Mosaiqueras embellecen las paredes de la ciudad

Realizaron 8 murales en los últimos tres años y ahora van por más.

Guadalupe Maqueda

maquedag@lmneuquen.com.ar

Tal vez en el fragor cotidiano no nos detenemos a observar a fondo la obra solidaria que embellece algunas paredes de esta ciudad. Pero allí está, y vale la pena conocerla. Viva e intensa, como la huella de amor que va dejando un grupo de mujeres en los sectores más postergados y emblemáticos. Todos los sábados se juntan para crear con sus manos y aprovechar los miles de pedacitos de cerámicos que a otros ya no les sirven. Buscan en el basural, en los contenedores y también reciben donaciones. Son Mosaiqueras Urbanas, y su nombre las une en el placer de hacer murales y ser artesanas solidarias para hermosear una escuela, una biblioteca, un comedor, un centro comunitario o el hospital.

La artífice de todo esto fue Elda Diez, más conocida como Eldi, una vecina de esta ciudad que ejercía la profesión de odontóloga pero tenía enormes habilidades para las manualidades. Empezó en su casa, haciendo mosaiquismo como hobby personal, hasta que un día sintió la necesidad de salir a la calle y entregarse. Tentó a sus amigas, les enseñó la técnica, y por el boca en boca, otras se fueron sumando a la novedosa iniciativa. Actualmente, son 16 las mosaiqueras fijas que se reúnen periódicamente para seguir embelleciendo la ciudad.

Quisieron hacer conocer su trabajo en reconocimiento a la amiga y maestra, quien hace poco más de un mes partió de este mundo con tan sólo 58 años, pero dejó su legado en manos de aquellas mosaiqueras a las que siguió viendo hasta el final de sus días, aun cuando ya no podía sostenerse mucho en pie, y sentadita en una silla contemplaba la creación del último de sus murales: el de la biblioteca de Ferri. “Ella siempre fue hasta el final. No salía de su casa más que para ir con sus mosaiqueras”, recordaron sus discípulas.

A una le confesó su deseo de que continúen la obra, y a pesar del golpazo al corazón que significó su partida, este grupo de mosaiqueras hoy intenta renacer del dolor. Aunque les cuesta y por ahí les resulta difícil seguir sin Eldi, ya están imaginando el mural de Nuestra Señora del Carmen que quieren plasmar en su memoria. “Ella era muy devota de esa virgen. Queremos ver si podemos hacerlo en la iglesia de calle Arenales y Miguel Muñoz”, contaron.

Cuando arrancaron, eran apenas cuatro amigas y les llevó un año terminar el primer mural. Luego, una de ellas invitó a sus alumnas de taller y se fueron sumando cada vez más mujeres al grupo, que es un crisol de generaciones, profesiones y quehaceres diversos. Hay amas de casa, docentes, enfermeras y hasta una estudiante de Ingeniería. Comenzaron en 2014, y hasta la fecha llevan realizados ocho murales en diferentes puntos de Cipolletti.

Embellecer el espacio público

“La idea es hacer que el espacio público sea más bello, con material reciclado, sobre todo en los lugares más postergados. Y generar un impacto en la sociedad, para que la gente se comprometa con su entorno. Por suerte, es lo que ocurre. Siempre aparecen voluntarios que luego quieren embellecerlo un poco más”, contaron. Y más adelante aclararon: “Siempre nos mantenemos alejadas de las influencias políticas y partidarias”.

Pueden intervenir en el espacio público de forma directa, pegando los pedacitos de mosaicos en el muro, o bien trabajar las figuras sobre mallas de plástico. Aseguraron que, en general, las motivan las ganas de hacer algo para la comunidad, más allá de la cuestión artística, y que la actividad es una suerte de terapia para muchas, donde se olvidan de todo, el tiempo se les pasa rapidísimo y dejan atrás la semana laboral o de estudio.

La mosaiquera madre, creadora del grupo, fue Elda Diez, quien falleció hace poco. Sus discípulas tomaron la posta y no la quieren defraudar.

La mosaiquera madre, creadora del grupo, fue Elda Diez,

Un mural en cada punto de Cipolletti

En 2014 hicieron el primer mural, inspirado en un árbol, en Puente Madera. Un año después, intervinieron una de las paredes de la biblioteca Jara con un paisaje naif. También hicieron otro en el centro comunitario del Luis Piedrabuena. En 2016 ayudaron a terminar un proyecto de la Escuela 19 y participaron del llamado nacional en homenaje a René Favaloro con un mural de corazones que está en el hospital Pedro Moguillansky. Luego le cambiaron radicalmente la fachada al comedor-merendero El Trébol, con el mosaico de una familia. Este año empezaron un mural en la Escuela 53, en el marco del proyecto que lanzó Conin bajo el lema “Por una Argentina sin desnutrición” y, finalmente, hicieron el mural de la biblioteca Ferri, que es un árbol con libros.

Seguirán adelante, con Elda como guía

En el peor momento de la enfermedad de Eldi, las mosaiqueras lograron terminar el último mural, por lo que sería un despropósito desarmar el grupo, teniendo presente el deseo de quien fue más que una amiga, fue una guía. “Una persona con mucha chispa, atenta a lo que nos pasaba, tenía en cuenta a todos y nos hacía sentir que éramos importantes, que nuestra opinión contaba. Extremadamente humana, siempre con la palabra justa”, sintetizaron. Ninguna de ellas es artista plástica. Son mujeres autodidactas y lanzadas. De a poco van perfeccionando la técnica y documentan todo su trabajo en imágenes; y algunas se entusiasmaron tanto que han modificado el perfil de sus casas. Tras la muerte de Elda, se juntaron como grupo para ver cómo seguían y el próximo proyecto será en su homenaje. “Elda buscó la trascendencia a través de este objetivo, pero no para ella, sino para los demás”, concluyeron.

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