De promesa de Lanús a laburar 8 horas en el depósito y reinventarse en el fútbol local
Video. A Natan lo frenó la pandemia cuando iba a debutar en Primera. Hace poco falleció su papá y largó todo pero volvió en honor a él y sin perder la ilusión.
Varios de sus ex compañeros hoy convertidos en estrellas del fútbol argentino e internacional “no se lucían tanto como él en inferiores pero así es el fútbol”, reflexiona con un gesto de lamento un periodista que conoce como pocos el semillero granate.
El destino y la suerte suelen jugar un papel no menor en el más popular de los deportes y en la vida misma. Cuántas veces se conocen casos de cracks que tenían todo para triunfar pero por diferentes razones quedaron en el camino.
Natan Cayuqueo -23 años- estuvo a un paso de cumplir su sueño de llegar al fútbol grande de la Argentina y entre la pandemia, los manejos polémicos de los clubes de AFA más allá de tratarse en este caso de una institución modelo y hasta una desgracia familiar le impidieron de momento concretarlo.
La historia del crack que se reinventa en la zona
Se bajoneó tanto que llegó a largar todo, en especial tras la muerte de su hincha número uno, su querido viejo el 28 de abril de este año. Pero el talento regional sabe que aún es muy joven, lo cuál sumado a esa sed de revancha lo llevan a no bajar los brazos y creer que no está dicha la última palabra.
Mientras se reinventa en el fútbol local, ahora con la camiseta de Fernández Oro, trabaja 8 horas en un depósito de bebidas del papá de Facu, ese amigo incondicional “que estuvo en las buenas y en las malas”.
De hecho, pudo hacer la nota gracias a la generosidad de sus patrones que le permitieron realizar una pausa en el horario laboral. Entonces, no dudó en subirse a su moto y acercarse al punto de encuentro. “En moto lo van a tener que agarrar cuando el loco haga una buena pretemporada”, bromea su compinche.
Lo cierto es que por ese motivo y pese a estar muy agradecido a sus jefes actuales, también anda buscando algún “trabajito en Oro así me ahorro los viajes ya que laburo de 9 a 17 en Allen y luego entreno a las 20 acá en Oro”.
“Muy contento por cómo se están dando las cosas a pesar de que llegué hace poco al club. Jugué dos partidos y tengo un gol y una asistencia”, celebra su presente el prometedor delantero del Trueno Verde, dueño de una particular y emotiva historia.
Ese que no hace tanto se codeó con las figuras del Granate como “Pepe Sand, Laucha Acosta, Román Martínez, Belmonte y Pedro de la Vega”.
De movida, justamente repasa su trayectoria en ese club bonaerense, que no terminó como hubiera deseado pero a la que recuerda como “una experiencia inolvidable”.
“Jugaba en la Liga Confluencia y me vio un cazatalentos acá. Tenía 12 años y de ahí partí a Buenos Aires. No fue fácil, imagínate hijo único se sufre mucho, el esfuerzo fue de los 3 -por sus padres-. Allá vivía en la pensión, debajo de la tribuna del estadio”, repasa su aventura en el Sur bonaerense.
Admite que “los primeros dos años me costaron mucho, una ciudad como Buenos Aires siendo tan pequeño… Se daba esa controversia entre el nene que vivía en Disney, un sueño estando ahí en un club importante pero por otro lado estar lejos de la familia me pesaba, lloraba mucho por las noches”.
El despegue de sus padres naturalmente no fue fácil. El desarraigo se sintió y lo afectó. Pero igual daba qué hablar dentro del campo. “Nos veíamos 3 veces en el año, nos daban 4 ó 5 días para venir, ya sea el Día del Padre, de la Madre y Semana Santa. Y cuando mis padres podían juntar dinero viajaban ellos, para mi cumpleaños, fechas importantes… Y eso era todo”, resume para que se dimensioné lo solo que estaba.
El esfuerzo casi rinde sus frutos. Parecía que llegaba la aguardaba recompensa. Pero no pudo ser, al menos en ese primer intento. “Estuve 7 años allá, hice todas las inferiores hasta reserva, incluso pretemporada en Primera. Me liquidó la pandemia, en 2021 nos mandaron de vuelta por la cuarentena a los pibes del interior, justo en mi mejor momento. Pasó un año y medio y los últimos en volver fuimos los del interior y allí se perdió terreno. Cuando llegamos ya estaba todo armado, casi descartados quedamos, priorizaron a los de Buenos Aires y esa es una verdad que en el fútbol hay muchas cosas que no se saben y pasan… Tanto esfuerzo y quedar a un pasito, hasta el día de hoy me duele, me pongo a pensar qué hubiera ocurrido si no venía la pandemia pero soy creyente y sé que todo se da por algo”, se consuela en medio de su increíble relato al programa Gol de Oro, en La Radio de Oro.
El sueño de dar un salto sigue intacto a pesar de que “sé que es complicado, pero no bajo los brazos. Tengo algo en mente algo que si sale sería maravilloso, algo de Chile”, anticipa sobre la chance que podría abrirse. Y, en la región, reconoce que “la ilusión de jugar en Cipo siempre está”.
A principios de este año se desempeñaba en Roca -jugó el Regional Amateur allí- cuando en pleno partido recibió la peor noticia: la muerte de su padre Adrián. “Estaba jugando un encuentro de la Liga y me enteré, me replanteé por qué pasan estas cosas y creí que tenía que dejar el fútbol. Me pegó duro”, recuerda el momento más triste de su vida.
Pero fue justamente para no fallarle al viejo, que era feliz viéndolo jugar y por el apoyo de su amigo, Facu, sumado a la contención del DT de Oro, Walter Martínez, que decidió regresar con la casaca del Trueno Verde.
"Ponerme 10 puntos y romperla"
“Mi amigo me bancó siempre, salió a vender tortas fritas para ir a verme a Buenos Aires cuando yo estaba en Lanús, él me insistía ‘venite a Oro’. Y el entrenador me fue llevando de a poco y me ayudó mucho en la cuestión personal, se arriesgó a contar conmigo a pesar de que no venía entrenando y por suerte le estoy cumpliendo. Quiero ponerme 10 puntos físicamente para romperla toda, ténganme fe”, avisa motivado.
A sus actuales compañeros les genera curiosidad su pasado en Lanús. “Me preguntan cómo era el vestuario, el día a día…”. Y jugadores ya con un nombre en el fútbol conocieron que existe el Trueno Verde por él. “Suelo mensajearme con ellos, De la Vega por ejemplo sabe que estoy en Oro, Belmonte hoy en Boca también…”, asegura este hincha xeneize que no obstante se contagió el ADN granate.
Suele festejar haciendo la figura de un corazón y lo repite varias veces ya que se lo dedica a su novia de toda la vida, Agustina, a su mamá Victoria y a su abuela Edith. Y también mira al cielo ya que tengo “los mejores recuerdos de mi papá, se lo debo a él lo que soy. Y mi vieja es todo también, junto a mi novia son mis sostenes”.
Natán Cayuqueo, el pibe de Oro que va por el desquite y, a puro esfuerzo, sigue soñando con el fútbol grande. ¡A darle pelota!












