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Dos narcos estudian para salir de la cárcel

Integraron el clan Montecino y sufrieron duros castigos. En prisión hacen talleres y cursos.

Las severas condenas aplicadas por el Tribunal Oral Federal de Roca a los integrantes del clan Montecino no solamente sirvieron para desmantelar una red de narcotráfico que funcionaba en gran parte de la región valletana, sino para un llamativo cambio de vida de los principales involucrados que, desde el encierro, intentan revertir su pasado delictivo. Los más jóvenes apelan al estudio y los cursos con el fin de lograr una reducción en las penas de prisión y, además, contar con una alternativa laboral a la hora de abandonar la cárcel.

Uno de los ejemplos está representado por el cipoleño Cristian López, quien está purgando un castigo de 7 años de prisión. Era uno de los cómplices de Montecino de más corta edad y junto a su novia, Suyai Domínguez, recibieron largas condenas. López, de 24 años, permanece preso en la Unidad 5 de General Roca y decidió realizar en el 2016 un curso de apicultura que se extendió hasta diciembre. Bajo la supervisión de la escuela especial para adultos Julio Argentino Roca, el joven completó 180 horas de actividades y pudo aprobar el taller.

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“Se reducen los plazos para avanzar en el PRP -adelantando los tiempos en que una persona privada de la libertad pueda ir progresando dentro del tratamiento penitenciario-, manteniéndose incólume el monto de la pena y el cómputo de la misma en cuanto a la fecha de su agotamiento y caducidad registral”. Alejandro Silva Juez de Ejecución del Tribunal Oral Federal de General Roca

En base a la ley 24.660 y por estímulo educativo, le correspondió una reducción de los plazos de dos meses. La fiscal general Graciela de Grange se mostró de acuerdo con el beneficio otorgado y el ex fiscal cipoleño Alejandro Silva, hoy juez de Ejecución, hizo lugar a la presentación.

Otro de los jóvenes que sufrieron una condena importante fue Héctor “Pocho” Bravo, quien se encontraba a las órdenes de Sergio “Condorito” Dávila. Le impusieron 6 años al igual que a su hermana, Ramona Susana Luna.

Durante su estadía en el penal federal roquense, Bravo, de 24 años, resolvió retomar sus estudios secundarios, completó el primer año del nivel medio y fue promovido para cursar el segundo año. También ajustándose a la ley 24.660, artículo 140, el juez de Ejecución lo benefició con una reducción de un mes.

Mientras que López era una de las personas de más confianza del fallecido Montecino, Bravo cumplía el rol de delivery de Condorito Dávila, quien administraba el negocio narco desde la cárcel.

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