Un político muy querido y recordado
La figura de Julio Dante Salto centraliza los acontecimientos del Cipolletazo, del que es su emblema. Su defensa de los intereses de la ciudad frente al eje geopolítico Roca-Viedma que había cuajado por entonces, su espíritu participativo notable en su impulso a las Juntas Vecinales y las numerosas obras públicas que impulsó, lo ubican como el factor clave de la resistencia ante la prepotencia que buscaba su destitución. Él trabajó para los cipoleños y estos no lo abandonaron en la difícil encrucijada.
“La imagen de Salto era la de un político que sabía ejecutar acciones de gobierno, que se había consolidado en la ciudad y que muchos comenzaban a verlo, soñando, que fuera el representante de los intereses locales en la administración rionegrina”, afirmó la historiadora Liliana Fedeli.
Su proyección hacia otras localidades del Alto Valle Oeste, donde era muy estimado, lo convertían en una personalidad gravitante más allá de las fronteras cipoleñas.
Entre sus tantos méritos, se contaba ser el mentor de la primera versión de la Fiesta de la Manzana, que se hizo en Cipolletti y que después quedó en ser rotativa en distintas ciudades y que concluyó, vía decreto, por instalarse definitivamente en Roca. "Salto era un político hábil y querido", enfatizó la investigadora.







