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Don Tomás Orell Garcías, un hacedor de Allen

Llegó a la ciudad en siglo pasado y pasó por diferentes rubros siendo unas personalidad local.

Tomás Orell fue un joven valiente y soñador, hijo de campesinos, que llegó a la Argentina en 1910. En Mallorca, España, habían quedado su esposa Juana con sus dos hijos, uno de dos años y otro recién nacido. Su intención era volver pronto a buscarlos.

Según su documento nació el 8 de abril de 1881 en el pueblo de Santañy, en las islas Baleares, Mallorca. Se había casado el 31 de agosto de 1907 con Juana Ana Bonet Rigo, nacida el 28 de noviembre de 1883. Tuvieron seis hijos: Juan, y Andrés en Italia. Los otros cuatro: Sebastiana, Margarita, Tomás, y Juana nacieron en Argentina.

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A través del tiempo logró radicarse en Allen. Una colonia que renacía después de la creciente de 1899 con un nuevo asentamiento sobre una elevación del terreno y con un acuerdo de los colonos de construir todas las viviendas en material. No habría viviendas de adobe en Allen.

Mientras tanto él, periódicamente, enviaba dinero a su esposa, en Mallorca, dinero que ella guardaba para cuando se encontrasen. Pero habrían de pasar muchos años antes de que eso sucediera.

Recién en 1922 Tomás viajó a buscar a su esposa Juana y sus hijos Juan y Andrés, que ya tenían 14 y 12 años respectivamente. Regresó, regresaron, con nuevas ilusiones, a la Argentina.

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Juana atesoraba entre sus recuerdos un certificado de su partida de España, del 23 de febrero de 1923, en el que constaban, entre otras cosas, que no hay epidemia de gripe en Palma de Mallorca.

De nuevo en Allen, su lugar elegido, y acompañado por su familia, se dedicó a la fabricación de ladrillos y a la chacra, a la producción frutihortícola. En Allen su familia creció. Aquí, además de sus cuatro hijos argentinos, nacieron sus once nietos.

Su primera chacra fue de producción de peras. Luego adquirió una nueva propiedad en la zona próxima al río Negro, donde se afincó definitivamente. En esa chacra, aún hoy se encuentran restos de lo que fueron sus hornos de ladrillos.

Trabajo y más trabajo era lo suyo, imaginemos hoy cómo habrá sido el duro desmonte y la nivelación de la tierra, el armar el sistema de riego con la construcción de acequias. Seguramente no fue tarea fácil, pero era buena tierra, y él, hijo de agricultores, sabía cómo trabajarla.

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Manzanas, peras, durazno, ciruelas, tomates, todo los podía producir. Y llegaron las cerezas, que fueron famosas en su momento. “Las mejores”, escribieron sus nietos.

Pasó el tiempo y con sus 6 hijos, y con una sabiduría de años, formó una sociedad que le permitió diversificar sus actividades y contribuir generosamente a su comunidad.

Con el correr del tiempo y con un buen pasar económico, más su inquietud de progreso, construyó su casa frente a la estación del ferrocarril, adquirió y edificó otras propiedades en el centro de Allen, y contribuyó a la obra de pavimentación del centro.

Entre las obras construidas se destacan la Confitería Central y el cine Libertador General San Martín, inaugurado el 8 de marzo de 1956, con una sala de 1200 butacas. Luego del cine nació el Hotel Mallorca, una obra moderna y muy destacada para Allen y para la zona, que tendría entre otras cosas uno de los primeros ascensores del Alto Valle.

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La inauguración del Hotel Mallorca fue el 10 de febrero de 1965: pocos meses después, Tomás falleció. Tenía 84 años. Según la prensa de la época el hotel fue el fruto del espíritu dinámico, realizador y progresista de Orell, uno de los fundadores de la colonia.

El hotel contaba con planta baja, dos pisos y una amplia terraza balconada sobre la avenida Independencia. En la planta baja se encontraban dependencias de recepción, buffet, gran salón comedor, cocina y pasillo cubierto paras entrada de vehículos a las cocheras construidas en el interior. En el primero y segundo piso se distribuían las habitaciones con baño privado y calefacción a través de un moderno sistema de “aire caliente forzado”. El edificio tenía un sistema de teléfonos internos y un moderno ascensor para comodidad de los huéspedes. En esta esa etapa tenía 1.170 metros cuadrados, con construcciones de primera clase, estimando su valor en 14 millones de pesos.

Posteriormente se habilitó Roof, una terraza panorámica donde funcionará una confitería al aire libre. También se atribuye a Tomás Orell ser el primero en construir edificio de departamentos en el poblado.

En su homenaje, y como agradecimiento a su labor, el Concejo Municipal de Allen, resolvió dar el nombre de Tomás Orell a la calle principal (ex Independencia). Con admiración y dulce nostalgia es recordado por todos sus nietos y aquellos que lo conocieron.

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