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Xavier, "el Sandro local": serenatas sorpresas, la vida en el taxi y una dura confesión

Es un clásico de los fines de semana en eventos valletanos. Cantante, tachero y profe de artes marciales. La historia de un apasionado laburante.

Ya lleva un par de horas animando un evento privado en una chacra orense ante un puñado de comensales. La camisa se le pega al cuerpo producto de la transpiración propia de la noche calurosa pero también de la pasión que emana de su garganta y su piel. Consulta al público presente con qué tema musical desearían continuar y bebe un sorbo de agua. Su fiel compañera Verónica lo alienta a un costado del mini escenario, cada tanto le levanta el pulgar como aprobando su sobria actuación y recibe con una tierna sonrisa las canciones románticas que él le dedica.

Buena presencia y voz. Y mucha entrega y vocación. Se llama Rodrigo Hernán pero su nombre artístico es Xavier (“me lo puso el amigo Juan Ríos”). Próximo a cumplir 50 años, no escatima esfuerzos: en la semana maneja un taxi y brinda clases de artes marciales en Allen y los fines de semana se las rebusca con lo que más le gusta en todo el Alto Valle. Y hasta salió a vender tortas fritas cuando perdió el empleó en pandemia.

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Cuenta que de pibe, allá en su Chile natal, antes de meterse a la ducha se miraba al espejo y cantaba imitando a sus ídolos Sandro y Cacho Castaña. Con el tiempo sumó al Potro Rodrigo al podio de esos colegas famosos por los que siente admiración.

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“La música es mi pasión, canto en confiterías, en pubs, en eventos privados. El estilo mío es el romántico y el cuarteto, alterno entre la cumbia cordobesa y lo melódico que es lo más me apasiona”, comenta en un respiro que le da su agitada agenda.

Y repasa su linda historia. “Vine de chico a Cipolletti y hace ya un tiempo me radiqué en Allen. A los 16 años comencé como locutor, animador de boliche. Y luego me inicié en la música con el grupo Los Alegres Playeros, de cumbia, de Neuquén capital. Grabé dos discos con ellos y después integré los Best Seller del Valle. Grabé dos discos más y seguidamente quise hacer mi carrera como solista”, explica el esforzado cantante.

Tiene un pequeño estudio casero donde se perfecciona para cada nuevo show. “Hago más que nada covers. Y más allá de que en la semana no paro, trato de cuidar la voz”, asegura tras llegar a destino con otro pasajero.

Trabajo de 7 a 13.30 con el auto, que no es mío. Corto para almorzar y si puedo una siesta y retomo a las 16, un rato más estoy. Lunes y miércoles de 20 a 22 además doy clases del full contact en el club Alto Valle. Es una especie de artes marciales. Y ya los fines de semana me aboco a la música”, repasa cómo son sus extenuantes días.

Las anécdotas en el taxi y las serenatas sorpresas

“Los pasajeros que me reconocen dicen en broma, ‘nos van a ir cantando, vamos a ir contentos’. Me gusta pero también me da un poco de vergüenza”, revela la reacción de aquellos clientes que lo identifican al subirse al auto de la agencia Estilo.

Y recuerda una anécdota en el taxi que fue disparador de otra faceta divertida de su experiencia musical, que logró generar sensaciones favorables y emoción en la gente.

“Una vuelta una señora cuya amiga me conocía me contó que su hija cumplía 15 y le quería regalar una canción. ‘Le dije, yo tengo parlante, podemos hacerle una sorpresa, usted me deja el alargue a mano, pongo la canción sin que se entere y así salió algo muy lindo. Canté Princesas Mágicas de Jesús Adrián Romero. Salieron varios contratos para cantar serenatas a partir de allí”, destaca.

Los sobresaltos, en tiempos de crisis e inseguridad, están a la orden del día. Y los tacheros lo sufren en carne propia. “Una vez en un semáforo de Neuquén un muchachito se pasó de vivo, me quiso abrir la puerta para robarme. Todavía está corriendo, si bien no pasó a mayores…”, recuerda este experto en defensa personal.

La pasó mal en pandemia

Ahora está en un buen momento personal y laboral Xavier, pero admite que se le complicó años atrás. Es que en pandemia “quedé varado 5 meses y medio y perdí mi empleo en una empresa de seguridad”.

Tuvo que reinventarse y hacer de todo al regresar. “Vendí tortas fritas, laburé en la construcción, hasta que salió lo de taxi ”, confiesa sobre ese duro momento. Pero siempre que llovió paró y hasta en los peores momentos pueden surgir oportunidades para quien las busca y persigue.

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Hernán junto a su hijo en una clase de artes marciales.

Hernán junto a su hijo en una clase de artes marciales.

“Gracias a Dios de a poco nos fuimos haciendo conocer con el Facebook, hice los vivos en la época del Covid y así me fueron conociendo un poco más. Igualmente hay que seguir remando, en la actualidad también reparto los sanguches de milanesas que prepara mi pareja. Gracias a Dios bendecidos con el señor que nos da trabajo”, celebra con la fe intacta este papá de 3 varones.

La muerte de su padre adoptivo y una cruda confesión

Otra situación dolorosa fue la repentina muerte de su papá adoptivo Mario. El día de la final del mundo de Qatar 2022 a él, literalmente, se le vino el mundo abajo. “Es que a los 15 minutos del segundo tiempo mi papá falleció de un infarto. Por suerte tengo a mi madre Margarita, la mujer maravilla”.

En otro tramo de la nota se animará a revelar que es “hijo de padres desaparecidos de la dictadura militar chilena”.

Xavier acepta las cosas como son y afina la voz para sus próximas presentaciones. “El 12 de abril estoy en Los años 60 y antes, este sábado en Oro en una fiesta privada en el salón Empleados de Comercio”, avisa. También en Las Calandrias, donde transcurrió la escena del inicio de este texto, lo esperan con los brazos abiertos.

Xavier, el Sandro local y una historia de vida que valía la pena ser contada. Un personaje lugareño capaz de generar "un mundo de sensaciones" a pura pasión. La lucha continúa pero estaba “cantado” que iba y debía irle bien…

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