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El abuelo que encontró en el aula su lugar en el mundo

Héctor tiene 82 años y es el "alumno estrella" del CEM 102.

Guadalupe Maqueda

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De chico no pudo estudiar y lo hizo de grande. No le importó ser un abuelo, de 82 años, ni sintió que la edad fuera un obstáculo. Él dice que se siente bien, y a muy poco de cumplir 83, Héctor Hernán Castro Vidal se anima a transitar su primer año de secundario. Es el “alumno estrella” del CEM 102, a quien todos cuidan y miman, y el orgullo de una familia.

Primero tuvo que aprender a leer y a escribir. En 2015 dejó atrás la primaria y decidió seguir en carrera para aprovechar su tiempo y no estar solo. Así, los días se le hacen cortos entre clase y clase y otras actividades que realiza en el Centro Integral de la Tercera Edad. Además, dice que le gusta estudiar, que no es poco.

Oriundo de Chile, se vino a Cipolletti en los 70, consiguió trabajo y echó raíces con su esposa y sus cinco hijos. No había tenido la oportunidad de estudiar, más allá de algunas clases perdidas en el tiempo. Vivía en el campo y todo le quedaba muy lejos, tampoco había en qué trasladarse hasta el colegio más cercano. “No se podía”, sostiene.

Al llegar a Argentina se dedicó a la construcción, y con el trabajo ya no hubo tiempo para ser alumno. Pasó la vida, pasaron los años, y ya jubilado, se preguntó “¿por qué no?”. Dice que fue una decisión personal, aunque sus hijos lo estimularon en todo momento.

Al aula

Se anotó para hacer la primera en la escuela nocturna Gabriela Mistral y este año se animó a subir un escalón más. “Me gusta estudiar, es bueno y hace bien”, comenta.

Hombre de pocas pero justas palabras, dice que a los 82 años, si se queda en la casa, es para hacerse la cabeza. Destaca, además, la calidad humana de sus maestros y compañeros. “Todos son muy buenos conmigo y estoy muy agradecido”, expresa.

Durante los últimos dos meses, Héctor no pudo asistir a clases porque el CEM 102 tuvo que funcionar en otro establecimiento que le quedaba muy lejos para ir caminando o en bicicleta, como se moviliza a diario. Sus compañeros y profesores lo esperaron y volvieron a verlo el jueves, cuando la institución volvió a funcionar en la calle San Rafael 180.

“Nunca falta y es el primero en estar. Los propios compañeros lo re miman. Es nuestro alumno estrella y lo cuidamos. Acá encontró un espacio para socializar”, manifiesta el director, Gustavo Fernández.

Con la misma puntualidad, se adelanta para recibir a LM Cipolletti en la vereda de su casa, sin otra pretensión que hablar de su escuela y de lo bien que se siente. Admite que saca pecho por ser viejo y aconseja a sus compañeros. “Menos baile, menos joda y más estudio. Yo siempre les digo que así es más fácil la vida y conseguir un trabajo”, cuenta.

Padre de cinco hijos, abuelo de 12 nietos y bisabuelo de cuatro, dejará también como legado la voluntad de un hombre que quiso aprender más allá de las dificultades y los años.

“Nunca falta y es el primero en estar. Los propios compañeros lo re miman. Es nuestro alumno estrella y lo cuidamos. Acá encontró un espacio para socializar”. Gustavo Fernández. Director del CEM 102

Estudiar en el trabajo para tener más oportunidades

Terminar el secundario también fue una asignatura pendiente para la cipoleña María Julia Neculpan (57). Por eso, cuando se le presentó la oportunidad de finalizar sus estudios, no lo dudó. Se anotó en el plan Fines y en 2014 egresó, junto con otros 15 empleados del curso que se dictó en la Fundación Médica, donde trabaja como enfermera desde hace 20 años.

Había abandonado sus estudios mientras cursaba tercer año porque fue mamá y se dedicó de lleno a la crianza de su hijo. Años después, estudió para ser auxiliar de Enfermería y comenzó a trabajar en el hospital de Cipolletti.

Entonces, no era un impedimento no tener el secundario completo. Sin embargo, con los años, el mercado laboral y el mundo académico se volvieron más exigentes y para seguir perfeccionándose tenía que terminar sí o sí el Nivel Medio.

“Mucamas, secretarias, choferes, enfermeras, en todos los niveles había gente con estudios incompletos”, recordó.

Así fue que se anotaron 28 alumnos y egresaron 16. “En un año y medio de estudio rendimos libre cinco años de bachillerato”, añadió Neculpan.

Todos cursaron en la biblioteca de la Fundación Médica. Allí, Neculpan fue alumna, también preceptora y hasta hizo las veces de coordinadora.

En 2014 egresaron y, según Neculpan, se abrieron otras puertas. “Las trabas que antes tenía para capacitarme y seguir estudiando ya no las tengo. Pude especializarme en el control de infecciones y tengo compañeras que pueden estudiar para hacer la carrera de enfermera profesional”, comentó.

Le falta muy poco para jubilarse y agradece a Dios y a la Fundación Médica haber podido transitar esta experiencia.

Consejo: “Menos joda y más estudio, así la vida es más fácil”, les pide a sus compañeros.

Educación personalizada

El CEM 102 es una escuela para jóvenes y adultos que sigue un plan de estudios de cuatro años; y aunque la edad de los alumnos tiene piso pero no techo, su director, Gustavo Fernández, confesó que la incorporación de Héctor Castro Vidal fue una gran sorpresa. “No tenemos muchos adultos y nadie con la edad de Héctor, los alumnos promedian los 20 años”, comentó.

Añadió que, por ser un caso único, el trabajo que realizan con los docentes prioriza el aspecto inclusivo. “Él se alfabetizó de grande, por lo que hacemos un trabajo diferenciado y con mucho acompañamiento”, apuntó.

Reconoció que, más allá de acompañarlo y bajar contenidos a lo cotidiano, Héctor es “muy dócil y receptivo”.

El abuelo se integró a un curso reducido que no supera los 16 alumnos y en el que todos lo quieren mucho.

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