Sinsentido. Libreros cipoleños no participarán de la Feria del Libro
Un indeseable sinsentido está por producirse en la ciudad. Sus libreros, aquellos que mantienen el tradicional y loable negocio de la venta de textos, no participarán en la nueva edición de la Feria del Libro.
Diferencias en varios frentes con los organizadores de la actividad los ha llevado a una determinación que, de no revertirse, marcará una mancha no querida por todos en el desarrollo del evento.
No es la primera vez que alguno o todos los comerciantes del rubro asumen una postura crítica hacia las condiciones que se les establecen para participar. En años pasados, también ha habido enfrentamientos, malentendidos y reproches varios, más o menos públicos, con el Municipio, responsable y promotor de la feria.
Por lo que trascendió ayer, ni Pablo Tapia, propietario de Siddhartha Libros, ni Alejandro Gamero, de Manuscritos Libros, serán de la partida entre los expositores de la muestra. Se comenta que tampoco participaría Guillermo Mackenzie, librero cipoleño que tiene su establecimiento Roots, especializado en textos en inglés en Neuquén.
De persistir la situación, en la feria solamente habrá stands de ciudades vecinas y de expositores trashumantes que suelen recorrer este tipo de eventos por todo el país.
En pasadas ediciones de la propuesta local, tanto Tapia como Gamero han tenido puestos de venta muy surtidos y que enriquecen en variedad y en precios las alternativas disponibles para los visitantes.
El sinsentido se vuelve más notorio este año, debido a la calidad y la repercusión de invitados de la talla de Alejandro Dolina, Federico Andahazi, Ana María Shua y Bernardo Stamateas.
Puntos centrales de la polémica
Tres serían los puntos centrales del desacuerdo entre libreros y la comuna. Por un lado, la fecha elegida. La feria, que se desarrollará entre el 7 y el 17 de agosto, coincidirá en una de sus jornadas con el Día del Niño, que atrae mucho la atención y genera gastos en las familias. Además, está el feriado por la fecha de la muerte de José de San Martín, que incidirá sobre el acontecimiento. Por otro lado, había diferencias por el monto y el tamaño de los stands y por la obligación de pagar todo por adelantado. Y, por último, existía la queja ya habitual de no llamar a participar y debatir con antelación sobre la actividad. Una lástima que las diferencias afecten una propuesta cultural.







