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Los Venezia: la mafia de los desarmaderos 

De Warnes a Neuquén. Robaban autos en Buenos Aires, los desguazaban y trasladaban a Neuquén donde los comercializaban los repuestos a precios imbatibles. Un ministro y un policía neuquino quedaron vinculados en la causa. Una historia llena de intrigas y corrupción.

Había una vez una mafia que se encargaba de robar autos en Buenos Aires, desguazarlos y traer los repuestos para introducirlos en el mercado neuquino a precios imbatibles. La denuncia inicial arrancó por las quejas de los autopartistas locales que no tenían forma de competir. La Policía en conjunto con la Justicia comenzaron a investigar y las ramificaciones de la banda de los Venezia los condujo a un ministro de Felipe Sapag, a un policía neuquino, a Carlos Telleldín, involucrado en el atentado a la AMIA, y a los oscuros manejos de la Policía Federal y bonaerense en los años 90.

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Los Venezia

Los Venezia fueron parte de una familia italiana que llegó al país tras la segunda guerra mundial y supieron tener en la década del 70 y 80 un hotel de medio pelo en Mar del Plata que administraba el padre.

El negocio no era prospero y el más hábil de los hijos, Daniel Alberto, supo relacionarse en Buenos Aires con gente vinculada a los desarmaderos que fueron durante mucho tiempo manejados y controlados por la Policía Federal y la bonaerense.

Sus hermanos, Oscar y Alfredo, lo siguieron a Daniel porque era un tipo pragmático y pesado. “Los manejaba con manos de fierro a los hermanos, a la esposa y a los empleados. Todo eso se pudo advertir durante las escuchas”, confió a LMN un pesquisa de la causa.

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Con el arribo del menemismo al poder, Daniel lograría contactarse con Carlos Telleldín, un abogado corrupto abocado al negocio de la reducción de autopartes que fue la puerta de entrada al negocio para los Venezia.

Telleldín luego sería sindicado en el atentado a la AMIA, el 18 julio de 1994, como la “conexión local” que facilitó la combi que se convirtió en el coche bomba que terminó volando el edificio donde murieron 85 personas.

Volviendo a los Venezia, instalaron un local en la famosa Avenida Warnes, en Villa Crespo, a unas pocas cuadras del cementerio de la Chacarita. En Warnes todos encuentran lo que buscan del auto y modelo que sea, eso sí, no pregunten el origen.

En Villa Devoto, los Venezia tenían un depósito-taller donde se desguazaban los autos para luego reducirlos luego en su local comercial.

“Los ladrones de vehículos, que ya sabían con quién tenían que manejarse, le llevaban los autos calientes (recién robados) y ahí en media hora lo tenían totalmente desguazada. Esos autos calientes los pagan a unos 20 o 40 mil pesos de hoy”, reveló la fuente.

Ese valor por auto caliente dependía de varios factos como la marca y modelo y también la urgencia del delincuente, ese le permitía regatearle lo más posible.

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Carlos Telleldín

Carlos Telleldín

El negocio estaba aceitado y eso les permitió montar un segundo local en Avenida Warnes, “dedicado solo a autos importados. Sabían muy bien dónde y con quién se movían”, confió el informante.

Pero el crecimiento sideral de los Venezia le terminaría trayendo algunos problemitas. Se quisieron caminar a la bonaerense y estos les demostraron porque habían sido bautizados como “la maldita policía”.

Le metieron una serie de allanamientos donde hubo autopartes robadas que no pudieron justificar por lo que se les armó una causa por encubrimiento reiterado. Como la pena era excarcelable, se decidió darles una probation y las tareas comunitarias que les asignaron consistían en arreglar los patrulleros de la Comisaría 31 de la Policía Federal. Ahora, los “federicos”, así se les denomina en la jerga a los federales, fueron sus nuevos protectores.

Para evitar mayores problemas en Buenos Aires y seguir adelante con el negocio, los Venezia comenzaron a analizar ampliar sus horizontes. En eso estaban cuando el jefe de la Comisaría 31 fue trasladado a cargo de la Delegación Neuquén de la Policía Federal.

La novedad del cambio de destino les vino como anillo al dedo.

¿Qué destino eligieron los Venezia para abrir su una nueva sucursal? ¡Bingo! Neuquén, la Capital de la Patagonia donde estaba el federico amigo.

Llegaron entre fines del 95, pero se terminaron de instalar a mediados del 96. Con los contactos que contaban, consiguieron en tiempo record que les habilitaran un local sobre calle Linares 1020, “Repuestos del Sur”.

“Fue puesto a nombre de un testaferro, un tal Torres que nunca se pudo detener”, reveló un investigador.

El local se los alquilaron a un policía neuquino que trabajaba en el taller de la jefatura, el cabo primero Marcos Santoianni que al amparo de los Venezia se convirtió en prospero empresario. Seguro escucharon hablar alguna vez de grúas Santoianni.

Los precios mas bajos

Repuestos del Sur estaba en mano de los Venezia. Oscar y su hijo, Ariel, atendían el local. Alfredo se encargaba de la coordinación y traslado de los repuestos en un camión tipo furgón, todo cerrado, mientras que Daniel manejaba todo desde Buenos Aires. Incluso resolvía los pedidos puntuales que recibía desde Neuquén.

Santoianni, colaboraba, según la investigación, teniéndolos al tanto sobre los movimientos que realizaba la Policía.

En poco tiempo, Repuesto del Sur se ganó una gran clientela. Desde el modesto usuario de un vehículo, hasta chapistas y mecánicos.

Sus precios en la región eran los más bajos y esto comenzó a generar indignación de parte de otros empresarios del sector que ya ni siquiera se sentían competidores.

La preocupación de los autopartistas fue trasladada hasta el área de Delitos de la Policía.

Un importante empresario neuquino, que actualmente sigue en el rubro, se juntó con un jefe de Investigaciones y le contó lo que ocurría y sus sospechas.

“No puede ser que consigan repuestos tan nuevos que no tienen ni una marca y tan baratos. Lo que pidas te lo consiguen en unos días”, le dijo indignado el empresario al oficial.

El dato se lo trasladaron a una brigada de cuatro policías que comenzó a realizar tareas de inteligencia sobre local.

“Mandamos a uno de los muchachos de civil para que pidiera unos precios y una autoparte que no fuera sencilla de conseguir. Le dijeron que si la dejaba señada, en una semana se la traían”, confió uno de los uniformados que participó en el caso y que recordó que la diferencia de precios con otros comercios del rubro ronda un piso del 40 por ciento. Como dijimos: imbatibles.

“Sí, es cierto, tenían contacto a toda escala los Venezia. Te conseguían lo que fuera a pedido. Ellos tenían todo organizado de tal manera que si vos pedías la puerta del acompañante de ‘X’ auto, hasta qué color necesitabas te preguntaban y en una semana la tenías y a un precios muy por debajo al resto de la plaza”, reveló una fuente judicial en diálogo con LMN.

Ese dato, ya los puso al tanto a los pesquisas de que Repuestos del Sur se manejaba de manera irregular, pero los policías querían reconstruir el modus operandi de la banda y para ello tuvo que intervenir la Justicia y el Servicio de Inteligencia Fiscal (SIF).

Del furgón a las escuchas

Durante días se hizo un arduo trabajo de inteligencia y vigilancia sobre el negocio. Se hicieron fotos para identificar a las personas que trabajaban y se logró ubicar “un camión Mercedes 1112, tipo furgón que traslada alimentos, que venía al comercio con cierta frecuencia”, reveló otro de investigador.

Fue ahí donde se solicitó a la Justicia la intervención telefónica del comercio.

Por ese entonces la telefonía celular estaba surgiendo tímidamente por lo que las escuchas, por lo general, se realizaban sobre teléfonos fijos y el Servicio de Inteligencia del Estado (SIDE) tenía mucha injerencia.

En Neuquén, las escuchas a los teléfonos locales se hacían en el cuarto piso del edificio de calle Alberdi, que había sido de Entel y que a principios de los 90 pasó, en la zona sur, a manos de Telefónica.

En la medida que fueron avanzando con las intervenciones se fueron reconstruyendo las ramificaciones de la organización por lo que debieron enviar una comisión policial para investigar en a Buenos Aires donde todos los días retiraban los casetes con las escuchas en la sede la SIDE que estaba en calle Coronel Díaz en Capital Federal.

En esas ramificaciones les surge en número de Carlos Telleldín, la conexión local del atentado a la AMIA. “Viajamos con el fiscal Mendaña ese año a la presentación de una base de datos que se había implementado para investigar la causa AMIA. Cuando nos mostraban el sistema, Mendaña le pidió uno de los investigadores si podían verificar un teléfono. De inmediato cargaron el número de Daniel Venezia y saltaron decenas de cruces de llamados con Telleldín”, recordó el pesquisa.

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Así funcionaba la organización

La realidad con la que se terminaron encontrando los investigadores en Buenos Aires fue todo un entramado de intrigas donde debieron manejarse con total discresión porque observaron que semejante mafia contaba con cobertura policial.

En limpio se pudo establecer y luego se plasmó en la causa, que Daniel era el cabecilla de la organización y tenía contactos con los delincuentes, con desarmaderos de provincia de Buenos Aires, además de nexos fluidos con policías federales y bonaerenses a los cuales arreglaba para poder operar.

También tenía un par de contactos claves que le permitían conseguir los formularios 04 de baja de vehículos con los que luego trasladaba las autopartes a Neuquén.

“Si lo paraban en un control de ruta a Alfredo Venezia, que se encargaba de manejar el furgón, llenaba de formularios a los policías que miraban por encima todas las autopartes y no chequeaban si era de un Uno o un Duna. Así realizaban el traslado”, reveló el retirado policía.

Después, en Buenos Aires tenía toda una red de ladrones de vehículos con la que se manejaba Daniel y lo que pedía se lo conseguían. El auto robado lo llevaban directo al depósito de Villa Devoto donde era desguazado por empleados fieles y prolijos que sabían desmontar todo para aprovechar cada una de las partes.

Cuando tenían entre tres y cuatro autos desarmados, venía Alfredo con el furgón y partía para Neuquén con la carga.

Ningún detalle era dejado al azar. Cuando el furgón iba llegando a Neuquén, se pudo determinar con las escuchas, un apoyo local “le avisaba por celular a Alfredo ‘pasá ahora que no está el palito (por el policía de la caminera)’ o le decía ‘metele pata que está lloviendo’ y ahí aprovechaban que los policías se acobachaban y no se controlaba”, reveló la fuente.

El golpe

“Con toda la información que teníamos se decidió hacerles un toque”, recordó un viejo policía que trabajó en la causa que manejó el juez Cartolano junto con el fiscal Pedro Telleriarte y a la que se sumó en el juicio Ricardo Mendaña.

Hubo primero un allanamiento en Neuquén en julio de 1997 donde descubrieron que la mayor parte de las autopartes no tenía la documentación respectiva, “incluso, era tal la impunidad con la que se manejaban, que ya vendían las ventanillas de los autos con el grabado de la patente del vehículo reducido”, detalló el informante.

Ese allanamiento tuvo muchísima repercusión en la provincia. “Recuerdo que se le solicitó al Tribunal Superior de Justicia (TSJ), alquilar un predio para dejar todas las autopartes secuestradas e inventariarlas. Fue un trabajo impresionante porque en ese tiempo no estaba tan desarrollado como ahora la cadena de custodia”, describió un ex funcionario judicial.

“En total, calculamos que con todas las autopartes secuestradas se podían armar unos 40 vehículos, en su mayoría, todos medianamente nuevos. Era una fortuna lo que movían en la región. Estamos hablando de unos 3 millones de dólares en esa época”, describió uno de los brigadistas de la policía.

Mientras allanaban Repuestos del Sur, Daniel Venezia hablaba por teléfono con su hermano y le pedía que frenara como sea el procedimiento. “Le decía que buscara a qué policía o funcionario había que arreglar porque el tipo se manejaba de esa forma en Buenos Aires. Ahí es que surge que tenían un contacto con el ministro de Gobierno Carlos Silva”, reveló.

Ese dato sumergiría a Silva en un escándalo del que nunca brindó explicaciones hasta su muerte.

“Levanten todo”

Lo cierto es que la policía neuquina habían hecho todo un trabajo de inteligencia muy detallado en Buenos Aires, pero como los Venezia contaban con protección, un par de veces los brigadistas comisionados tuvieron que cambiar de hotel y hasta fueron detenidos por policías bonaerenses e identificados.

“Tuvimos que dar a conocer que éramos policías, pero que estábamos averiguando otra cosa. Incluso en provincia de Buenos Aires nos pararon y le explicamos que buscábamos un desarmadero, que surgía de las escuchas y que le proveía repuestos a los Venezia. El policía nos dio la tarjeta del desarmadero. ¿Sabes qué desarmadero era?, de donde sacaron la combi que se utilizó como coche bomba para volar la AMIA”, reveló el policía que por ese entonces sabían que esa investigación podría llegar a costarles la vida.

Cuando tuvieron las ordenes de allanamiento y los exhortos del caso para allanar en Buenos Aires, debieron acelerar todo porque surgió de una escucha que “le avisaban a Daniel Venezia que levantara todo y se rajara porque le iba a caer la policía”.

Ni siquiera lo encontraron al capo mafia en su pequeña mansión de tres pisos que tenía en Cabildo, pero en uno de los locales de Warnes dejaron la máquina de fax con contestador y un grabación donde el ministro neuquino de Gobierno Silva hablaba con ellos. Se cree que esa fue la vendetta de los Venezia por no cumplir Silva con su palabra de brindarles protección.

Todo el resto de la organización cayó, menos Daniel que estuvo prófugo varios meses hasta que se cansó de la vida de fugitivo decidió entregarse.

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El ministro que cayó en desgracia

Carlos Silva era un emepenista del riñón de don Felipe Sapag, de hecho el viejo líder lo había puesto en un puesto clave cuando retomó la conducción de la provincia en 1995: ministro de Gobierno, Educación y Justicia.

Con los elementos que reunieron los pesquisas, el juez Cartolano en un acto poco común de la justicia neuquina, solicitó el desafuero de Silva para que fuera investigado en el marco de la mafia de las autopartes.

Cartolano en pos de hacer cumplir la ley se estaba cargando, a sabiendas, toda la estructura política de la provincia en su contra, pero no le importó y avanzó.

La base de su pedido, era la grabación que dejó Venezia en su local de Warnes donde se los escuchaba dialogando personalmente en una reunión que mantuvieron en Neuquén en la casa de Gobierno.

“Venezia le comentaba de su negocio y la apuesta que estaba haciendo en Neuquén donde se deslizaba que se le facilitaran algunos trámites y cierta protección. A lo que Silva le decía ‘como no’ y otras cosas más donde se advertía que el ministro estaba apoyando a estos mafiosos”, reveló otra de las fuentes.

Un viejo judicial recordó que fue todo un escándalo cuando el pedido de Cartolano llegó a la legislatura provincial y que hubo un trasfondo político muy denso.

De forma, Silva salió a decir que se iba a poner a disposición de la justicia, pero un tiempo después terminó presentando un certificado médico y nunca pudo ser investigado. A Silva se le atribuye la frase “levanten todo que van para allá”.

Carlos Silva, tiempo después de este episodio, integró una terna impulsa por el viejo fundador del MPN para ser vocal del Tribunal Superior de Justicia, algo que rozaba lo ridículo porque la justicia había pedido investigarlo y el gobernador lo postulaba para que manejara el Poder Judicial.

“Sí, recuerdo ese episodio. Silva era lo que se denominaba ‘ternero’. El gobernador armaba una terna con sus candidatos, uno era el elegido y lo rodeaban de otros dos que sabía que no iban a pasar en la legislatura. Hubo terneros vergonzosos por esos años”, recordó el ex funcionario judicial.

Finalmente, el 26 de enero de 2007, Carlos Silva murió tras arrastrar durante una década, desde que se le pidió el desafuero, la misma enfermedad. Nunca brindó explicaciones sobre sus vínculos con los Venezia.

Todos condenados

La instrucción de causa de la mafia de los desarmaderos se trabajó en conjunto con la fiscalía, el SIF, Delitos y Sustracción de Automotores.

La ardua tarea de relevar los repuestos, confirmar que eran de autos que habían sido denunciados como robados y establecer los roles de cada uno de los integrantes de la organización criminal requirió de largas jornadas de trabajo.

Para los funciones judiciales la “asociación ilícita”, estaba más que probada y si bien es un delito que en este país siempre cuesta muchísimo comprobarlo, se avanzó y en 1998 todos fueron condenados menos el cabecilla que continuaba prófugo.

Al cabo de la policía neuquina, Santoianni, se lo condenó a tres años de prisión. “El crecimiento patrimonial que tuvo Santoianni fue terrible. De tener un auto pasó en muy poco tiempo a tener dos camiones grúas. Con un sueldo en la fuerza de 800 pesos y una facturación por afuera que rondaba los 23 mil pesos”, detalló uno de los investigadores.

El pesquisa también sinceró: “hubo ordenes claras (de la jefatura) de no avanzar mucho en la investigación hacia adentro de la institución porque no sabían con qué se podían encontrar y temían que altos funcionarios policiales pudieran quedar pegados”, detalló.

También fueron condenados Oscar Venezia a 5 años y medio, Alfredo y Ariel Venezia a 3 años y medio y Ángela Petra Tejera a dos años.

“Los Venezia cumplieron condena en la U12, donde la pasaron muy bien. Supieron, con guita, tener una buena consideración del personal penitenciario”, comentó un sabueso entrado en años.

El jefe de la organización fue a juicio en el 2000. Los jueces entendieron que era el cabecilla de la banda y le dictaron una condena de siete años de prisión.

Apelaciones, casaciones y demás, el caso de Daniel Venezia llegó a la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN) que avaló los pedidos de los abogados defensores Oscar Pandolfi y Marcelo Inaudi, quienes refutaron una y otra vez las escuchas telefónicas que se realizaron y otras garantías.

Para los representantes legales de Venezia se había violado el derecho a la privacidad de las personas y se ahí surgió el tema de los 11 casetes donde estaban compactadas las escuchas claves que lo comprometían al capo mafia.

La CSJN, en octubre de 2004, anuló la sentencia fundado en que no se había cumplido con la garantía del debido proceso y la imparcialidad de los jueces, ya que dos de los tres integrantes del tribunal habían estado en la instrucción de la causa.

Este antecedente fue el que dio origen a la creación en Neuquén de la Cámara de Apelaciones.

La Corte ordenó un nuevo juicio, pero finalmente no se realizó y en marzo de 2006, Daniel Venezia fue sobreseído tras llegar a un acuerdo el nuevo fiscal de la causa, Roberto Abelleira y el defensor oficial Gustavo Vitale, solicitando al tribunal que aplique el principio de insubsistencia.

Es decir, no estaban dados los tiempos para declarar la prescripción de la causa y los plazos del debido proceso ya eran excesivos más aún teniendo en cuenta la pena dictada. En definitiva Daniel Venezia salió a la mitad de la condena.

Hubo dos integrantes de la banda de los Venezia que nunca fueron detenidos,

Domingo Torres, el testaferro, y Daniel Zungri uno de los empleados de confianza en Warnes.

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