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Las cervecerías se adaptan para no cerrar las puertas

La cuarentena los obligó a usar nuevos envases y formas de venta. La producción cae en picada.

Bien sea acudiendo a la venta en latas o en botella, o diversificando sus actividades, los cerveceros artesanales que se han logrado mantener en actividad durante la pandemia enfrentan un horizonte complicado, puesto que su producción ha bajado notablemente y aun así deben cumplir, contra viento y marea, con el pago de sueldos, insumos y los servicios básicos.

Lo peor es que el horizonte se presenta difícil no solo para lo inmediato sino también para el futuro. Es que se han extendido fenómenos como el de la producción y venta irregular de cerveza por personas que antes elaboraban la bebida para autoconsumo y para sus amigos y que ahora acuden a las redes sociales para promocionar lo que fabrican, sin controles bromatológicos y sin pagar impuestos.

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A las redes también apuestan los cerveceros artesanales, para informar promociones o tomar pedidos a los clientes y hacer reparto a domicilio, modalidad que entre otras firmas implementó Kürüf.

Así las cosas, y con una pandemia que todavía no se tiene certezas de cuándo remitirá definitivamente, si lo hace, los cerveceros artesanales procuran capear el temporal con ingenio y con grandes ajustes en su producción y en sus gastos.

La cerveza Nihilista, una de las más conocidas en la región, con premios internacionales incluidos, en la actualidad está dedicada exclusivamente a la producción de cerveza en lata. La práctica la venían desarrollando, como complemento a la distribución directa, hace unos dos años y medio. Pero ahora es su única manera de vender y llegar al público.

Uno de los propietarios, el cipoleño Rodolfo García, manifestó que la elaboración actual y su formato de comercialización alcanzan a solamente un 10 por ciento de lo que llegó a ser en su mejor momento, lo que muestra la magnitud del declive por la cuarentena.

Expresó que, con ese nivel de producción, los ingresos alcanzan solo para pagar los sueldos –y ahora el aguinaldo– del personal, los insumos, impuestos y los gastos por los servicios públicos. Para los dueños prácticamente no queda nada. "En esta época, estamos sobreviviendo", enfatizó, y dijo que no observa signos de que la situación tenga una pronta mejoría.

El cipoleño Víctor Viñuela, titular de la cervecera Rostock de Cinco Saltos, también dio cuenta de los serios inconvenientes que está enfrentando para mantenerse en el rubro. En su caso, se quedó sin el empleado que estaba activo, debido a que el trabajo hoy es mínimo. La fábrica pasó de elaborar 600 litros por semana antes de la pandemia a 300 litros cada 15 días. En la disyuntiva, el empleado optó por dedicarse a la albañilería.

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