En Las Perlas, se cumplen este viernes 5 de junio 40 años de que la comunidad fuera reconocida como Comisión de Fomento. Sin embargo, la autonomía le duró poco.
Se cumplen este viernes 5 de junio 40 años del decreto provincial que determinó la creación de la Comisión de Fomento de Las Perlas, reconociendo su especificidad y autonomía en el contexto rionegrino. Sin embargo, la independencia le duró poco a la comunidad de entonces, puesto que el año siguiente se la incluyó por ley en el ejido de Cipolletti.
La trascendencia del 40 aniversario del que fuera breve período autónomo ha reverdecido y ha vuelto a hacer florecer con intensidad los sentimientos localistas e independentistas de los perlenses, que no quieren seguir perteneciendo más a la administración municipal cipoleña y, en cambio, desean fervientemente manejar ellos mismos los destinos de su pueblo, convertido desde hace ya unos años en una auténtica ciudad por su numerosa población.
Por eso, este viernes, en horas de la tarde, vecinos autonomistas y que luchan por la municipalización de su comunidad prevén concretar una volanteada en el sector más céntrico del poblado y en el acceso del puente. La iniciativa se repetiría en la jornada sabatina.
Con más de 20.000 habitantes, Las Perlas es una localidad que no termina de ser reconocida como tal por diferentes circunstancias. Algunas de ellas, clave, como que la enorme mayoría de los perlenses no está interesado en actualizar su domicilio y que en su DNI figure que es poblador de Río Negro. No lo hacen porque tiene documentos personales obtenidos en Neuquén, donde trabajan, estudian y acceden a diversos servicios.
En cambio, en Las Perlas las carencias son muchas, las posibilidades laborales sumamente acotadas, casi inexistentes, no hay red de agua potable, no hay red de gas, no hay cloacas y la vida cotidiana y común plantea retos permanentes que desaniman a cualquiera a estampar su domicilio real, en el lugar, en sus documentos.
Por eso, el padrón de votantes para las elecciones, que revela la cantidad de adultos mayores de 18 años radicados efectivamente y con sus papeles al día nunca se ha movido de las 1.100 personas o un poco más. Una cifra exigua, escasa y poco atractiva para los políticos de todas las tendencias, que necesitan para sus carreras adherentes y votantes que les reporten apoyos tales que inclinen las balanzas y muevan el amperímetro.
Así, la contradicción entre sentirse perlense, no sentirse en absoluto cipoleño, y la necesidad de seguir vinculado simbólica y existencialmente a Neuquén, sigue sin poder superarse y ayuda a crear las condiciones para mantener el statu quo, un statu quo donde habitar Las Perlas es sinónimo de una casi constante postergación.
El horizonte pintaba distinto a mediados de los '80 del siglo pasado. Merced a la acción pionera de Miguel Lembeye y su empresa Forestadora del Limay, que tenían la propiedad de las tierras del entonces paraje Rincón de Las Perlas, se fue abriendo el lugar a un paulatino poblamiento, que fue ganando en intensidad a medida que se comprobaba que era un sector, aunque apartado, agradable y atractivo para vivir.
Ya en esos años, quienes lo conocieron, aseguran que Lembeye habría sido partidario de que la comunidad que empezaba a crecer debía desarrollarse con autonomía, tener un presente y un futuro autónomo. No se trataba de nada quimérico, por cierto, teniendo en cuenta su singular ubicación en el territorio rionegrino, muy apartada de otros centros urbanos provinciales.
Alejada de El Cuy, cabeza del departamento homónimo, donde se encuentra Las Perlas, por unos 180 kilómetros de un camino de tierra, la ciudad rionegrina más próxima es Cipolletti, a unos 20 kilómetros de distancia, por ello pertenece a su ejido.
Por ese entonces, en Cipolletti no había ni puente ni balsa para cruzar el río Negro y comunicarse luego con Las Perlas por tierras de Río Negro. Tampoco Las Perlas contaba con puente y su vínculo con Neuquén se hacia inicialmente en botes y luego en una balsa.
En ese contexto, la alternativa de contar con autoridades oficiales para el núcleo poblacional, de cada vez más acelerado crecimiento, se plasmó en el decreto provincial N°643, de 1986, por el cual se conformó la Comisión de Fomento de Las Perlas. Si bien, la responsabilidad administrativa recaería en una persona designada por el Poder Ejecutivo rionegrino, del que dependerían sus funciones, la creación de la Comisión de Fomento fue un paso histórico clave para el devenir de la comunidad.
Asumió las funciones de comisionado don Juan Carlos Contreras, quien tuvo colaboradores como Venancio Padilla, quienes pusieron en marcha la administración.
Pero la Comisión de Fomento y la autonomía del paraje iban a durar poco. Ocurrió que, en esos años, en el Municipio de Cipolletti cobraba fuerza el proyecto de extender el ejido urbano hacia la Margen Sur, región inmensa y casi completamente despoblada. La propuesta cipoleña obtuvo respaldo en la Legislatura de Río Negro y fue así como, en 1987, se consensuó la ley provincial N°2.198 que expandió el ejido cipoleño hacia el sur de los ríos Negro y Limay.
Con ello, la Comisión de Fomento sufrió un mazazo definitivo demoledor y los perlenses se quedaron sin los derechos institucionales que habían conquistado apenas un año antes. Los planes de anexión territorial de Cipolletti se terminaron de plasmar definitivamente en 1990, cuando quedó firme y en claro que Las Perlas pasaba plenamente a jurisdicción municipal cipoleña.
La comunidad perlense pasó a convertirse en un barrio de Cipolletti. La comuna designó un delegado municipal, dependiente de su secretaría de Gobierno, para gestionar los asuntos perlenses. Uno de los primeros delegados fue Ángel Castilla y el actual, el del presente, es Carlos Aimasso, quien ocupa el cargo desde hace más de 15 años y estaría pronto a dejarlo por su avanzada edad. Tiene más de 80 años.
Pese al corto tiempo que funcionó la Comisión de Fomento, la huella que marcó en la historia de Las Perlas ha sido imposible de borrar. Están los papeles, están los archivos, están las designaciones y está el recuerdo de quienes consideraron ese momento de autonomía como algo fundamental y una parte integral e inalienable de la identidad perlense. Cuarenta años después del acontecimiento, la memoria del reconocimiento como pueblo independiente y aparte se mantiene más candente que nunca.
Y no se quiere que tal memoria y tal reconocimiento como pueblo libre se empañen o se abandonen por circunstancias actuales, por más que tengan un trasfondo, si no justificativo, al menos de llamado de atención. Y es que las dificultades en la provisión de agua, agua que, además, no es potable, han crispado los ánimos, en particular, de algunas personas jóvenes. Que han llegado a plantear, en reuniones de vecinos, la alternativa de pedir la anexión por parte de Neuquén. O sea, que la comunidad deje de pertenecer a Río Negro y se incorpore a la vecina Neuquén. Tremendo.
Sin embargo, hay gente que viene luchando hace años por un pueblo de Las Perlas que vuelva a ser independiente, que recupere su autonomía y su libertad, esa autonomía y esa libertad pasajeras, pero indelebles que se lograron tener en 1986. Y su lucha no es, en absoluto, por una cuestión de nostalgia ni de mera terquedad. Claro que no.
Lo es porque estiman que el camino de la autonomía, de la soberanía del pueblo propio, es el único capaz de conducir a Las Perlas por la senda del progreso, de las mejoras, de la consecución de tantas cosas que hoy faltan, y que son muy necesarias, y que son impostergables.
Con este propósito, un grupo de vecinos, entre quienes se cuentan Juan Carlos Gambero, Guillermo Lopumo y Néstor Padilla, están impulsando la conformación de una Mesa Política para la Autonomía Perlense, cuyas simbólicas puertas están abiertas para la participación de todo quienes se interesen por seguir en la brega por una comunidad con instituciones públicas y gobierno propios, elegidos por los habitantes.
Estos perlenses están decididos a actuar y a volver a poner en el centro de la arena política el debate autonómico y municipalizador. En el pasado, sus esfuerzos personales y los de otros perlense tuvieron eco y la posibilidad estuvo cerca de alcanzarse, al menos, en cuanto a la generación de una amplia expectativa y la obtención de respaldos y apoyos destacados.
Por ejemplo, entre quienes primero se convirtieron en sostenedores de la propuesta autonomista se contó el recordado intendente Julio Arriaga, fallecido en 2023. En su gobierno, directamente, y materialmente, se puso la camiseta de la autonomía de Las Perlas, que no dejó de apoyar hasta los últimos días de su vida. Arriaga comprendió que el Municipio no podía hacerse cargo de una comunidad que, ya en sus tiempos de jefe comunal, se había transformado en una localidad compleja y con un crecimiento demográfico explosivo.
El respaldo a la autonomía lo continuó y sostuvo el sucesor de Arriaga al frente del Municipio, el ex intendente Alberto Weretilneck, actual gobernador de Río Negro. Weretilneck también fue un claro y decidido partidario de la autonomía perlense y trabajó por ella con ahínco. Con los años, ya siendo gobernador, ha ratificado su compromiso, pero, al parecer, el volumen de las inversiones que deberían acompañar la autonomía y creación de un nuevo municipio, habrían pausado sus ánimos.
Otros jefes comunales que ha tenido Cipolletti que han acompañado la alternativa autonómica han sido Abel Baratti y Claudio Di Tella, aunque no se enfocaron en el tema con la determinación de Arriaga y Weretilneck. En tanto, el ex intendente Aníbal Tortoriello no se mostró muy afín a la propuesta y hasta proyectó la inclusión de Las Perlas en la visión que albergaba para el desarrollo de la Margen Sur.
Por su parte, el actual intendente Rodrigo Buteler no sería contrario a la posibilidad de la autonomía, pero no para este momento. Es decir, no se contaría entre sus prioridades, ya que privilegiaría, por sobre todo, atender las necesidades más acuciantes de la población perlense, que son muchas.
Después de la pérdida de la autonomía, poco o nada ha cambiado, a nivel administrativo y de representación oficial, en la comunidad perlense. Tampoco en las consecuencias para la población, que se siente olvidada en numerosos asuntos de interés colectivo.
"Durante todos estos años, ya más de cuatro décadas, nuestro pueblo fue sometido al olvido, abandonado por todas las políticas públicas tan necesarias para una localidad que crece sin cesar, cada día, sin la más mínima regularización territorial, sin existencia de un contralor de urbanidad, utilizado en cualquier otro lugar de las comunidades del Valle", cuestionan los integrantes de la Mesa Política para la Autonomía Perlense.
Sostienen, con entusiasmo, sin embargo, que "hoy, 2026, ya con unos 20.000 habitantes, 15 barrios y 6 tomas, tenemos la gran posibilidad de concretar el viejo anhelo de alcanzar la autonomía perlense, para así dejar de depender de una administración que no convive con nosotros", siendo Las Perlas "un pueblo olvidado".
En su opinión, Las Perlas "puede, debe y tiene que ser UN MUNICIPIO, aunque sea pobre, pero digno", avanzando en lo contemplado en "nuestra Constitución Provincial en sus Artículos 226º y 242º".
Al efecto, "debemos sumar todos los esfuerzos, pensar en el conjunto, dejar las individualidades de lado para construir una fuerza dentro de nuestro pueblo que facilite este camino de autonomía, que es un derecho, que es un merecimiento, y que de una vez por todas el Estado rionegrino nos reconozca como pueblo".
De allí, entonces, la consigna "Barrio No, Pueblo Sí".
A su juicio, los años transcurridos desde la pérdida de su libertad "sin lugar a dudas, decimos que fueron utilizados por el Estado municipal y provincial para negar e impedir el desarrollo autonomista de nuestro pueblo. Autonomía que le hubiera dado a la vecina y al vecino plena participación en la búsqueda de las soluciones integrales para nuestra comunidad toda. Basta de negación al pueblo perlense". Por ello, la consigna: "LAS PERLAS PARA LOS BALSEROS, AUTONOMÍA YA".
"Todos aquellos que en algo hemos aportado a la causa de nuestra autonomía como pueblo, nos ponemos a trabajar bajo la unidad perlense para dignificarnos social, cultural y políticamente como merecemos, honrando a los primeros habitantes que tuvo este bendito lugar", enfatizan.
Volver a instalar el reclamo autonomista y municipalizador, es un deber "por ellos", es decir por los perlenses todos y, por lo mismo, un deber "por nuestros hijos y nietos. Por nuestras instituciones. Por nuestros abuelos. Por nuestros jóvenes estudiantes. Por la historia". Al efecto, la propuesta es categórica: "Fundemos una gesta municipalizadora perlense" y el llamado final a cada uno de los pobladores es "este 5 de junio participá, reencontrémonos, con identidad perlense, construyamos consenso en unidad, luchemos por un futuro más digno".