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Don Camilo Raffy: llegó enamorado de nuestras tierras

En 1942, don Camilo visitó el gran emprendimiento del Dique Cordero y esta inmensidad lo atrapó pensando que en algún momento iba a instalarse en la región.

Don Camilo, hombre incansable, amante de la historia argentina y regional, nació en un establecimiento de campo, propiedad de su padre, entre los pueblos de Arroyo Corto y Pigüé hacia las sierras de Cura Malal (Corral de piedra), provincia de Buenos Aires, el 8 de agosto de 1921.

Realizó sus estudios primarios en el Colegio La Sagrada Familia y el secundario en el Colegio Don Bosco de Bahía Blanca: siempre manifestó su preferencia por la historia argentina.

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Su abuelo Luis Raffy había llegado desde Francia con su familia en 1884: eran oriundos de Aveyrón. Junto con otras treinta y nueve familias aveyronesas llegaron a Pigüé junto a Clemente Cabanettes, fundador de la colonia agrícola-ganadera del mismo nombre, con ansias de progreso y en busca de un futuro mejor. Todos conocían la tarea de labrar la tierra y fueron pioneros en esa próspera colonia: el abuelo Luis compró 100 hectáreas de buena tierra, que trabajó junto a María Degás, su esposa, con la que tuvo cuatro hijos: Gilda, Berta, Luis y Camilo. Este último fue padre de María Luisa y Camilo Andrés.

Camilo estudió violín con el profesor Tito Arnaiz, pero siempre estuvo en contacto con la naturaleza: aprendió junto a su padre a arar, sembrar y cosechar, a bañar las ovejas, a recorrer el campo a caballo cuidando los animales y a controlar los alambrados. Su padre, junto con Andrés Mercadier, experimentó la crianza en el llano de las pampas argentinas de ovejas caracul, provenientes de la alta montaña alemana. Además, en el campo criaban la raza ovina Ramboullet, caras negras, Lincoln, En bovinos, Heresford.

Sus productos agrícolas eran vendidos a dos firmas de ramos generales de Arroyo Corto: Fortunato Chiappara e hijos y Alustiza y Murgui, como recuerda Camilo. Y la hacienda se llevaba a los consignatarios Pedro y Antonio Lanusse y Arturo de Arrieta a Buenos Aires en vagones del ferrocarril.

Camilo recordaba: “Los campesinos de una gran zona de la provincia de Buenos Aires apoyaron la industria nacional. Entre ellos se encontraba mi padre, que adquirió, junto a la maquinaria, acciones de la Fábrica Argentina de Máquinas Agrícolas (FAMA) de la firma bahiense Marchesi y compañía”.

Durante su juventud, Camilo trabajó en Puerto Belgrano como empleado civil y más tarde ocupó la gerencia de Volmar en Bahía Blanca.

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Admiró desde pequeño a los próceres de la historia argentina y siempre se dedicó a la investigación y recopilación de la misma. Sus padres querían que estudiara medicina, pero Camilo, con sus ansias de viajar, conocer nuestras regiones, fue un aventurero incansable y paradójicamente vacilante en la elección de una profesión.

“¡Qué recuerdos de mi niñez! Mis dos grandes amigos eran dos perros ovejeros llamados Rubio y Firpo, un avestruz criado desde chiquito en mi casa que nos venía a buscar para jugar.”

“También recuerdo el nombre de algunos peones: Jesús Pita, domador que amansaba los potros, El Farruquiño, un español alambrador, a los que yo les llevaba el mate cocido, Pedro Anduaga, que nos enseñó a bailar la Jota, al que queríamos mucho. Cuando terminaba la cosecha nos regalaba puñados de monedas a mi hermanita y a mí. Recuerdo que papá le traía tabaco Caporal en latas de un kilo. En días de lluvia trabajaba con sogas, era un excelente artesano: hacía riendas, lazos que vendía a amigos de mi padre. Aún conservo un rebenque realizado por sus manos.”

“Con mi hermanita criábamos gallinas, pavos, patos, gansos, su venta pasaba a constituir nuestros ahorros.”

“De mi juventud en Bahía Blanca recuerdo los cumpleaños de amigos, íbamos a asaltos en casas de familia con grupos estudiantiles. Luego íbamos a los bailes del Club Social y deportivo Olimpo.”

“En deportes practiqué atletismo, football, pelota a paleta, tenis, entre otros”.

Su amor por estas tierras

En 1942, don Camilo visitó el gran emprendimiento del Dique Cordero y esta inmensidad lo atrapó pensando que en algún momento iba a instalarse en la región.

El 14 de agosto de 1950 se casó con Edith Rivas, Didí, oriunda de Campana, provincia de Buenos Aires, a la que conoció en Bahía Blanca pues ella tenía un primo marino en la base del Puerto Belgrano. Tuvieron dos hijas, Brenda y Adriana.

De tanta lectura llegó a sus manos el Libro sobre Topografía Andina y Mapa del Territorio de don Manuel Olascoaga, con el que se informó sobre la riqueza del suelo valletano: sus minerales, sus ríos. Era un territorio en el que “todo estaba por hacer”, según recuerda emocionado: “Se explotaba el petróleo y el gas y me dije: esta es una región, para poblarla y trabajar, ya que imaginé todo un futuro en el Sur.”

En 1960 Camilo se trasladó a Neuquén por razones laborales y meses más tarde lo hizo su familia. Las hijas, que estudiaban en Bahía Blanca, culminaron sus estudios primarios en el Departamento de Aplicación y los secundarios en la Escuela Nacional de Comercio General San Martín. Posteriormente cursarían los estudios terciarios: Brenda es Profesora de Historia y Adriana Licenciada en Psicología, las que le dieron varios nietos.

Sus actividades

Don Camilo siempre estuvo vinculado a las actividades comerciales en Neuquén y Río Negro: “En Cipolletti fui propietario de dos confiterías junto a otros socios”, nos enfatizó este hombre dueño de una locuacidad que no ha mermado con el correr de los años.

Cuando realizamos la entrevista tenía 84 años de edad. Camilo ha recibido, por su tarea cultural, diplomas, distinciones y presentes por sus 10 años al frente de la Asociación Cultural Sanmartiniana de Neuquén. Allí organizó nueve concursos literarios sobre próceres argentinos, premiando a sus ganadores y profesores de Historia con viajes a distintos destinos como Mendoza, Yapeyú, San Luis, Tucumán y Salta.

En los últimos años de su vida fue productor y escribió artículos de la historia de nuestro país.

Y esta es la vida de un hombre de muchos saberes que, enamorado de nuestra región, hizo culto de ellas al recorrerlas diariamente con su portafolio en la mano en búsqueda de todo dato histórico que pudiera enriquecer aún más su prolífica labor de recopilador. Raffy nos ha dejado hace poco pero su amor por la Nor Patagonia se hizo sentir en toda su tarea en estas tierras.

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