¿Y dónde están las autoridades?
Una pelea de pobres contra pobres. Es la síntesis de lo que se termina generando cuando algún sector de la comunidad encara una medida de fuerza, en la que la metodología de protesta afecta y perjudica directamente a otras personas.
Eso ocurrió durante toda la semana en Cipolletti con los cortes de ruta que encabezó el gremio de los trabajadores rurales UATRE en la zona de los puentes carreteros.
Pasó lo mismo el viernes y ayer por la noche con el reclamo que hicieron los familiares y vecinos del menor que desapareció bajo el agua en El 30. Incluso, en este caso, el pedido no daba lugar a ningún tipo de discusión como sí lo podía llegar a tener la demanda salarial de los rurales. Allí se solicitaba por una cuestión que requería de mucha sensibilidad social: que alguien tome la decisión de cortar el riego para que se pudiera hallar el cuerpo del nene, situación que tuvo en vilo durante varios días a un sector populoso de la ciudad.
Nadie se hizo cargo y las autoridades miraron para otro lado.
Seguramente la gran mayoría de los que se vieron perjudicados por este corte se solidarizarían con el pedido desesperado de los vecinos del barrio San Sebastián. Sin embargo, al desconocer los motivos de la protesta y sumado al hartazgo de acumular tres días seguidos de no poder transitar con normalidad, las quejas se hicieron sentir y hubo momentos de mucha tensión que incluso llegaron a gritos, peleas y roturas de vidrios de un vehículo. “¿Qué harías vos si fuera un familiar tuyo el que se ahogó y no lo podés encontrar?”, era una de las preguntas que le hacían los manifestantes a los indignados automovilistas, mientras les explicaban que nadie les daba una respuesta a su desgarrador pedido.
Lo que está claro es que lo del viernes se trató de una medida espontánea provocada por la impotencia de la situación. Tal es así que decidieron dejar el corte para recobrar fuerzas y seguir al otro día con la búsqueda.
Enojo y malestar
Con UATRE la situación fue diferente. Los cortes de ruta se veían venir. El martes cuando se apostaron a la vera de los caminos y sólo se movilizaron sin impedir el tránsito, los rurales recibieron el acompañamiento de la comunidad. En cambio, al iniciarse los piquetes del miércoles el malestar comenzó a tomar forma. Fueron miles los damnificados: automovilistas, camioneros y usuarios del transporte público de pasajeros. Una parte cruzó a pie y otra decidió armarse de paciencia y aguardar una hora y media para poder continuar con sus obligaciones. Con el correr de las horas y los días, el enojo creció de forma significativa.
El sólo hecho de que hubo algunos transportistas que analizaran la posibilidad de “pasar por arriba” a los manifestantes deja en claro que otra vez se está ante una situación de puja entre los sectores de trabajadores.
Acá hay que hacer la salvedad de que si bien el reclamo de los rurales es justo, tampoco se puede ser ingenuo y desconocer que existe una motivación política dado que el mandamás del sindicato a nivel nacional es un dirigente muy ligado al ex candidato a presidente Eduardo Duhalde.
Más allá de esto, este pedido tampoco tuvo respuesta de los gobernantes, en este caso de los representantes del Ejecutivo nacional.
Es probable que el Gobierno también esté haciendo su juego político en este conflicto que no sólo afecta al Alto Valle de Río Negro y Neuquén.
Y mientras los insultos, los gritos, las amenazas y las peleas son la moneda corriente en los piquetes, en los lugares donde se toman las decisiones parece no importar que se provoquen estas lamentables situaciones que terminan enfrentando a personas que deberían estar en el mismo lugar de lucha.
Lo peor: mañana volverá a ser otra jornada de caos y malestar. (A.C)
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