consecutivos, llevó adelante una gestión de gobierno que sacó de la decadencia a la urbe, a la que modernizó a fuerza de obras y de iniciativas que serán recordadas por mucho tiempo por los roquenses. El apoyo y la fidelidad de sus convecinos se pudo apreciar en la arrasadora votación que lo respaldó para su siguiente y más espectacular logro: la de convertirse en mandatario de la provincia.
Habiendo forjado una profunda alianza con el cipoleño Alberto Weretilneck, también intendente por ese entonces, su fórmula conjunta se impuso holgadamente para suceder, como Frente para la Victoria, al radicalismo rionegrino, en el poder durante 29 años.
Pero Soria no pudo ser gobernador por más de un puñado de días. Lanzado a una transformación de la administración provincial, por esos días se lo vio más activo que nunca, contento y lleno de entusiasmo.
Sin embargo, el destino le tenía preparado un final prematuro para su éxito político, un final abrupto, un final en el que también se le fue la vida. La madrugada del 1 de enero de 2012, tuvo una discusión fuerte con su esposa Susana, con quien eran frecuentes las disputas domésticas. A veces, muy encendidas. En esta ocasión, la mujer, llevada por las furias, tomó un arma de fuego y le descerrajó a corta distancia un tiro en la cara. Él no falleció enseguida pero fueron vanos los intentos para tratar que sobreviviera. Minutos después expiró.
 
Juicio final
Fue el final de su existencia. Veinte días en el poder fueron los pocos que le permitieron la fatalidad. Luego, vendría el dolor de sus familiares, de sus amigos, de sus compañeros y de sus rivales políticos, y de sus vecinos. Y empezaría el siguiente drama para la familia Soria, el juicio a Freydoz.
A la esposa y madre de los hijos del político el devenir le deparó un juicio con ribetes emocionales muy dramáticos, tristes y dolorosos. Y una condena fuerte: 18 años por homicidio calificado por el vínculo y agravado por el uso de arma, mediando circunstancias extraordinarias de atenuación. Por ahora, permanece recluida en un centro de salud de Cipolletti. Su esposo ya es historia.

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