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Los originales alfajores cipoleños que nacieron a partir de una historia de amor en Filipinas

Analia Hadad y Agustín Figueroa hablaron de su emprendimiento que surgió en plena pandemia como respuesta a una acuciante situación que vivieron en Manila, mientras apostaban a un futuro juntos.

Así como los alfajores de La Lupe Delicatessen ofrecen una explosión de sabores -con versiones que combinan dulces con un toque picante-, la historia que les dio origen tiene también condimentos "dinamita": amor, aventura, una pizca de drama y viajes en los que se deja todo por un sueño.

Mientras se preparan sus "boxes del bien" para entregar a los clientes que adelantaron sus pedidos del fin de semana -con variedades que incluyen los exquisitos y clásicos dorados con dulce de leche y perlitas fuera de lo común que combinan cítricos con ganache de chocolate y jalapeño, o sablé con ganache de pistacho o frambuesa -, Analía Hadad y Agustín Figueroa se disponen repasar los capítulos que empezaron a escribir juntos en 2018, haciendo gala de una complicidad y humor admirable.

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En verdad, la rueda comenzó a girar mucho antes -casi como si estuvieran destinados- cuando ambos vivían en Bariloche. Ella, médica cirujana, estaba haciendo una especialización en la ciudad cordillerana cuando se encontró por primera vez con el chef neuquino, luego de que un amigo del Alto Valle los pusiera en contacto por si alguno de los dos precisaba algo.

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"Nos vimos en un supermercado y después nunca más", señaló Agustín, a lo que su compañera acotó: "Hasta 2018. Ese año él comentó una foto mía en Facebook, en la que aparecía mi hijo, y me contó que en 15 días se iba a vivir a Filipinas para gerenciar una franquicia de una conocida parrilla argentina: La Cabrera. Yo me preguntaba '¿cómo me voy a poner a charlar con un chico que se va a vivir a otro país que queda a 18 mil kilómetros?'. Bien cerquita", ironizó dando cuenta del flechazo que pudo más que las circunstancias.

Los meses de chats y videollamadas que vinieron después se convirtieron en un ticket de avión para unas vacaciones "exóticas" en Asia. "Yo viajo en 2019 y ahí me propone irme a vivir con él", resumió Analía, antes de que Agustín la interrumpiera para acotar entre risas: "La llevé a un hotel cinco estrellas y ella pensó que era millonario".

"Los filipinos le dan mucha importancia a la comida y yo era un chef extranjero, así que era una especie de Mick Jagger de la cocina. Hasta chofer me habían ofrecido en el trabajo", agregó, dejando atrás el chiste y recordando las atractivas condiciones laborales de las que gozaba en esa etapa de su estadía en la capital filipina.

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"Así que en medio de esas vacaciones paradisíacas, tipo luna de miel, me propuso irme a vivir con él. Y yo le dije que sí", sentenció ella, retomando el hilo de la conversación.

Consultada sobre los factores que entraron en juego a la hora de tomar la decisión, la médica esgrimió: "La verdad que se me cruzaron varias cosas que me estaban sucediendo en ese momento. Por un lado, lo difícil que era para mi, como mujer, trabajar en un ambiente tan machista como es el de la cirugía. Así que estaba un poco cansada y necesitaba hacer un cambio radical. Además, siempre pensé que me gustaría vivir en un lugar que tuviera playa y, bueno, conocí a una persona que me motivó".

Decidida a entregarse a la aventura, la doctora -oriunda de Maquinchao- regresó a Cipolletti donde estaba viviendo hace años. Vendió sus pertenencias, renunció a su trabajo y preparó su partida. "Mi hijo en ese entonces ya era grande, tenía 25 años. De modo que me embarqué con mi valija, el título - por las dudas que hiciera falta- y una receta de macarons de un cursito que había hecho a las apuradas antes de irme", recordó.

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"Llegué en diciembre del 2019 Él me recibió en medio de su vorágine laboral. Una maravilla todo, la verdad. Yo tenía ganas de comprar un hornito para cocinar algunas cosas, hacer dulce de leche casero. En ese momento mi abuela vivía, tenía 93 años, así que la llamaba por teléfono para que me enseñara la receta y empecé a incursionar en la pastelería de manera muy informal, hasta que en marzo del 2020 empezó la pandemia", sentenció antes de describir cómo el COVID afectó su adaptación y el tren de vida que venían teniendo en el país asiático.

"Se cerraron los aeropuertos y quedamos encerrados en un departamento de 35 metros cuadrados. Pasaron los meses y los filipinos decidieron dejar de pagarle el sueldo a Agustín, sin siquiera avisarle. Cuando nos dimos cuenta nos agarró una desesperación porque nos habíamos quedado sin plata. Así que empezamos a hacer alfajorcitos con el dulce de leche casero. Fue todo un desafío porque la alimentación allá es muy diferente a la nuestra. Todo es a base de arroz, así que era muy difícil conseguir harina cuatro ceros o lácteos para hacer el dulce de leche. Sin embargo, nos ingeniamos para poder hacerlo. Además creamos una página de Instagram para ofrecerlos. En el medio nos hicimos muy amigos de una neuquina que estaba trabajando allá en un call center y ella empezó a divulgar nuestros alfajorcitos en la comunidad latina. Explotó. Empezamos a vender tanto que hasta hicimos contacto con las señoras de los embajadores. Luego, como nos pedían también cosas saladas, comenzamos a elaborar milanesas envasadas al vacío y empanadas. Cuando nos quisimos acordar estábamos vendiendo comida argentina escapándonos del edificio porque nos restringían mucho", postuló ella.

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"Allá era todo muy estricto. Sólo dejaban salir a un integrante de la familia. Pero como había dos entradas, uno se iba por un lado y el otro por el otro para comprar los insumos y hacer el delivery", acotó el chef.

"Tuve que comprarme una mochila con heladerita porque era muy difícil conservar la temperatura de los productos. Hacía los repartos en bicicleta porque no te dejaban circular en auto", apuntó, para luego rematar: "Y así que así nació La Lupe. De esa forma empezó a ser nuestro ingreso y forma de vida", añadió para luego comentar que el nombre del empredimiento fue elegido en honor a una gatita que tenía Ana cuando convivía con su hijo en Cipolletti.

Pasado un tiempo, las rígidas restricciones sanitarias en Filipinas y el choque cultural por la "actitud sumisa" de los habitantes de ese país, agotaron a la pareja valletana. "Decidimos volver porque extrañábamos la idiosincracia argentina y porque la cuestión económica se había puesto muy fea. Como yo soy cirujana y sabía que acá faltaba médicos, trabajo iba a tener", indicó Analía.

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"Llegamos a la Argentina el día antes de que muriera Maradona. Junto con nuestras cosas, nos trajimos a Gaturro, nuestro gato filipino que rescatamos allá. Para viajar con él hicimos todas las aventuras que te puedas imaginar", agregó la médica repostera, quien -ya instalada en Cipolletti- se puso al hombro jornadas de 12 horas de trabajo "para poder juntar un poco de plata".

"Después de unos meses le dije a Agustín que quería volver a La Lupe. Yo quería volver a cocinar porque me siento cómoda creando. Me hace bien agarrar la manga para rellenar alfajores. Así que lo retomamos", señaló.

La reinaguración argenta se dio en marzo del 2021. En paralelo - y hasta hace unos meses -Agustín mantenía las auditorías que hacía para La Cabrera en distintos puntos de Latinoamérica, mientras Analía continuaba con su trabajo en el consultorio, que sigue sosteniendo hasta el día de hoy.

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"Yo renuncié a La Cabrera porque decidimos apostar fuerte a La Lupe", postuló el cocinero. "Dividimos los roles. Yo me encargo de la producción y Ana de la compra de insumos, las cajas y todo lo que embellece el producto. Ella tiene las ideas creativas y yo las llevo adelante con mi técnica", detalló.

"Hace unos meses decidimos profesionalizarnos un poco más y empezamos a trabajar con gente que nos ayuda con las redes sociales. Invertimos en infraestructura, todo a pulmón. Así nos fuimos abriendo camino, metiéndole mucho corazón. Sinceramente creemos que esto tiene un futuro enorme", remarcó Agustín con orgullo.

"Nos especializamos en los alfajores porque, viendo la buena pastelería que hace acá - más centrada en las big cakes, cheese cakes y brownies-, decidimos ir por un lugar donde nos sentimos cómodos y donde - por ahora- no tenemos tanta competencia. Desarrollamos ocho variedades que vamos cambiando para no aburrir a la gente", explicó antes de comentar que están en constante crecimiento por la recomendación boca en boca y las puertas que les están abriendo las redes sociales, lo que llevó a planificar y aumentar la producción a unos "150 alfajores por día".

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"Cada venta se transforma en una inversión para el negocio porque la meta está puesta en algo un poco más grande, fuera de casa", adelantó Agustín al hablar del proyecto de abrir una cafetería en la que la gente pueda disfrutar de sus creaciones tanto en el local, como bajo la modalidad de "café al paso".

"Nosotros queremos que La Lupe mantenga su espíritu artesanal. No queremos que se masifique, ni tener franquicias", aseguró Analía, mientras su socio de la vida agregó: "Queremos seguir mejorando y viajando para traer nuevas ideas. Ahora estamos probando varios productos, siempre con un toque distintivo y sin conservantes".

Haciendo un balance de la experiencia en Filipinas, Analía expresó: "Fue todo un desafío cultural y personal. Fue convivir en un departamento de 35 metros cuadrados sin conocernos, con cuestiones tan difíciles como no poder salir o hacer determinadas cosas por la pandemia. Era un no poder todo el tiempo".

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"La pandemia destruyó un montón de familias, muchas parejas se separaron, pero a nosotros nos hizo re fuertes. La peor cara de cada uno, ya la conocemos. Lo que nos está viniendo ahora, es todo regalo. La verdad, si me das a elegir, te digo: 'Dámela a Ana y dámela en pandemia'", sumó por su parte Agustín, con gratitud.

"Yo tengo 47 años y para mi la experiencia en Filipinas fue el top de mi carrera: me pagaban en dólares, me daban departamento, me ponían chofer y me trataban como una estrella de rock. Como todo cocinero, tengo el ego alto y la pandemia me ayudó a dejarlo de lado y empezar de vuelta. Volví de Filipinas medio derrotado, pensando que no me iba a contratar nadie. No solo no fue así, sino que nació La Lupe mucho más fuerte. Para nosotros es una alegría", subrayó.

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