No hay crisis que los aleje de la tradición familiar

Cuatro cipoleños siguen el legado que iniciaron sus bisabuelos en las chacras.

Guadalupe Maqueda

maquedag@lmneuquen.com.ar

Les sobran los dedos de una mano para contar a los jóvenes que le ponen fichas a la producción en el Alto Valle, mientras observan cómo la ausencia de políticas amigables con el sector y de un tipo de cambio que les favorezca hacen estragos en las chacras vecinas, donde miles de plantas ya tienen su sentencia de muerte.

El ocaso de la fruta es una mochila que también pesa sobre sus espaldas. Saben que caminan por una cornisa que se estrecha año tras año. Pero ellos no le quieren soltar la mano a la planta. Emmanuel Artero (27 años), Ezequiel Sagredo (36), Sebastián Artero (35) y Mauricio Luengo (21) son bichos en extinción: la cuarta generación de productores que no abandonan la actividad y, contra todos los pronósticos, se esperanzan.

“Hoy estoy cosechando las plantas de manzana y pera que planté con mi abuelo”, comentó Emmanuel, aunque el origen de todo fue su bisabuelo Martín, quien vino de España y compró una parcela con su abuelo Paco en Fernández Oro.

Lo primero que plantaron fueron cebollas. Más tarde probaron con la manzana y la pera y, en la actualidad, incorporaron durazno, pelón, alfalfa y hasta animales. Emmanuel, el único de sus hermanos que siguió en la actividad, le encontró otra veta a la chacra de 70 hectáreas para hacer un engorde de hacienda.

“Buscamos diversificarnos para no dejar de producir manzanas y peras. Lo lamentable es que con lo que ganamos con una variedad, por ahí lo perdemos con grandes volúmenes que no podemos colocar en el mercado. Mientras yo me fundo por vender la fruta barata, el consumidor no la compra por cara. En esa estamos. Los costos que tenemos son muy altos y el ajuste se hace en el eslabón más débil, que es el productor”, reflexionó.

Cerca de su chacra trabaja un conocido suyo, Ezequiel Sagredo, con quien comparte la satisfacción de mantener el legado familiar.

Con 36 años y 80 hectáreas para producir en la Isla 10, Ezequiel acompaña a su papá. Su bisabuelo también fue la punta de lanza cuando llegó en 1914.

Este chacarero de cuarta generación dice que le apasiona lo que hace, pero al mismo tiempo le da miedo apostar su vida frente a una realidad muy adversa para el productor. Piensa también en su mujer y en sus tres hijos, uno de los cuales ya le manifiesta que quiere trabajar en la chacra cuando sea grande.

“Apuesto a mantenerme y seguir para adelante”, enfatizó Ezequiel. Y Emmanuel acotó: “No voy a bajar los brazos. Tengo muchas ganas de seguir y apuesto a que puede cambiar el panorama con políticas que ayuden al sector”.

Los dos nacieron en Cipolletti, pero tienen la chacra en Oro. A ellos se suma Sebastián, de 35 años, un primo de Emmanuel que hace lo suyo en una propiedad dedicada a las peras y manzanas.

Junto a su padre, trabaja desde que era un chico en la zona de Cuatro Esquinas y otra parcela ubicada en inmediaciones de la Isla Jordán. “Siempre me gustó, veía a mi viejo laburar y quería hacer lo mismo. Es un trabajo que hago con amor y placer, pero bajonea bastante la situación. Te da pena por todo lo que sucede alrededor. Nosotros, dentro de todo, andamos gracias a mi viejo. Pero si esto funcionara como tendría que funcionar, yo ya tendría mi casa”, contó Sebastián, quien es papá de dos chicos y uno más que viene en camino.

Actualmente tiene 40 hectáreas en producción y, como el resto, dice que le va a seguir poniendo “el pecho a las balas”. Es que no es tan fácil darle la espalda. Hay una historia detrás de las plantas que cosecha. Recuerdos imborrables como el de su abuelo Sebastián a bordo de un Chevrolet Radio Sport cuando lo pasaba a buscar para ir a la chacra. “Es muy difícil abandonar algo en lo que uno no solo tiene dinero invertido, sino afectos”, dijo, por su parte, Emmanuel.

“Es muy difícil abandonar algo en lo que uno no sólo tiene dinero invertido sino afectos”.Emmanuel Artero. (27 años).Tiene su chacra en Fernández Oro.

“Me duele y me da pena lo que está pasando con el productor. Pero yo apuesto a mantenerme y seguir adelante”.Ezequiel Sagredo.(36 años).Produce frutas en Oro.

“Hay que seguir poniendo el pecho a las balas para ver si en algún momento la actividad levanta”.Sebastián Artero.(35 años). Trabaja en chacras de Cuatro Esquinas y la Isla.

“Es un trabajo y es parte de mi vida. No me imagino haciendo otra cosa. Apuesto a que mejore”. Mauricio Luengo.(21 años).Dejó Agronomía para trabajar en la chacra.

El más joven

Muy cerca de la chacra que trabaja Sebastián, está la de Luengo, de apenas 21 años. Su bisabuelo Pablo, que vino de España, fue la piedra fundacional. Tuvo una propiedad en La Falda, que ahora es loteo, y luego, junto a su abuelo, compraron 11 hectáreas.

Cuando terminó la secundaria en el CEM 35, quiso estudiar Agronomía, pero al final le tiró más la chacra y dar una mano a su familia. “No sólo es un trabajo, es parte de mi vida y no me imagino haciendo otra cosa. Yo no quiero aflojar y apuesto a que mejore la situación, pero cada vez se complica más y somos menos los que seguimos adelante”, expresó el joven chacarero.

Panorama complicado y gestiones ante Nación

Los productores regionales anticipan otra mala temporada y comienzan a buscar alternativas para paliar otro año crítico. El titular de la Federación de Productores, Sebastián Hernández, llevó a Buenos Aires el reclamo de la región para que se compense la pérdida económica entre el costo de producción y los pagos que reciben de las empresas exportadoras. Hasta ahora no hubo una respuesta.

Elvio Ferraza, ex titular de la Cámara de Villa Regina, reclamó que algún funcionario de Nación “baje a la región para ver lo que está pasando, porque no saben lo que pasa con los productores. Y yo no quiero subsidios, sino que nos devuelvan rentabilidad, que nos bajen los costos. Necesitamos soluciones hoy”.

El pedido de la Federación es que se compense una pérdida de 1,5 pesos por kilo de fruta, para que no haya pérdidas que expulsen a más productores de la actividad económica. La senadora rionegrina Magdalena Odarda, se sumó al planteo y reclamó al gobierno nacional que atienda el pedido de la Federación porque así se “evitaría un quebranto para el sector que se estima en 60 millones de dólares”.

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