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"El grupo estuvo unido toda la vida"

Omar Perales, el autor del gol que le dio el ascenso a Cipolletti en 1973, cuenta cómo se vive aquella hazaña 43 años después.

En el deporte armar grupos es algo mucho más grande que conformar un equipo. No siempre se logra. Un combinado evoluciona por varias razones, la humana es sustancial. El plantel de Cipolletti de 1973 lo entendió de esa forma o simplemente se dio así, y además tuvo la capacidad de consagrar el momento, de elevar al Albinegro a la tierra de los gigantes del fútbol argentino.

Ayer se cumplieron 43 años de aquel mítico 19 de agosto, en el que el Capataz vencía desde los doce pasos a All Boys, en una Visera de Cemento repleta, en la que Julio Felipe Luna se convertía en héroe y Omar Vicente Perales, con la frialdad de un referente, liquidaba la historia. “El grupo estuvo unido toda la vida”, aseguró Perales.

“Esta fecha es todo un acontecimiento para la gente nativa de Cipolletti. Es un recuerdo muy lindo”, dice Perales, con voz gastada, mientras cuenta las horas para reunirse con sus ex compañeros del plantel, como cada año y reírse “por tres o cuatro horas”, porque “siempre queda algo para contar”, aseguró.

A principios de los 70, Cipolletti era un auténtico Capataz de la Patagonia. Todo el sur miraba hacia el reducto de calle O’Higgins. La gente hacía cientos de kilómetros para ver a los rionegrinos, en la semana previa a la gran definición contra los pampeanos se juntaban unas mil personas para ver la práctica.

“Cada vez que entro a la cancha, no puedo dejar de pensar en esa final, era una fiesta, había más de 8 mil personas y hoy nos admiramos cuando van 5 mil”, sostuvo Perales, quien tenía 32 años cuando ascendió.

Aquel plantel empezó a tejerse unos cuatro años atrás y dos veces se quedó en la puerta de la definición. “En el 73 vinieron cinco jugadores clave para reforzar el equipo, a los que se sumaron a los que ya estábamos. Cipo tuvo mucha suerte en ese sentido, porque eligió bien”, dijo Perales.

“Yo desde los 11 años estaba en Cipolletti; dije: juego el Nacional y no juego más. Pasa que los que éramos de acá nos pagaban pero no alcanzaba, también teníamos que trabajar”, recordó.

Una vez por año
Los ex futbolistas que se juntan cada año son principalmente los que viven en la región y algunas veces los de afuera. “Se habla de los recuerdos. Lo hermoso es que viene gente que jugaba en el equipo y otros que ni siquiera estuvieron, como el Nene Travesino que jugaba en Roca”, destacó Perales.

“El grupo estuvo unido toda la vida. Hace 43 años que nos juntamos siempre. No es normal, porque por ahí pasa el furor y ya está”, agregó y agradeció a la gente que siempre los acompañó, especialmente al periodista e hincha Miguel Parra.

"Es un momento que se anhela más que nada. Cada año que pasa se va poniendo más difícil ascender. Cuando nosotros descendimos, me acuerdo que yo hablaba con un dirigente que me decía 'el año que viene volvemos', yo le decía que no era fácil, y no volvimos a ascender más", sostuvo Perales.

"Antes, dentro de todo, la mayoría éramos de la zona, ahora tenés que traer un plantel completo. En aquella época costaba, pero era más fácil", cerró.

FRASE
"Cada vez que entro a la cancha, no puedo dejar de pensar en esa final, era una fiesta, había más de 8 mil personas y hoy nos admiramos cuando van 5 mil".
Omar Perales Autor del último penal

El héroe
Luna: el primer arquero ídolo del albinegro

El 19 de agosto de 1973 Cipolletti lograba su primer ascenso al fútbol grande del país, pero también nacía el primer arquero ídolo del club: Julio Felipe Luna.

El 1 albinegro atajó los dos primeros penales en la definición frente a All Boys de La Pampa. El arquero le simplificó la tarea a sus compañeros, que con cuatro disparos certeros ganaron la final.

Luna se recibió de héroe y se sacó la espina de los dos años anteriores, en los que el Albinegro se quedó en la puerta del ascenso.

En el 2004 las noticias que llegaron desde Chile, dejó helados a los hinchas de Cipo, sobre todo a los compañeros del talentoso arquero. Luna se había suicidado, en la soledad absoluta.

“Vivimos muchas cosas juntos. A él le tocó sufrir junto conmigo todas las satisfacciones y las contras de no haber clasificado dos veces seguidas”, contó Omar Perales, compañero del 1.

“Tal vez si hubiese estado acá, no hubiese pasado. Allá estaba sólo”, se lamentó Perales. Luna hace varios años vivía en el país trasandino, donde llegó por cuestiones laborales.

“Él venía todos los años a festejar con nosotros, por eso fue muy duro y todavía lo es, aunque pasaron todos estos años”, sostuvo.