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Molina, la apuesta ofensiva de Cipo que no dio resultado

El ex Pacífico ahora vive en Chubut y por la crisis del coronavirus tuvo que reconvertirse como albañil.

Jesús Molina ingresó a los radares del fútbol regional a máxima velocidad, pero su señal se fue diluyendo de manera paulatina con el paso de los años.

Pacífico de Neuquén fue el que acertó en contratarlo para la temporada 2016 del viejo Federal C y a fuerzas de goles en el Decano, este cuyano formado deportivamente en Trinidad de San Juan, rápidamente llamó la atención de los captadores.

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Al finalizar ese mismo año, el Albinegro le echó el ojo como una puesta para fin de temporada, por lo que tuvo que esperar seis meses. En el medio, tuvo ofertas del Argentino B y hasta de la B Nacional para continuar su tratectoria.

Sin embargo, el interés de Cipo fue tan grande que lo sedujo con un contrato a tres años. Con 22 años en ese momento y el buen presente, el cuerpo técnico que entonces encabezaba Henry Homann lo veía como una apuesta más que interesante para el corto plazo y lo sumó.

Llegó al plantel de Cipo pos derrota en semifinales ante Gimnasia en Mendoza por el Federal A, pero por decisión del Ruso o rendimientos en la semana, sus chances no abundaron y las que tuvo le tocó en lugares no tan favorables, como segunda punta, donde había rendido muy bien en la otra categoría.

Completó los primeros doce meses viéndolo más de afuera que de adentro, sumó minutos en la Liga Confluencia, pero terminó emigrando a préstamo nuevamente al Decano, pero ya sin el mismo rendimiento que antes.

En pareja y con una hija partió a Comodoro Rivadavia, donde estuvo jugando en Huracán de esa ciudad hasta que se desató la pandemia. “Cobré hasta mediados de marzo y me quedé sin nada. Lo del club se cortó”, soltó con crudeza el delantero.

Volver a empezar

Para sobrevivir, confiesa que reventó casi todas sus pertenencias que “habían quedado en Neuquén”. “Fue triste, pero es la vida”, expresó. Así partió hacia la ciudad chubutense, a la casa de la familia de su señora Micaela, donde permanecen en esta cuarentena extendida.

“En los momentos malos es donde se ve la gente que vale la pena. Carlos Bueno, un amigo que hace cielorrasos y paredes de yeso en esta ciudad me llamó para que me pueda hacer unos mangos por semana. Yo no sabía hacer nada, nunca trabajé en mi vida”, contó a modo de agradecimiento, consciente que su labor sería prescindible si no fuera por la generosidad.

“Pacífico fue muy bueno en mi carrera, alcancé un nivel muy alto y me llamaron de todos lados. Fue muy emocionante pasar y jugar en Cipolletti, en esa cancha. Es un club muy grande”, recordó a la distancia el jugador.

-> El Alto Valle siempre le tira

“En la zona la pasé muy bien. Siempre está el deseo de volver. Tuve la propuesta de La Amistad e Independiente, pero no se terminó dando”, describió Jesús Molina.

“Creí que iba a volver a Cipolletti. Me quedó esa espina de poder hacerlo y tener mayores oportunidades”, reconoció.

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