Primero hay que saber sufrir: drama y lucha de dos héroes de los Epade

Detrás de las hazañas de Jazmín Eraso con el básquet y de Joaquín Troncoso con el judo, hay emotivas historias que valen la pena repasar. Campeones en Bariloche y de la vida.

Por Ricardo Galasso

galassor@lmneuquen.com.ar

No bajar los brazos ni rendirse jamás y, creer que se puede siempre, son casi un lema del deporte y, si se quiere también de la vida para afrontar dolores imprevistos y angustias recurrentes.

Si lo sabrán Jazmín Eraso, bicampeona con el seleccionado de básquet y el judoca Joaquín Troncoso medalla de oro en los 50 kilogramos de los recientes Juegos Epade, cuya 14° edición se realizó en Bariloche.

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La jugadora del El Biguá, que ya sabe lo que es ser campeona con la selección neuquina volvió a dar la vuelta olímpica, pero sus lágrimas esta vez eran de genuina alegría. Sin matices. Es que el año pasado casi en esta misma época su mamá, Amancay, no pudo compartir su felicidad. Muy lejos, en Buenos Aires afrontaba su propio partido, el de la lucha por la vida. Meses antes un biopsia detectó un cánceroma en el útero, que luego derivó en un tratamiento de rayos y quimio que, claro, le impidio vivir aquella fiesta junto a su hija en el Centro Español de Plottier en el que el Verde de Alejandro Sosa le devolvió al básquet femenino la corona tras varias temporadas sin títulos.

Las lagrimas de Jazmín aquellos días matizaban la felicidad por el logro alcanzado después de tanto esfuerzo y la angustia por el ser querido.

Ambas se pedían no rendirse, seguir adelante pese a todo. Por eso Jazmín continuó entrenando, nunca dejó el equipo y Amancay, tampoco perdió la esperanza. Una leyenda en la camiseta que lució Jazmín el día de la consagración en El Templo tenia una mención para ella: “Mami: la única lucha que se pierde es la que se abandona, Te amo".

Hoy es todo felicidad en los Eraso. Amancay recuperada y su hija otra vez campeona.

En medio de la celebración por esta nueva conquista la joven recuerda aquel momento con lágrimas, pero esta vez le brotan con alegría natural.

“Fue muy emocionante para mi este nuevo logro porque para esta misma fecha mi mamá estaba en Buenos Aires haciéndose el tratamiento y cuando viajé a los Epade fue lo primero que me dijo: el año pasado no te pude ver, pero este año sí voy a estar”. Y su mamá fue hasta Bariloche a compartir este título que será inolvidable para ambas.

Joaquin Troncoso (judoca) también está convencido que en el deporte como en la vida el que abandona pierde. El año pasado logró una medalla de bronce sobreponiéndose a los dolores por un accidente que sufrió días antes de los Juegos Epade que organizó en esa oportunidad Neuquén.

Joaquín había había sido atropellado por dos motos y su participación estuvo en duda.

"No quiero faltar a los Epade", fue lo primero que dijo cuando despertó del shock porque "siempre quiero representar a mi provincia que llevo en el corazón", explicó antonces.

Había sufrido un esguince casi fractura (pierna izquierda), siete puntos en la cabeza, un par de raspones en la cara y en el codo. Así y todo lucho (tenía el alta médica para hacerlo) y peleó como un gladiador. No le alcanzó para ganar, pero si para colgarse la medalla de bronce. Un año después sin secuelas y con sed de revancha volvió al podio, pero esta vez a lo más alto consiguiendo la medalla de oro en la división hasta 50 kg.

"Fueron luchas complicadas, pero tenía que darlo todo. Fue una año difícil para mi por el accidente y situaciones personales. Así que siento una gran alegría por representar a mi provincia que es algo hermoso. Siento un gran orgullo también por el cambio que hice y que no lo hubiese conseguido sin mi familia y campañeros", dijo el campeón que hasta se animó a dar un consejo que es casi una guía para la vida: "Hay que darlo todo, nunca darse por vencido. Seguir adelante siempre”.

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