La apasionante noche de Piazza
La gente que hizo cola para poder entrar al Centro Cultural, escenario de la charla, vio recompensada su paciencia por la franca, conmovedora y valiente charla del modisto, que habló de su libro «Corte y confesión» y que refirió partes de su historia personal, marcada por los abusos sexuales que sufrió de niño y hasta su adolescencia por parte de su hermano.
Pero Piazza habló también de lucha y de su prédica para que los crímenes contra la intimidad en el seno de muchas familias no queden sellados en el silencio y el olvido. Y por eso, por ese ambiente de ansia de justicia, fue que pidió la palabra y se expresó Marcelino Oliva, el padre del joven David, asesinado tiempo atrás. Marcelino exigió respuestas, dio el apellido de una familia algunos de cuyos integrantes -afirmó- estarían dedicados a la droga, y denunció las amenazas de que vienen siendo objeto él y los suyos.
Por eso habló también una mujer de unos 60 años que dijo haber sido abusada por un tío cuando tenía apenas 8 años de edad. La mujer, que pudo superarse en la vida y hacer una familia, tenía escrito un poema que dio a Piazza para que éste leyera. Piazza así lo hizo, llamó a no bajar los brazos y a no sentirse culpables, y una ovación concluyó ese momento.
Otra mujer también quiso expresarse. Dijo que ella no había sido abusada sexualmente, pero que sí había sido golpeada y recibido malos tratos en su niñez. Y felicitó al diseñador por su libro y por lo que allí contaba. Los aplausos se multiplicaron. Al final, cuando muchos de los presentes se abalanzaban sobre el escenario para saludar al expositor y pedir su autógrafo, un muchacho le entregó el texto de una chica, que habría sido violada y cuya identidad no se dio a conocer. El papel, con detalles reservados, fue guardado por Piazza, que se comprometió a leerlo y a dar su apoyo en lo que pudiera. Así fue concluyendo la noche, una noche inolvidable, en la que también hubo críticas a un hospital neuquino por no tener psiquiatras ni psicólogos.
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