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Recuerdo y militancia de Fernando Jara

El cipoleño integra la lista de desaparecidos durante la última dictadura militar. Hoy, su nombre identifica a la Biblioteca de las 300 Viviendas. Sus hijas Marcela y Laura evocaron su figura.

Por Mario Figueroa

La represión del gobierno de facto castigó con ferocidad a esta familia, que no olvida.
 
Marcela y Laura son las hijas del militante cipoleño desaparecido Fernando Jara. Después de muchos años, cuentan el horror  de aquel tiempo y hablan del recuerdo de su padre.
En la tranquilidad de la siesta de octubre, reposa el barrio. Los chicos juegan animados en la vereda a la sombra de los árboles.  Algunas cuadras más allá, sobre la pared de una biblioteca, sonríe desde el cuadro la imagen de Fernando Jara, cipoleño militante, víctima de la última dictadura militar.
Casi en la esquina, en su casa, Marcela espera la llegada de la tardecita para el reencuentro con sus hijos,  prepara el mate y se dispone a conversar. Toma la palabra, habla por las dos.
 
¿Quién era Fernando Jara?
Era un hombre amoroso con nosotras, sus hijas. Era trabajador, alegre... siempre tenía un tiempito para jugar, lo recuerdo con una imagen de papá muy marcada a pesar de lo poco que vivimos con él y el lapso de memoria que puede tener un niño. Nuestros días eran los típicos de familias humildes trabajadoras, luchadoras para poder progresar. Salía muy temprano en su bicicleta y dependía de la patronal si podía o no venir a almorzar.
 
¿Cómo vivieron los años de militancia de Fernando?
La militancia de papá siempre la tuvo un poco lejos de la familia, solo recuerdo en algunas ocasiones por urgencia llegaba gente a casa.  A Laura y a mí nos mandaban a la habitación y no podíamos salir hasta que se fueran. Pero siempre salía a reuniones, a veces junto con mi mamá.
 
¿Qué recordás de la noche en que lo secuestraron?
Nosotros con Laura teníamos 5 y 4 años. Vivíamos en unos monoblocks en la ciudad de Bahía Blanca. Hacía unos meses nos habíamos mudado desde Cipolletti, porque mi padre estaba en la mira de los militares.
Una madrugada irrumpieron  en mi casa, mi papá se estaba levantando para ir  a trabajar cuando de golpe rompieron la puerta. A mamá la apuntaron con un arma de fuego en el pecho, mientras que apuraban a mi papá, todo esto lo observamos por la cerradura de la puerta,
Mientras otros revisaban y rompían a su paso todo,  buscando datos. Luego nos encerraron a las tres juntas...Con la orden  “después venimos por las pibas”.
Desde ahí comenzó un largo andar....
 
¿Qué  pasó con ustedes después de que lo secuestraron?
Después que se llevaron a papá, ese mismo día nos fuimos.
Recuerdo que estuvimos en tantos  lados, con diferentes nombres y DNI.
Por ejemplo, en la ciudad de La Plata paramos en un edificio altísimo. Era grato poder dormir en camas suaves y limpias.
Después estuvimos en una casa de campo junto a un arroyo. Allí me pude olvidar por ese tiempo de lo que sucedía alrededor, pude jugar libremente sin preocuparme, y ser niña, también me bañaba todos los días, cosa que parece una pavada pero para mi fue maravilloso.
En otra oportunidad, estuvimos en un sótano todo olía mal, la gente lloraba, el lugar estaba lleno de armas, estábamos las dos solas, sin familia,  totalmente aterradas, la comida que nos daban era repugnante, parecía que era un  rejunte  y la hacían sopa. Dormíamos en el piso con frazadas húmedas.
 
¿Y tu madre?
Bueno mamá se tuvo que separar de nosotras, para “nuestro bien” nos dijo.
Eran muy esporádicas las veces que la veíamos y muy cortas sus visitas.
Ella hizo su vida nuevamente y nosotras no formamos parte de ella.
 
¿Pudieron con tu hermana reconstruir parte  de lo que vivió tu papá en cautiverio? ¿En qué lugares estuvo detenido?
Sé que fue detenido en Bahía Blanca, que lo llevaron a Morón, se cree que estuvo también en la Escuelita de Neuquén.
Hace muchos años llegó Carlos Kristensen, con un mensaje que mi papá envió antes de morir cuando los represores lo pusieron en línea de muerte: “Peleé por una causa justa y muero para el bienestar del pueblo”.
Esta frase me genera un sentimiento de orgullo y rabia, de tristeza y alegría; es muy ambigua la sensación que me produce.
 
¿Cuándo fue la última vez que lo vieron con vida sus compañeros?
El día anterior al secuestro y el último en hablar con él fue Kristensen antes de que lo fusilaran. También hay otro hombre que estuvo con él y Kristensen al cual mi papá le dio la camisa que tenía puesta para que nos las entregara pero nunca llegó. Él está exiliado en Centroamérica, pero nunca tuvimos contacto.
 
Marcela y Laura  miran por la ventana, las estaciones del tiempo en retirada y se aferran a esos recuerdos que van y vienen como una hamaca vacía.

A los 33 años, secuestrado en Bahía Blanca

Fernando Jara nació en Cipolletti el 5 de septiembre de 1943. Mientras vivió en Cipolletti, toda su vida se desarrolló  en el barrio Don Bosco donde estaba su casa. Estuvo casado y tuvo dos hijas Marcela y Laura Jara. Trabajó como empleado en diferentes lugares como la cerámica que está ubicada en el barrio San Pablo y en Agua y Energía.
Militante, integrante de Montoneros en la década del 70, fue secuestrado en Bahía Blanca, ciudad a la que se tuvo que mudar porque ya estaba amenazado.  
Se lo llevaron del departamento donde vivían en Bahía Blanca, tenía 33 años.
Si de reconocimientos y de recuerdos se trata, Marcela explica que “al principio en esta ciudad no lo tenían registrado, creo que fue por mis abuelos. Siempre quisieron  mantener un perfil bajo por la seguridad de nosotras, siempre decían ‘son lo único que tenemos de Nando’.
Luego de fallecidos sí, se le hizo un homenaje siempre junto a los desparecidos en marzo el Día de la Memoria.
También hay una biblioteca en el barrio 300 Viviendas que lleva su nombre.
El nombre Fernando Jara, también está presente en el Libro NUNCA MÁS, en la página 221, como testimonio frío de una lista dolorosa.

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