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Los 90 de Ñata, la tana que llegó huyendo de la guerra: historia de lucha y dignidad

Vino a Allen cuando tenía 15 años ("era un desierto, en el tren se me caían las lágrimas") y a los 16 fue mamá. Formó una hermosa familia y la quiere todo el pago: "Hoy no lo cambio por nada, acá fui y soy feliz".

"Pasa un avión acá arriba de casa y siento miedo de tantos bombardeos que sufrí de cerca de chica", admite Doña Ñata, para resumir esa infancia dura y llena de sobresaltos por el contexto universal, en plena Segunda Guerra Mundial.

Nació en Sicilia, Italia donde vivió hasta los 7 años, cuando su familia se trasladó a una colonia de ese país en Africa pero allí también los conflictos bélicos obligaron a huir con sus padres y hermana como podían.

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"Volvimos a Italia y una nona que teníamos en Argentina nos propuso que vengamos para acá. Así que vendimos la casita para pagar los pasajes del barco y llegamos a este hermoso país en 1948. Recuerdo que en el tren desde Buenos Aires a la Patagonia se me caían las lágrimas una vez que pasamos La Pampa por el desierto que era todo esto. Veníamos con trajecitos y sombreros y hubo que meter las patas en el barro al bajarnos, jaja. Pero hoy no lo cambio por nada", cuenta la encantadora mujer que acaba de cumplir 90 años y es dueña de una ejemplar historia de lucha y sufrimiento, de resiliencia, de dignidad y valores que supo transmitir a las nuevas generaciones.

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Llegó a la región con 15 años y "me enamoré y me casé enseguida, a los 16", recuerda rodeada de varios de sus 10 nietos (también tiene 9 bisnietos). Aquí formó una hermosa y respetada familia con su compañero de toda la vida, que hoy brinda con ella desde el cielo.

Típica tana fuerte, no le faltó temple para moldear y "ordenar a cuatro hijos varones (Luis, Hugo, Armando y Osvaldo), ¡mamma mía..!", lanza con ese simpático acento que jamás abandona y la distingue tanto como su buen humor.

Lúcida y activa, llena de vitalidad, asegura con picardía que el sexo de sus hijos la obligó a "hacer un curso acelerado de buena suegra". Y vaya si la quieren sus nueras.

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La familia

La familia "unita". Junto a nietos y bisnietos.

Al mal tiempo siempre le puso buena cara. Nada resultó fácil en su vida. "Al más chico a los 21 meses le pusieron una vacuna, triple, le dejó medio cuerpo inválido y al tiempo le cortaron una pierna. Padeció un montón de operaciones... A la vez, mi marido estuvo 17 años sin caminar por una enfermedad neurológica. Hasta que murió hace tiempo", repasa en un pasaje emotivo. Su carácter y espíritu inquebrantable le permitieron salir adelante.

Eso sí, las circunstancias le demandaron dedicación absoluta a sus seres queridos. Presencia permanente en el dulce e histórico hogar. Es lo que tocó y no se queja. Ama de casa con todas las letras: "criando hijos, tejiendo, cocinando, haciendo las pastas, los dulces, las salsas, los famosos cannolis sicilianos", dice con una sonrisa mientras aguarda que empiece el partido de su amado Ciclón.

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Ñata con sus cuatro hijos y con su recordado marido.

Ñata con sus cuatro hijos y con su recordado marido.

Admite que no abundaban los recursos por entonces y al principio costaba parar la olla. Pero pese a todos los contratiempos nunca aflojó y una de las mayores recompensas fue ver a sus hijos recibirse en la Universidad. Uno de ellos es el prestigioso odontólogo Armando Gentili, ex Ministro de Cultura de Río Negro, dirigente de San Lorenzo de Almagro y ex candidato a intendente de Allen. Luis se graduó de Ingeniero Agrónomo. No menos popular en el pago, Hugo posee una concesionaria de autos. Y a Osvaldo, otro guerrero, lo quieren todos.

"¿Mi gran sueño? Disfrutar la familia, estoy bien, sana, qué más puedo pedir a esta altura", señala con su clásica humildad la admirable mujer en la previa a la celebración dominguera que le organizará su gente. "Tengo una linda familia, vecinos amigos, estoy hecha", celebra a modo de reflexión final sobre todo lo cosechado.

El vecino que vino en el mismo barco...

Creer o reventar, en la misma cuadra que ella en Allen vive un hombre que viajó en el mismo barco que la trasladó a ella desde Italia. Pero hay una explicación. "Resulta que mi papá lo conoció allí y luego hizo venir con nosotros a Don Scarlatta", confía la señora.

Doña Ñata le puso el pecho a las balas, literal y gráficamente, y hoy está de fiesta. Merecido lo tiene. ¡Felicitaciones!

"Agradecido por todo lo que hizo para que yo me reciba"

Doctor Armando Gentili

"Mamá es una luchadora, venir de la guerra, criar a la familia pese a todas las dificultades. Hizo lo imposible para que yo me pueda recibir en Buenos Aires y lo mismo con mis hermanos a los que les dio todo. Es muy querida en la ciudad. Su historia refleja lo que fue la inmigración y la gente que vino a laburar al país, con valores, con honestidad. Que vino a trabajar, a progresar. Es justo este reconocimiento y estamos muy agradecidos como familia".

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