“No somos una toma, somos un asentamiento”
En menos de 48 horas, un grupo de personas con sus grupos familiares se adueñaron de un terreno baldío que se encuentra al final de la calle Lisandro de la Torre. Su arribo al predio estuvo marcado por hechos singulares como la presencia de una topadora, poco después de que se hubiesen instalado. Según sus testimonios, la misma habría sido enviada por los propietarios para desalojarlos. Si bien esta versión fue desmentida por los dueños, las particularidades del caso siguieron ocurriendo.
Dado que cerca del mediodía del sábado, los ocupantes recibieron la visita del juez de turno, Gustavo Herrera y el fiscal. Ambos llegaron al predio en un patrullero, para interiorizarse del tema. Momento en el cual surgieron sorpresas para todos.
Más tarde, según denunciaron los responsables del asentamiento, recibieron la amenaza de ser desalojados, hoy, con topadoras. Sin embargo, más allá del temor de que la intimación se concrete, las personas que ocupan el predio no piensan retirarse y van a resistir hasta levantar el techo propio.
Todos con empleo
Quienes se asentaron en el predio de Lisandro de la Torre resaltan su condición de trabajadores. “No somos una toma, somos un asentamiento”, señaló una de las ocupantes. “Estamos todos con trabajo, y no queremos que nos regalen nada. Queremos comprar la tierra y levantar nuestras casa”.
Los responsables del asentamiento afirman que están en ese lugar porque se les han vencido los contratos de alquiler y no pueden renovarlos. Ellos esperan poder construir la casa de material. Mientras tanto, eligen dejar a sus hijos en la casa de algún familiar o conocido, para poder dedicarse a la limpieza del terreno. “No queremos molestar a nadie, queremos tener nuestra casa bien, no como un rancho con palitos”, explicó una joven que se encuentra embarazada.
“Queremos comprar el terreno, estamos acá con vista a un futuro, y queremos pagarlo”, sentenció otra mujer, quien no dio su identidad, como los otros.
El encuentro con la ley
La visita del juez Herrera y el fiscal de turno habría sido siguiendo el protocolo, si no se hubiesen encontrado con otra situación legal pendiente. El magistrado y su acompañante llegaron, según describieron los ocupantes, con una vestimenta poco formal, cerca del mediodía.
“Vino a ver quiénes éramos y nos pidió que nos identifiquemos”, señaló una de las mujeres del asentamiento. “Cuando nos dijo su nombre me sorprendí, porque él lleva una causa mía”, agregó. Según testimonió la ocupante, el juez estaría a cargo de una causa por violación y robo de la cual ella fue víctima el 12 de enero pasado.
Al parecer, cuando le fue requerida información sobre la mencionada causa al magistrado, éste no habría brindado ninguna respuesta. A raíz de este hecho, los responsables de la ocupación manifestaron su preocupación por la celeridad diferente con la cual se puede mover la Justicia, según el caso.
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