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Se cumplen 5 años del atentado en el que murió José Maciel

A las 18 harán un humilde acto para recordarlo.

Se cumplen hoy 5 años del atentado que acabó con la vida del trabajador municipal José Maciel, uno de los tantos hechos de sangre que continúan impunes en la ciudad y que causó un verdadero impacto en los cipoleños.
El 13 de julio del 2010 a la madrugada, una bomba estalló en la esquina de Sáenz Peña y Fernández Oro, donde funciona la Escuela de Cadetes de la Policía de Río Negro. Allí había una mochila que parecía abandonada. Maciel la vio mientras barría las calles, se acercó intentó ver qué había en su interior pero no tuvo tiempo de nada. La estruendosa explosión, que se sintió a muchas cuadras a la redonda, puso fin a su vida de manera inmediata.
Bastante tiempo transcurrió desde entonces, pero las heridas de la familia Maciel siguen aún hoy sin cicatrizar. La pérdida es irreparable, pero la Justicia podría traerles algo de tranquilidad, una especie de bálsamo que acaricie sus almas y también la de José. Sin embargo, nada se sabe sobre quiénes fueron los culpables de tremendo atentado. Es más, la causa hoy no sólo está parada, sino que, según afirman los familiares de la víctima, “la cajonearon”.
Los Maciel, de todas maneras, siguen reclamando justicia e intentan, día a día, reconstruir sus vidas, muchas veces con resultados desalentadores.
Olga, de 70 años, se transformó desde la muerte de su esposo en una guerrera que hace frente a distintas enfermedades y que depende en gran parte de la ayuda que le brindan sus hijos para movilizarse en su casa o cuando concurre a una consulta médica. “Usted imagina la bronca, que está desde un principio, nada se hizo como se tenía que hacer desde la Policía, el intendente y todo lo demás. Porque todos se callaron la boca”, se quejó secamente.
Recuerda con gran pena a su esposo José porque “él era un padre de familia y jamás se metió en problemas. Yo ahora me siento un poco más tranquila a pesar de que estoy tomando cualquier cantidad de medicación y voy a seguir medicada porque esto es de por vida, hasta me provocó la diabetes”.
Sobre los intentos de colaborar con distintas pruebas, Olga no ocultó su resignación y enfatizó: “Yo qué puedo decir, no me puedo mover, eso es lo más triste, hay cosas que se han quedado atrás, que las dejaron atrás y nosotros no pudimos ayudar”.
Hoy, en un nuevo aniversario del atentado, familiares y amigos de José y vecinos en general se reunirán en el lugar del hecho, donde encenderán velas para recordar al trabajador.