Crimen en la clínica: “Yo quería matar al médico”, dijo Laila
El juicio por la balacera en una clínica, en la que Laila Díaz Sigri mató de un tiro por la espalda a la joven técnica bioquímica Carla Milla, arrancó con un pedido de perdón y la declaración de dos peritos forenses que aseguraron que la acusada entendía lo que podía ocurrir si gatillaba una y otra vez su revólver calibre 32 como hizo la travesti el sábado 23 de marzo de 2013. Dos médicos y un enfermero de la Fundación, a quienes la imputada les disparó 27 veces en distintos rincones del edificio, también declararon ante el tribunal y los padres de la víctima, quienes junto a un grupo reducido de acompañantes fueron los únicos testigos de la audiencia.
“Nunca me van a perdonar y lo entiendo, pueden decirme lo que quieran, pero de mi mamá nadie se acordó y por eso fui a hacer justicia por mano propia y me salió mal”, les dijo Díaz Sigri a los querellantes Juan Carlos Milla y Beatriz Fatorel. El papá de Carla no soportó el relato y se fue de la sala mientras la travesti seguía hablando: “Sólo le apunté al enfermero y no le disparé”.
La travesti aceptó responder preguntas de las partes, pero sólo la interrogaron los miembros del tribunal (Pablo Repetto, César Gutiérrez Elcarás y Guillermo Baquero Lazcano) y su defensor oficial, Juan Pablo Piombo, quien se centró en el historial de internaciones psiquiátricas de la acusada. Luego, el abogado intentó cerrar el círculo con la declaración de los psicólogos citados al juicio.
Ante las preguntas del tribunal, Díaz Sigri admitió que sabía manejar armas porque recibió instrucción en una escuela militar y recordó los dos episodios en los que la había utilizado. “Yo me críe en una cultura en la que es normal tener un arma en la casa, pero sabía que es para cuestiones de vida o muerte”, aseguró. Y explicó que la usó para repeler el ataque de una compañera, mientras ejercía la prostitución en Neuquén, y luego cuando “tres chorros entraron a mi casa para llevarse un televisor”. En las dos causas, explicó, resultó absuelta porque “fue legítima defensa”.
El ataque
El episodio en el centro médico de Yrigoyen y Mengelle, sin embargo, fue muy distinto. “Mi mamá cayó enferma, estuvo internada y el médico Núñez le dio el alta aunque estaba mal. Tuvimos que llevarla al hospital de Neuquén y cada parte médico era una puñalada. Un día no aguanté más, escribí una carta y me iba a suicidar. Entonces dije ‘voy, mato al médico y después me mato’. Agarré el arma, la caja llena de balas y tomé un taxi. Sabía a lo que iba, pero no podía evitarlo. Saqué el revólver y dije corran, tiré al techo y no quedó nadie”, aseguró. Según el peritaje de los expertos del Poder Judicial, Laila comprendía la criminalidad de su plan y actuó racionalmente, por lo que podría haber evitado la tragedia (ver aparte).
Díaz Sigri permaneció en la clínica durante más de dos horas de las que recuerda principalmente “el olor a pólvora. Yo iba disparando, hablaba y disparaba, y el olor era penetrante”, contó. La travesti esperaba la presencia de un médico, de apellido Núñez, que había atendido a su madre, y ayer contó cuál era su intención. “Yo quería matar al médico, para que sufra como mi mamá”, manifestó.
El ataque cesó cuando un paciente vio al cuerpo de Milla tirado detrás de una mesada y le avisó. La Policía entró al lugar y doctores de la clínica intentaron reanimarla, pero ya estaba muerta. Había recibido un balazo por la espalda, a la altura del diafragma.
El juicio seguirá hoy, con la declaración de uno de los policías que negoció para que Laila se entregara y de médicos y pacientes que se encontraban en el segundo piso cuando la travesti irrumpió armada.
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