El clima en Cipolletti

icon
Temp
73% Hum
LMCipolletti

Sin penas ni olvidos

Se cumplen hoy 70 años del natalicio de Osvaldo Soriano, uno de los máximos exponentes de la literatura nacional. Vivió su infancia y adolescencia en esta ciudad y buena parte de su obra está basada en relatos sobre sucesos en el Alto Valle. “Yo soy de t

Por Pablo Montanaro (*)

El 6 de enero de 1943 nacía en Mar del Plata el escritor y periodista Osvaldo Soriano, quien a comienzos de los años 50 llegó a la ciudad de Cipolletti junto a sus padres y vivió en la esquina de Alem y Mengelle. Falleció en Buenos Aires a los 54 años, a causa de un cáncer de pulmón, el 29 de enero de 1997.
Esos días de infancia y adolescencia que Osvaldo Soriano vivió en Cipolletti fueron decisivos para que muchos años después volcara todas esas experiencias vividas, imaginadas o soñadas en maravillosos relatos y novelas.
Desde la esquina de Alem y Mengelle, bajo la sombra del peral que inmortalizó en el cuento “Rosebud”, El Gordo o El Chueco –como le decían sus amigos cipoleños- soñaba con llevar el número 9 en la camiseta de su querido San Lorenzo de Almagro, ser relator deportivo a la manera de Osvaldo Caffarelli, Fioravanti o Alfredo Aróstegui, mientras dejaba la escuela industrial para deambular arriba de su moto por calles y bardas desafiando el viento y el frío patagónico, y comenzaba a discutir con su padre acerca del futuro, del país “que no tenía remedio” –según aquel empleado de Obras Sanitarias que era su padre-, y de aquella Argentina de la Revolución Libertadora, con proscripciones e hipócritas proclamas que afirmaban que no había “ni vencedores ni vencidos”.
En ese “verdadero Far West” como definió a Cipolletti, Osvaldo junto a sus amigos quería madurar pronto y triunfar “en alguna cosa viril y estúpida como las carreras de motos o el fútbol”, aseguró alguna vez. Su infancia fue un territorio sin literatura, donde en la biblioteca de su padre se atiborraban gruesos volúmenes de temas técnicos, intrascendentes para quien buscaba en las páginas de El Gráfico su destino de goleador o ser un audaz aventurero de las historietas que le ofrecía las revistas Fantasía, Misterix o Rayo Rojo. 
Cipolletti, Allen, Barda del Medio, entre otras ciudades patagónicas, con el tiempo se convirtieron en los escenarios donde transcurren sus mejores relatos y novelas, sus inigualables crónicas periodísticas escritas con sabiduría, nostalgia y humor. En todos ellos dejó rastros de una infancia y adolescencia feliz.
La presencia de su padre, la infancia y sus juegos, la primera novia y la pasión futbolera se despliega con intensidad en el que no falta la épica y el humor en los textos del libro “Cuentos de los años felices”. Allí parece estar condensado aquello que podría denominarse “realismo mágico patagónico”.
En el jardín de su casa todavía está erguido, entre otros árboles, su “Rosebud” y que en su última visita a la ciudad lo llevó a confesar que “podemos borrar o confundir las huellas de una vida, pero las llevamos a cuestas”. Y descubrió que lo que contaba no era el árbol sino “lo que hemos hecho de él”.
Tuve la oportunidad de que sus amigos de aquel tiempo, sus compañeros de intensos partidos de fútbol e interminables cafés, volcaran sus recuerdos y anécdotas en un libro que recrea la vida de Soriano mucho antes de que se convirtiera en uno de los escritores argentinos más leídos junto a Jorge Luis Borges y Julio Cortázar.
Todavía en las calles y plazas de esta ciudad se escucha aquella confesión que les hiciera a sus amigos: “Yo soy de todos lados pero más de Cipolletti”.
 
(*) Autor del libro “Osvaldo Soriano: Los años felices en Cipolletti” (Ediciones Vigilias, 2012).

¿Qué te pareció esta noticia?

0% Me interesa
0% Me gusta
0% Me da igual
0% Me aburre
0% Me indigna

Dejá tu comentario