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Tiene 22 años, mide 2,23 metros y no para de crecer

El drama de Rodrigo Santos Mota, un joven brasileño que sigue sin diagnóstico preciso de la enfermedad.

Todavía no tiene un diagnóstico preciso de la enfermedad. Lo único que Rodrigo Santos Mota sabe con exactitud es que su cuerpo no va a parar de crecer. Tiene 22 años y su historia se volvió masiva hace cinco años cuando debió mudarse de la ciudad de Ipiaú, en el sur de Bahía (Brasil), para tratar de encontrar una salida a su problema físico descontrolado.

A los 16, el chico que vivía con sus padres en la zona rural de Ibirapitanga, debió dejar su casa para ir a lo de su abuela para realizar una serie de tratamientos que siete años más tarde siguen sin dar resultados. Al mismo tiempo el joven padece las otras consecuencias de su condición: el bullying, la depresión y hasta los problemas para conseguir ropa de su talle. "La mayor dificultad es comprar ropa, ya que ninguna sirve. También es difícil dormir, porque no tengo sueño y también porque no hay una cama de mi tamaño", contó en 2017. También indicó que había dejado el colegio por el maltrato que sufría de sus compañeros. "Le pusieron varios apodos y no se siente una persona normal", explicó una prima.

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Si bien logró revertir algunas de esos problemas entre donaciones, ayuda de especialistas y una enorme repercusión mediática, el drama físico nunca pudo ser controlado. A fines de 2016, el joven inició tratamiento en dos centros de salud en Salvador, pero nunca hubo un resultado efectivo. "Lo que más escuché fue sobre un tumor en el cerebro que libera hormonas del crecimiento y me hace crecer. Me dijeron que mientras no me opere, seguiré creciendo", explicó. Aunque añadió que también le han dicho algo completamente opuesto: "Otros (médicos) dijeron que no era necesario operarme. Una vez me dieron medicinas, pero no surtieron efecto".

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"Lo que siempre me hice fueron estudios. El tratamiento que estaba haciendo eran básicamente estudios y consultas", explicó Rodrigo, quien tuvo que suspender el tratamiento en marzo de 2020, en Salvador, a causa de la pandemia de coronavirus. Debido a la falta de diagnóstico, Rodrigo pasó por una etapa de bajón anímico profundo y hasta necesitó tomar medicamentos para superar la frustración de no haber encontrado una respuesta al crecimiento desenfrenado. El drama comenzó cuando tenía 12 años y desde entonces su cuerpo no paró de crecer. En 2016 registró 2,18 metros y hasta este año, cree que ha crecido aproximadamente cinco centímetros más.

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