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La historia profunda pasó por Cipolletti

La trajo Estela Barnes de Carlotto, titular de las Abuelas de Plaza de Mayo, luchadora paciente e inclaudicable, persona sin rencor. Y firme sin perder nunca la dulzura.
Por OSCAR CARES LEIVA

No siempre pasa la gran historia por Cipolletti. Ese hilo conductor del tiempo que tiene muchos brillos y que a veces, a fuerza de miedo, de desidia, de terror, de mediocridad, parece hacerse invisible y casi desaparecer. Pero que está. Y que lo trajo a la ciudad, durante la semana que pasó, una de sus protagonistas más queribles, una mujer firme, paciente y sabia, Estela Barnes de Carlotto, presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo.
Invitada por la facultad de Ciencias de la Educación, que en ella homenajeó a toda su entidad defensora de los derechos humanos, Carlotto demostró, una vez más, que la lucha y la abnegación en busca de altos propósitos no es obra de iluminados sino de personas comunes y cotidianas que saben estar a la altura de lo que la realidad les impone, mucha veces ante disyuntivas terribles y dolorosas.
Y es que el paso de los años ha ido haciendo a esta mujer, que ya franqueó los ochenta de vida, un ejemplo como pocos de la dignidad ante la adversidad, y también un baluarte de la democracia y de su consolidación en la Argentina como un sistema más libre, más soberano y más justo.
La grandeza de su personalidad, tan vital, se traduce en cada palabra que desgrana, lo que se pudo apreciar en su charla en la facultad cipoleña. Porque allí se pudo escuchar frases como esta: “No hay que ser indiferentes al paso de la historia, no hay que soportar cosas injustas, atropellos”, frase dicha por alguien que jamás buscó venganza contra los asesinos de su hija Laura, los apropiadores de su nieto Guido. Alguien que sólo buscó, y busca, justicia.
Por eso está también su “mea culpa”, porque ella misma, cuando muy joven, tampoco supo, desinformada, mal informada, responder bien a los acontecimientos de su época. Así, durante el golpe contra el presidente Juan Perón, en 1955, “yo tenía en brazos a Laura, y no hice nada, al contrario. Y digo que si todos, donde también yo estoy, hubiéramos hecho algo, no hubiera habido un 24 de marzo de 1976 y los 30.000 compañeros de Laura estarían vivos”. Claridad llena de reflexión, pasión sin rencor.
En sus expresiones, lo siniestro se disipa, el recuerdo se vuelve una descripción exacta. Como cuando se refirió a su ciudad durante la dictadura. “La Plata era una ciudad de cacería. Eso que se ve en las películas o se dice de los Ford Falcon sin patente, con hombres adentro todos con capucha y armas atrás que se veían, envueltas en frazadas, era lo cotidiano en sus calles”.
O cuando se acordó de un cipoleño, desaparecido él, Victorio Perdigue. “Era compañero de mi hija Laura, y un día yo lo conocí, un chico divino, como todos. Y un día vino mi hija llorando y me dijo ‘mamá se lo llevaron a Victorio, se lo llevaron’. No hablábamos de desaparecidos, no existía todavía esa palabra. Se lo llevaron era la muerte, el no volver”.
Su comprensión de los hechos, a fuerza de sondear en ellos y de dilucidarlos, hace transparente su expresión. Fue categórica, por eso, al hablar de que en el gobierno militar hubo “un plan sistemático de robo de bebés”. Y al indicar, luego, que “hoy sabemos donde está cada lugar donde se martirizó y se masacró gente y nacieron nuestros nietos, los cuales fueron maternidades clandestinas que funcionaron”.
Por lo mismo, fue contundente al señalar que “en la Argentina no hubo guerra” durante la dictadura, como afirman algunos. “No hubo guerra sucia ni limpia, hubo un terrorismo de Estado contra una población”, enfatizó, y recibió un sonoro aplauso de los presentes.
Carlotto manifestó también que no se puede “clausurar la memoria por decreto” y que siempre, en la sociedad, “tenemos que hablar con sinceridad y no encubrir los delitos, ni amparar lo inmoral”.
Mucho más dijo bien la referente de las Abuelas, quien recordó que “la Argentina lleva la bandera de avanzada en el tema de los derechos humanos” en el mundo. Y no por nada, porque ella y sus compañeras, mucho han hecho para que sea así. Por eso, y más, son parte de la historia profunda.