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Escuelita II: Juan Pailos no declaró porque denunció persecución laboral

El cipoleño afirmó haber sido amedrentado en su trabajo en el hospital por un médico de apellido Rubianes, padre de una de las defensoras de los imputados del juicio.

El Tribunal Oral Federal de Neuquén postergó la declaración de Pailos en la causa que investiga la detención y torturas sufridas en la comisaría Cuarta de Cipolletti.

Dos de los tres testigos que debían declarar en la audiencia de ayer en el juicio a 24 represores en la causa “La Escuelita II” desistieron de declarar por sentirse amedrentados.
El Tribunal Oral Federal de Neuquén postergó la declaración de los hermanos cipoleños Juan Domingo y Julio Eduardo Pailos, quienes tenían que testimoniar como testigos de la detención y torturas sufridas en la Comisaría 4 de esta ciudad por Raúl Sotto, Oscar Contreras y Ricardo Novero en marzo de 1976.
En tanto, Jorge Osvaldo Pailos no asistió a la audiencia por encontrarse seriamente enfermo.
El Tribunal resolvió hacer lugar a un planteo efectuado por la Fiscal de Primera Instancia de Neuquén, María Cristina Beute, quien reclamó que se disponga la seguridad de los testigos a cargo del Programa Nacional de Protección de Testigos.
Ahora el Tribunal deberá resolver cuándo los convocará nuevamente.
Sotto y Contreras prestaron declaración el viernes 27 de abril en tanto el testimonio de Novero se solicitó que sea incorporado por lectura porque falleció en el año 2010.
 
“Insostenible persecución”
Como sucedió en la última audiencia, en el Salón Verde de AMUC donde se realizan las audiencias sólo estuvieron presentes tres de los imputados: Alberto Camarelli, jefe de la entonces Comisaría 24 de Cipolletti; Miguel Ángel Quiñones, oficial subayudante de Inteligencia de la Policía de Río Negro, y Gustavo Viton, quien fue Jefe del área con asiento en la 24.
Juan Domingo Pailos dijo que es empleado en el Hospital de Cipolletti desde hace 38 años y que desde hace un tiempo viene sufriendo una “persecución total” por parte de un médico de apellido Rubianes.
En declaraciones a la prensa, Pailos explicó que el profesional es el padre de Paola Rubianes, quien junto al abogado Hernán Corigliano defiende a los imputados Gustavo Viton, Sergio Adolfo San Martín y Jorge Eduardo Molina Ezcurra, Hilarión de la Paz Sosa, y José Ricardo Luera. Tanto San Martín como Molina Ezcurra eran operadores directos del Servicio de Inteligencia del Ejército, donde también se desempeñaba Raúl Guglielminetti.
El testigo-víctima aclaró que precisamente el doctor Rubianes resolvió su traslado al Hospital de Fernández Oro y que frente a esta situación se negó. “Hace 27 años que estoy en el sector de mantenimiento y hubo un cambio de dirección y toda una persecución hacia mi persona. Me negué a ese traslado y hace unos días cambiaron la cerradura en el sector en el que estaba trabajando”, expresó Pailos. Mencionó que todo esto ocurrió cuando estuvo a cargo en forma provisoria de la dirección del hospital un médico que es el padre de la defensora de varios imputados.
Además, denunció que un supervisor recientemente incorporado a quien identificó como Marcelo Medín, también es parte de las persecuciones personales y que alcanzan a su grupo familiar. “Me siento quebrado”, aseguró Pailos.
 
Tormentos en la U9
Comentó a la prensa que en marzo de 1976 fue detenido en Cipolletti, junto a otros dos hermanos, y trasladado a la comisaría de esa ciudad y posteriormente a la U9 donde permaneció cuatro meses y fue sometido a todo tipo de tormentos y también golpeado con brutalidad. Aseguró que en prisión se encontraba Novero y otros militantes.
“Nos sacaban a las 3 de la mañana de la cárcel y nos llevaban a la Policía Federal en Neuquén y nos golpeaban”, aseguró Pailos, y agregó que en una oportunidad fue revisado por un médico “porque si no me mataban, aunque ya estaba como muerto porque no conocía a nadie de los golpes que me habían dado”. Mencionó a Viton, Quiñones y Camarelli como responsables de lo que ocurría en la comisaría de Cipolletti. Además recordó que los ex policías Saturnino Martínez y Julio Villalobos “me pegaban, me acuerdo porque aún tengo los golpes”.
Sostuvo que fueron los mismos militares quienes lo reincorporaron a su trabajo en el centro de salud, en 1983, y aclaró que antes de ingresar fue advertido que debía permanecer “callado”.

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