El hecho ocurrió alrededor de las 19 del viernes, en un consultorio de rehabilitación ubicado en la calle Buenos Aires al 1500 de Roca. Los empleados del lugar contaron que el joven pidió usar el baño y que, si bien accedieron al pedido, se mantuvieron cerca porque notaron “una actitud sospechosa” en su proceder.

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Minutos más tarde, una de las chicas de la recepción lo descubrió en la cocina con una billetera en la mano que estaba en el interior de la cartera de una de las trabajadoras, por lo que las sospechas se terminaron confirmando: se trataba de un ladrón.

De manera casi inmediata, los empleados lo rodearon y lo retuvieron hasta que llegaron los efectivos policiales. El ladrón cipoleño no tuvo manera de escaparse de allí, por lo que se resignó y esperó a que llegaran los uniformados y lo trasladaran a la sede policial más cercana. Luego, en patrullero, lo llevaron hasta Cipolletti, donde está domiciliado.

Este tipo de proceder puede llamar la atención en más de un desprevenido, pero es algo muy habitual en el ambiente del hampa, sobre todo cuando se trata de pungas o ladrones de vuelo bajo.

No los conoce nadie y ese anonimato les da una impunidad que intentan aprovechar para robar en otras ciudades. Es que en su lugar de residencia, dependiendo el caso, se vuelven caras conocidas para los policías por sus reiteradas entradas a las comisarías.

El lado negativo es el poco dominio del terreno para huir en una situación de apremio. En este caso se trató de un simple ratero que buscaba el descuido de alguna posible víctima para llevarse algo de valor. En esta oportunidad no logró su cometido.

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