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Cómo acordaban la venta de droga

La banda narco comandada por los hermanos cipoleños Héctor y Ruth Montecino no sólo asignaba roles específicos. Tenía códigos para comunicarse. Un excesivo cuidado para no llamar a los estupefacientes por su nombre.

Es así que a la marihuana y a la cocaína la denominaban en otros términos: “chori doble”, “tableta”, “galletita”, “blanca”, “blanquita”, “humito”. Todas acepciones que, fuera de contexto, poco se entienden o pueden generar distintas interpretaciones.
En ese universo, Héctor aparece en el centro de los mensajes de texto analizados y llamadas telefónicas que mantenía con sus colaboradores para proveer los estupefacientes y coordinar distintas operaciones destinadas al narcotráfico en la zona del Alto Valle de Neuquén y Río Negro.
Por caso, se menciona a Olga Jorquera como uno de sus contactos principales para almacenar y abastecer la sustancia en su casa de la calle Perú al 1.100, del barrio Don Bosco en Cipolletti.
A esta mujer también se le reprocha que haya preparado los pedidos de Héctor y a cambio recibiera una contraprestación de dinero.
Imputada por tráfico de estupefacientes en la modalidad de almacenamiento, Jorquera, que en la apertura del juicio dijo ser maestranza del Municipio, habría mantenido diálogos de rutina con Montecino.
Héctor la llamaba “tía”. De esta manera, la nombró en una llamada telefónica que la mujer le realizó durante la etapa de observaciones que realizó la Policía neuquina antes de dar el golpe. El diálogo forma parte de la evidencia incorporada a la causa. 

La transcripción textual de esta escucha, a la que tuvo acceso a este diario, es sólo un ejemplo de numerosas comunicaciones analizadas por la Policía neuquina.
Orientaría la investigación hacia el tráfico de estupefacientes y pondría al descubierto el vínculo de Montecino con una de sus colaboradoras, sindicada por policías de Toxicomanía como una de sus referentes para acopiar la sustancia.
Con “tableta” y “galletita”, los imputados se refieren a la cocaína. También al introducir la palabra “chori doble”, que simula al empaquetado de dos tizas colocadas a la par.
“La chica” que menciona Montecino en la comunicación sería nada menos que su propia hija Jessica. Esa es la sospecha de los investigadores policiales y judiciales, a tal punto que en la causa aparece acusada de retirar y trasladar la sustancia de los lugares de acopio y realizar otras tareas como recibir pagos y atender a proveedores con residencia en Buenos Aires.
Más de 50 líneas telefónicas fueron analizadas para revelar las operaciones de la organización investigada y, en ese marco, reconocer la red de complicidades que hacía posible el negocio de la droga.
La meticulosa tarea, que se extendió seis meses, arrojó una cantidad numerosa de escuchas y mensajes de texto decodificados para aportar como prueba a la causa denominada “Nacimiento”.
 A esto, se incorporan mensajes de texto que mantiene Montecino con diferentes personas, los cuales indicarían que su rol era proveer estupefacientes a terceros.
“¿Cómo andas Ceci, puedo pasar por allá?”, es el mensaje que Héctor mandó el 17 de agosto de 2011 a uno de sus contactos de Centenario. Fue en la etapa de observación previa a los múltiples allanamientos del 21 de septiembre.
 “Si vnga/Nik le lleva 4100. Mandm 30 blankas. Mañana le llevo más plata, se empezó a mover un pok más x suert”, responde una de las acusadas.
También se registra como evidencia el siguiente mensaje: “Héctor me podés separar 50 ti y no te preocupes ke 4 luca ya tengo para darte. Yo kiero ke me separes 50 y ke mendoza me traiga 30 porke tengo ke entregar ahora”.
“Mendoza” sería un ex colaborador de Montecino dedicado al “delivery”, que fue mencionado como tal en la primera rueda de testigos.
La situación de Montecino se agrava, además, por valerse de la intervención de menores de edad.
Estas desgrabaciones se añaden a las filmaciones, observaciones en campo, secuestros y otras averiguaciones reunidas a lo largo de la instrucción.
Ahora, la expectativa está puesta en lo que testigos puedan aportar con su declaración en el juicio, que ya inició con numerosas objeciones y cuestionamientos por parte de la defensa hacia el tribunal y los policías que ofrecieron testimonio.
“Esta es la causa de las escuchas telefónicas”, sostuvo el defensor particular Juan Vincenty, al término de la audiencia del viernes. Asiste a nueve cipoleños de los 23 imputados; entre ellos Héctor y Ruth Montecino. Reconoció que tienen valor y orientan la investigación, pero dijo: “Hay que ponerlas en su lugar. No son un medio de prueba directo y las están usando como tal”.

J:-Hola
M:-¿Cómo anda?
J:-Bien, bien
M:-Escuchame tía, sabés que necesitaría cinco galletitas
J:-Si
M:-Cinco tabletas
J:-Ajá
M:-Viste que en total eran cincuenta y retiramos cinco el otro día
J:-Si, si, si
M:-Serían cinco más
J:-¿Urgente?
M:-Y después choris doble. Nos están quedando seis
J:-Si, si
M:-Bueno, te pago todo junto. No hay problema
J:-¿Pero cuándo?
M-El lunes
J:-¿Seguro?
M:-Cien por cien, te lo afirmo ya. Ahí tenés otro sueldo más, más que un sueldo tenés
J:-Y si- respondió entre risas-.
M:-¿Me entendés? Así que eso dalo por descontado.
J:-Bueno
M:-El lunes sin falta
J:-Ajá
M:-Estamos, de las cincuenta tabletas sacamos cinco. Necesitaría cinco más.
J:-Ajá
M:-Y de los choris se siguen manteniendo los seis
J:-Sí, sí
M:-Bueno, ¿en cuánto puedo pasar?
J:-Eh, este. Yo ahora no estoy en casa. ¿Los necesita muy urgente?
M:-Por eso, en cuánto tiempo
J:-Media hora
M:-Dale, en media horita
J:-Bueno, bueno, listo
M:-Dale, ahí va la chica
J:-Bueno, bueno
M: Esperás afuera por favor, cuando yo te avise
J:-Sí, sí. Listo, nos vemos

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