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Una huerta que desafía a la ciudad

Producto de la labor de José Linares, en el barrio del Trabajo, se lucen coloridos morrones y soberbios choclos. El vecino logró en un reducido espacio desarrollar una ambiciosa plantación.

La historia del cipoleño José Linares, de 69 años, no es una más. De ritmo pausado al hablar y manos marcadas por el trabajo manual, este vecino revela una Argentina de otro tiempo, donde el esfuerzo valía y había un respeto enorme por los mayores.
Desde que arribó a la ciudad con su familia procedente de Allen, no paró un minuto en su búsqueda de ganarse la vida. Primero estudió en la vieja ENET de Neuquén, donde llegaba en bicicleta. Luego, se metió en un taller de reparación de autos y así transcurrieron casi dos décadas hasta que su salud le dijo basta. Su médico fue drástico: “Estás a un paso de la leucemia”. Sin tiempo que perder, tuvo que barajar y dar de nuevo en su vida y se dedicó de lleno a algo que siempre lo entusiasmó: la radio.
Pero no sólo se concentró en el micrófono sino que decidió seguir el legado de su padre, que cultivaba un poco más de una hectárea en calle Namuncurá al 1200, cuando Cipolletti se encontraba en sus albores. En ese mismo lugar aunque en un terreno reducido José desarrolló una huerta que genera la admiración de propios y extraños.
Apenas se traspasa el cerco, se advierte la labor paciente en la tierra, mejorada por el abono y el riego. Después, viene un festival de plantas, con frutales, aromáticas y hasta especies afrodisíacas.
“Mi papá compró esto, él sembraba casi una hectárea, papa, cebolla, tomate”, recordó con nostalgia José.
 
Un zapallo de 28 kilos
En cada metro cuadrado, hay una fruta o una hortaliza: melones, sandías, morrones, pelones, uvas, higos, tomates platense y cherry, ajíes, zapallitos verdes, frutillas, berenjenas, nueces, membrillos y choclos. A la lista anterior hay que sumarle las aromáticas como cilantro, laurel, orégano, albahaca, perejil y romero; y, las medicinales: menta, burrito, pañil y ruda. Son apenas ejemplos de las variedades que cultiva José y que seguramente ampliaría si la superficie de su terreno se lo permitiera.
No es un improvisado en materia de plantaciones y se lo puede consultar sobre el mejor abono (elige el orgánico) o el manejo del riego.
La habilidad en las tareas culturales queda evidenciada en los récords obtenidos en distintas cosechas, con un zapallo de 28 kilos y una berenjena que rozó los 3 kilos. Riéndose, comentó que al zapallo “lo tuve que sacar en carretilla”.
 
"¿No tenés marihuana?"
Más allá de las exigencias de la huerta, el cipoleño tiene un encuentro diario con los vecinos a través de radio Confluencia, en el horario de 10 a 12. Su arribo a los medios de comunicación no fue improvisado: hace 10 años se sumó al programa “La universidad en los barrios” para estudiar comunicación y antes, había animado carreras de speedway y trabajó en “La voz del estadio”.
No oculta su amor por la familia y además de llamar para las fotografías a su madre María Carlina, a sus hermanas Mirta y Rosa, y a su nieta Naomí, José se refirió a su padre Nicanor, quien antes de morir le dejó el legado de la huerta: “Hacete cargo de la quinta para que tenga verdura fresca la viejita”.
La tupida plantación rodeada de baldíos y enormes casas también deriva en risueñas anécdotas como la de jóvenes que se acercaron y admirados, le manifestaron: “¡Qué linda la huerta, abuelo! ¿No tenés marihuana?”. O de las vecinas un poco atrevidas, conocedoras del poder afrodisíaco del pañil, que le dicen: “José, ¿me da una ramita de Ayudín?”.
Ante el vigor de sus plantas, con melones que están madurando y un sinnúmero de morrones y ajíes de variados colores, José lamenta el fenómeno de las chacras abandonadas y a la vez, agradece “ocuparme en algo que me gusta, no todo el mundo hace lo que le gusta”.
Sonriente, bajo la sombra de un árbol, finalizó diciendo que "acá todos los días se aprende, cada planta tiene su forma de cultivarse".