En Neuquén se juega con las dos hinchadas

Justo ayer que se habló todo el día de los visitantes sí o no en las finales, LMN reunió a los hinchas locales más fanáticos de ambos.

POR FABRICIO ABATTE - abattef@lmneuquen.com.ar

“Boca, mi buen amigo...”, cantan los miembros de la peña Azul y Oro. “¡Soy de River, soy de Riveeer!”, entonan al mismo tiempo y pegaditos al acérrimo rival los miembros de la filial 7 de Octubre de Neuquén. La base del Monumento hace las veces de improvisado escenario. Los separan, únicamente y vaya paradoja, dos réplicas de Copa Libertadores, ese trofeo que desvela, que les quita el sueño como contarán (“no puedo dormir”, la frase más escuchada).

La gente que pasa por allí mira incrédula y pide permiso para sacarse fotos con los trofeos y las banderas. Algunos curiosos se quedan incluso el tiempo que dura la producción y expresan sus sentimientos futboleros. Desde los autos surgen bocinazos y gritos a modo de chicana en ambas direcciones. Los conductores del Millo gastan a los xeneizes y viceversa. Y los protagonistas de la nota devuelven gentilezas con la misma onda.

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El micro del chofer bostero cuya historia reflejamos ayer no arranca hasta que los flashes y cámaras no lo captan. Y eso que va lleno el bondi... ¡Revolución libertadora en el centro neuquino! Hasta el clima parece aliarse con la iniciativa: la tormenta de minutos antes da paso a un hermoso sol.

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Justo el día en que surgió la posibilidad de que la final de la Libertadores se juegue con público visitante, es decir, con las dos hinchadas, LM Neuquén reunió a varios de los simpatizantes locales más fanáticos de ambos, los que viajan casi siempre a Buenos Aires, los que están emocionados con esta histórica definición, en una producción especial. La idea, además del color: enviar un claro mensaje de que pueden convivir en armonía hasta los que más sienten los colores. Al menos, en esta parte de la Patagonia…

Mario Laffite, su bella hijita Jazmín, Marcos Gruici, Javier Flores, Alicia Castillo y Marcelo Albarrán, por el lado de Boca. Pablo Pérez (sí, justo como el volante del eterno rival), su hijo del mismo nombre, Pepe Sandoval, Carlos Quiroga, Ramón Jara y Alberto Carrera, del lado de River.

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“Esta mancha no se borra más…”, dice con doble sentido Flores y se besa un escudo de Boca que tiene tatuado. Y recuerda una locura de su primera vez en la cancha: “Contra Vélez. Fui enyesado pero igual me subí al alambrado”. Promete imitarlo Marcos Gruici. “Ganamos la séptima y me tatúo el 7 con la Copa”, tira quien tuvo el mejor regalo de cumpleaños de su vida un 3 de mayo en el que “les ganamos 2 a 0 a River con goles de Pérez y Pavón. Ojalá se repita el resultado ahora en la ida”, desea.

Chiqui Quiroga, uno de los que se bancaron heroicamente el cotillón y la música xeneize mientras esperaba a sus amigos del Millo, asegura: “Se hace un esfuerzo grande para ir a la cancha, pero por River daría cualquier cosa. Mi corazón dice que seremos campeones” y se muestra a favor de jugar con público visitante.

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“River es todo en mi vida”, dice al borde de las lágrimas Alberto Carrera, otro histórico de la filial del Millo, y admite: “Me levanto y sólo pienso en la final”.

“La cábala es el Tata, un integrante de la filial que no está que nos ayuda desde arriba. Y después verlo siempre desde el mismo lugar en la Centenario baja y enviarle un mensaje al presidente D’Onofrio cuando estamos viajando para allá”, revela Pérez, el presidente de la 7 de Octubre, que tiene 20 años de vida y 80 socios activos.

“Y dale alegría a mi corazón, la Copa Libertadores es mi obsesión”, suena al final. En Neuquén se juega con las dos hinchadas.

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