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Los hermanos Iuorno, hacedores de la historia del Valle

Llegaron de Italia y emprendieron en diferentes rubros hasta encontrar en los viñedos su destino.

Las historias de vida que conformaron el entramado social de Río Negro y Neuquén son relatadas por integrantes de la familia protagonistas de la época que brindan sus testimonios para darlos a conocer a los habitantes del Alto Valle. Sabemos que en este proceso de la historia oral la memoria suele recordar acontecimientos que la historia no ha relatado. Tratamos de reconstruir el pasado a través de la escucha y registro de las memorias de los protagonistas o sus descendientes.

Don Pedro Pablo Iuorno fue un inmigrante italiano que arribó a esta tierra a dejar un legado de tesonero trabajo. Había nacido a finales de la década del ochenta del siglo XIX, en San Chirico Raparo, provincia de Potenza, ubicada en la región centro-sur denominada la Basilicata, tierras italianas bañadas por las aguas del mar Adriático. El joven italiano conoció General Roca cuando vino acompañando a su tío para trabajar por unos meses en la construcción de los canales de riego. Las posibilidades de la zona del Alto Valle y la crisis económica que se vivía en Europa hicieron que el albañil italiano eligiera regresar a su tierra natal para casarse.

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Don Pedro Iuorno vino al Alto Valle por primera vez en 1910. Por información que paisanos y parientes en Buenos Aires le brindaron se enteró que en el Territorio Nacional de Río Negro se estaban construyendo las obras de riego para ampliar las tierras cultivables. Al llegar a la región, rápidamente lo designaron al frente de una cuadrilla de trabajadores de los canales y más tarde trabajó en una chacra de Cervantes, donde comenzó con la elaboración del vino. En 1922, luego de doce años de trabajo y lucha regresó con su tío a Italia, donde en 1923 se casó con Filomena María Lo Pinto, también nacida en San Chirico Raparo, Potenza en 1906, hija de un molinero y de una maestra de manualidades.

Entre 1925 y 1931 nacieron sus cuatro hijos: Teresa, la mayor, que no estuvo vinculada a la empresa familiar, casada con Luis Miguel Maiolino, se dedicó a la crianza de sus hijas; Domingo, que nació el 4 de agosto de 1926; Francisco, el 19 de abril de 1929 y Juan Pedro, el 14 de abril de 1931: todos en Roca.

Don Pedro era una persona esencialmente recta y veraz en sus palabras y en sus acciones. Por esos años —década del treinta/cuarenta— produjeron un vino artesanal en unas piletas de una casa propia en la calle Chacabuco, que aún se conserva, y en la que pueden observarse las piletas en el fondo del terreno. Con la construcción de piletas para las bodegas de la zona primero y como capataz de una bodega en Cervantes después, Pedro pudo comprar una vivienda ubicada en la calle Buenos Aires: puso un comercio de almacén que era atendido por su esposa. Ella trabajaba duramente en el negocio mientras criaba a sus cuatro hijos. Era también quien administraba el dinero de la pareja. Pedro comenzó a elaborar vinos en el patio de su casa, donde había construido piletas. El vino se vendía en su almacén y hacían 200 bordalesas por año.

Con la llegada de Italia de dos hermanos de Pedro, Víctor y Antonio, el comercio de ramos generales quedó en manos de Filomena y la construcción, de Pedro. La empresa de construcción Iuorno Hermanos hizo obras de alta calidad, tanto edificios como instalaciones fabriles, por ejemplo el secadero de fruta de Cattini entre 1939 y 1945. En los años cuarenta y cincuenta la producción familiar ingresó en la etapa industrial: alcanzaron prestigio regional. Incluso decidieron expandirse con una fraccionadora en Bahía Blanca a comienzos de la década del sesenta para abastecer la demanda del sur de la provincia de Buenos Aires, administrada por Francisco hasta el cierre en los años setenta. “Con sus hermanos se hicieron socios para trabajos en albañilería y pusieron una empresa constructora", relató Francisco.

Con el trabajo de ambos, Pedro pudo cumplir el sueño de su vida: tener una bodega propia para dejarles de herencia a sus hijos. “Para la construcción de la bodega Iuorno le compró a su amigo Cristian Nielsen cinco hectáreas ubicadas en las inmediaciones de San Juan y Ruta 22. En la fabricación de la bodega, que comenzó a funcionar artesanalmente en 1935, cada familiar que pasaba por allí ayudaba como podía, pero con mucho entusiasmo”, recordó.

La primera agro-industria del Alto Valle como actividad se sostuvo en crecimiento significativo hasta la década del setenta con un número alto de bodegas en la comarca y también el resto de la provincia de Río Negro. Esta actividad económica logró incidir en la formación de los sectores dominantes locales que ocuparon un lugar destacado en la vida económica y política regional (por ejemplo, Christian Nielsen, que fue gobernador provincial UCRP, entre 1963-1966, y Romagnoli, uno de los fundadores del Banco de Río Negro y Neuquén, entre otros).

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En 1951 la bodega consiguió la autorización de las autoridades y finalmente quedó fundada. Ya por la década del cuarenta, la familia había adquirido una propiedad rural con una superficie de 40 hectáreas, y entonces don Pedro empezó a abrir acequias y surcos señalando la ruta del porvenir. Una vez sistematizada la tierra implanta 20 hectáreas de viñedos con variedades blancas y tintas en mezcla. Con la producción de uva en marcha, se inició como bodeguero junto a sus hijos, a los que les había imbuido su mismo espíritu de laboriosidad: Juan Pedro –enólogo recibido en la Escuela Vitivinícola Don Bosco de Rodeo del Medio, provincia de Mendoza, Francisco, Chiche, que se hizo cargo de la parte comercial, y Domingo Mingo, que tuvo en sus manos la administración general de la firma. La familia se mudó a la chacra y el negocio del centro se cerró.

Siete años después, ya con 62 años, Pedro decidió dejar el negocio en manos de sus hijos varones y jubilarse. Ese año Pedro y Filomena viajaron a Italia para reencontrarse con sus familiares. Cuatro meses después de regresar del viaje Pedro falleció: dejó a sus hijos una empresa que ya tenía cinco chacras y muchos empleados.

La bodega se fue ampliando hasta contar con una capacidad total de vasija vinaria de 1.800.000 de litros. Con los años las hectáreas se incrementaron y las parcelas estaban ubicadas entre las localidades de Roca y Mainqué.

Las condiciones climáticas del Alto Valle no eran favorables para el cultivo de variedades de alto rendimiento para la elaboración de vinos comunes, como sí lo es la región de Cuyo. Sin embargo, la bodega Iuorno hnos. llegó a vender 3 millones de litros de vino al año en toda la zona del Alto Valle y en el sur de la provincia de Buenos Aires.

Luego de la etapa de bonanza económica, décadas del sesenta y setenta, el país cambió y las ventas comenzaron a decrecer. La pavimentación de las rutas que unen la zona con San Juan y Mendoza implicó para los bodegueros valletanos entrar en una desigual competencia con los cuyanos, a la que no pudieron resistir. Además, los precios cambiaron mucho desde el ’80 al ’90 y llegó un momento en que la empresa no aguantó y en 1990 quebró y en la vitivinicultura provincial los gobiernos provinciales no apoyaron políticas para este sector de la producción agrícola.

La bodega estaba hipotecada y se remató pero nadie los ayudó para que no se perdiera la empresa, con los puestos de trabajo que eso implicaba. Al quebrar, la sociedad se disolvió y cada uno de los hermanos siguió por su lado. Antes de que la bodega quebrara ya tenían la idea de trabajar en los vinos varietales, los vinos finos, para ofrecer a los turistas que vinieran.

A comienzo de la década del 2000 Francisco Iuorno inició en un proyecto de la elaboración artesanal de vinos orgánicos: llegó a producir 10.000 botellas por año. Los productos, que pueden ser blancos o tintos, son vinos frutados con distintas uvas. La marca se llamó Chiche Lacrado, y tenía una presentación muy especial. Cada una de las variedades era envasada en botellas originales y hasta decorativas que compraba en Cutral Co.

Así, el delicioso vino en las hermosas botellas fue comercializado en zonas turísticas como El Bolsón, Bariloche, Villa La Angostura y en otras ciudades como Neuquén, Plaza Huincul, Cutral Co, El Chocón o Luis Beltrán.

Sin embargo, lamentaba que por la situación económica, los hijos pocas veces puedan seguir con las empresas que comenzaron sus padres. El sueño del abuelo cristalizó y continuó en sus hijos hasta que las condiciones económico-financieras de la región y del país lo hicieron posible.

Esta historia de trabajo, de esfuerzo, de inmigrantes laboriosos, fue relatada por descendientes de aquellos hombres visionarios, la historiadora Graciela Elvira Iuorno y el Ingeniero Agrónomo Juan José Iuorno, como herederos orgullosos de lo sembrado por sus ancestros.

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