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Garnacha o Grenache, el nombre de un varietal en ascenso

Es una de la variedades más plantadas en el mundo. Las hay blancas y tintas.

Hagamos memoria: ¿desde cuándo escuchamos hablar Garnachas en Argentina? ¿Cinco, diez años? Como mucho. En los últimos tiempo es un varietal del que cada vez se ven más en la góndola. Ahora se le atreven grandes jugadores, incluso. ¿Pero de qué hablamos cuando hablamos de Garnacha o Grenache?

Empecemos por las precisiones. Existen varias Garnachas. Unas son blancas, otras tintas. En general se las denomina Garnacha Tinta y Garnacha Blanca, con sus versiones en francés Grenache Noir y Grenache Blanche, y una prima remota que se la suele confundir debido al nombre, conocida como Garnacha Tintorera. La Garnacha tinta es la sexta más plantada uva a nivel mundial si hablamos de las variedades de vinificar, y si metemos también a las de consumo en fresco, desciende al puesto número diez, con unas 160 mil hectáreas en el mundo.

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Pero decir el mundo es un poco caprichoso, porque en rigor Garnacha tinta reina en el área mediterránea, con unas 81 mil hectáreas en Francia y unas 59 mil en España. En el resto del mundo se la encuentra bastante atomizada. Sólo para tener una comparación, en Argentina hay unas modesta 34 hectáreas. La distancia con los países mediterráneos es enorme.

En nuestro país, sin embargo, viene creciendo mientras que en el resto del mundo se achica. Y hay una razón concreta para ello. La Garnacha es una uva que permite elaborar vinos frutados, con paladar de elevada acidez, en dos vertientes muy marcadas: están los que embotellan Garnachas ligeras como un Pinot Noir, y quienes exploran la vertiente más apretada y concentrada.

Ahí está una de las claves para que hoy esta uva esté en ascenso entre los consumidores, y no sólo de argentina. Permite llegar a vinos maduros con un paladar de frescura elevada, lo que supone una ecuación rara para las variedades bordelesas, como Cabernet Sauvignon o Merlot. No en vano está tan adaptada el mediterráneo.

Climas cálidos y solares

Debido a ese balance en zonas donde el sol quema la piel de otras uvas y las vuelve muy maduras, con notas de mermelada, la Garnacha consigue retener una acidez deliciosa, aún cuando el perfil sea sobremaduro y licoroso. Esa característica es la que empuja a los productores a explorarla a nivel local.

Desde Salta, donde hay unos pocos vinos, hasta Valle de Uco, donde se concentra la oferta de Garnacha en nuestro país, hay varios productores que están haciendo sus primeros palotes. Si entre los pioneros está Ver Sacrum y Finca Los Cardones, luego sigue un pelotón de productores entre los que ya se cuelan bodegas de escala como El Esteco y (próximamente) Luigi Bosca (ver aparte).

GSM y otros cortes por el estilo

Más allá de los vinos varietales, es en los cortes de base mediterránea donde la Garnacha aporta buena parte de la magia y frescura. Conocidos por con la sigla GSM –de Garnacha, Syrah y Mourvedre– este corte mediterráneo tiene varias ventajas y otras tantas variantes.

Entre las ventajas, está el perfil delicado y de intensidad que ofrece, seguido de la potencia de paladar, donde unos taninos modestos sólo apuntalan el paladar sin apretar. Entre las variantes, el Syrah y el Mourvedre a veces es reemplazado por otras uvas mediterráneas, como Carignan, o Malbec en nuestro medio.

Cualquiera sea la forma, la Garnacha destaca como una uva que permite, en climas como el nuestro, ofrecer fruta y acidez. Por eso suele usarse para vinos rosados, también. En suma, es una tinta versátil y de carácter que gana adeptos en nuestro país y que, en el mundo, tiene fanas y vinos famosos. Probarla puede ofrecer una nueva paleta de sabores.

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