La vieja estación de tren, el refugio de los sin techo
La “cucha” le dicen al refugio callejero de dos hermanos mellizos que viven en la intemperie hace más de seis años. Con cartones, nylon, cajones de fruta y alguna cobija, armaron dos camas para pasar la noche, guarecidos del frío. “La cucha”, como le dicen, está sobre la calle Fernández Oro, a un costado de la estación que verá transitar en pocos días al Tren del Valle.
“De acá no nos vamos, a menos que el Municipio nos ofrezca una pieza, un techo para vivir”, sostuvo enfáticamente Rubén Ángel Romero, detrás de unas gafas de sol. El hombre de 48 años y su hermano Juan Carlos se ganan la vida bajando bolsas para una empresa de la zona y haciendo otras changas.
Cuando pega mucho el frío y cuesta dormir, dice que ve televisión en un café cercano a El Andén; y si tiene plata se pide una gaseosa.
Mientras conversa con LM Cipolletti, cinco “amigos” custodian la cucha. Recostados sobre la tierra, se entregan al calor del sol mañanero. “No son perros de calle, los perros son míos y yo le doy de comer a los cinco”, afirma.
También cuenta con una pequeña radio que comparte con su hermano. Y en una desvencijada heladera guardan víveres y otras provisiones. Con ingenio y pocas cosas, reciclaron parte de un lavarropas para cocinar la comida.
Ayer, ponía a hervir una olla para hacerse algo de comer, a la espera de su hermano, quien entonces realizaba un trabajo. Antes sacó el agua de una garita de colectivo que existe más allá del andén y a la estación recurre cada vez que necesita higienizarse en los baños. “Con mi hermano nos la rebuscamos para vivir”, aseguró Romero.
Con todo, dijo que la calle los trata bien y que en los años que llevan a la intemperie nunca tuvieron que vivir una situación de violencia. Tampoco pasaron hambre. Pero saben que podrían estar mejor. “Si tuviese un techo donde vivir, con lo que gano podría ir comprando una cocina y otros electrodomésticos”, manifiesta.
Antes de levantar la “cucha”, vivía con su hermano en Santa Clara, donde Acción Social les pagó un alquiler durante algunos meses, luego dejó de hacerlo y volvieron a la calle. “Yo le dije a mi hermano que nos vengamos para acá, no había otro lugar”, contó Rubén.
Comenta que en estos seis años, nadie del Municipio se acercó para ayudarlos. “El intendente (Abel) Baratti nunca nos atendió. Esperamos que con (Aníbal) Tortoriello tengamos más suerte”, expresó.
Cuestionó que, mientras se la rebuscan para vivir con muy poco, muchos otros cobran un subsidio y no “laburan”. Romero considera que es una paradoja no acceder a una vivienda en una ciudad donde hay “tanta casa abandonada y advirtió: “A mí no me sacan de acá hasta que me den una respuesta”.
Su familia es su hermano y los cinco perros que alimenta. Pero hay cipoleños solidarios sensibles a la necesidad que no pasan por alto a los mellizos. Ayer Rubén estaba de estreno, tenía zapatos nuevos que agradeció a una empleada de El Andén. Luego se despidió con un apretón de manos y no olvidó pedir al Municipio que vaya a verlos.
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