A los 10 años lo fichó el Xeneize y desde los 12 vive en Buenos Aires. “No es fácil la distancia pero lo apoyamos en cada paso”, cuenta la mamá de Mateo, que se quedó en el pueblo. Una historia familiar conmovedora.
Si algún día Mateo Morón (15 años) triunfa en el fútbol grande, quizá la conmovedora historia familiar de la hoy promesa de Boca trascienda y se haga conocida. Con el diario del lunes siempre es más fácil... Pero en LM Cipolletti preferimos contarla ahora, sin exitismo, porque el increíble esfuerzo que hay detrás de su sueño no debe ser ignorado. Pase lo que pase, él y sus seres queridos ya ganaron aunque se merecen realmente un final feliz…
Diana se quedó en San Antonio Oeste y trabaja día y noche, en turnos rotativos, en una heladería de Las Grutas a metros de la playa. Alexis, su pareja y papá del corazón de Mateo, renunció a todo y se fue a acompañarlo: vive con él en Buenos Aires y consiguió empleo como seguridad/sereno. Ambos se desviven para que el talentoso arquerito pueda cumplir esa meta que persigue desde siempre y por la que se esmera a más no poder.
El caso del número 1 de la octava división de Boca (categoría 2011) emociona. Una movida familiar que incluyó el desarraigo y desapego de lo más preciado. El fútbol los une en una enorme ilusión y también los separa en el día a día.
Una mujer a la que de repente se le fueron su único hijo y su esposo a 1100 kilómeros de distancia. Un niño de 12 años que se despidió de sus compañeros, amigos... Un padrastro con el que hay que sacarse el sombrero.
La que ayuda a reconstruir todo es la propia Diana. “Nosotros nos acercamos en 2021 a una prueba de Boca en Las Grutas, era para una categoría mayor pero fuimos igual por las dudas. Ahí quedó seleccionado para un segundo examen en Lamarque y luego para otra en Buenos Aires, en el predio de Ezeiza. Viajaron unos 13 chicos de la zona y el primer día ya supimos que había quedado seleccionado. Fue una alegría enorme, tenía apenas 10 años. Hoy mide 1,78 y viene siendo titular”, comenta mamá coraje.
“Estuvimos viajando durante dos años. En uno de esos largos viajes a Sunchales, Santa Fe, me convencí de que él tenía que estar en Buenos Aires, porque recorrer tantos kilómetros era un esfuerzo enorme para todos y en especial para él”, explica sobre la decisión que marcó un quiebre, un antes y un después en la vida de estos estimados vecinos rionegrinos.
“Alexis, mi pareja, trabajaba en un complejo en Las Grutas y cuando surgió que uno de los dos tenía que viajar para que Mateo no esté solo, decidimos que fuera él. Yo estoy hace muchos años en la heladería, quedarme en el pueblo era mantener algo estable. Alexis ahora por suerte consiguió un trabajo más fijo, antes en Buenos Aires trabajó de lo que venía para ayudar”, reconoce el esfuerzo, el gesto de amor de su leal compañero.
“Yo trato de viajar cada 2 ó 3 meses a Buenos Aires. Gracias a Dios en mi trabajo me dan la posibilidad y Mateo se viene para San Antonio en vacaciones de invierno y de verano aunque en enero ya vuelve a hacer la pretemporada”, explica cómo y cuándo son esos ansiados reencuentros.
La emoción se apodera de ella en pleno relato. Invaden su mente imágenes de cuando tras superar los primeros desafíos en Boca lo llevaban al pibe a Viedma -casi 200 kilómetros de distancia-, un par de veces a la semana “para que se mantenga en nivel más parecido al de sus compañeros de Buenos Aires, porque el de la capital provincial es el fútbol más competitivo de la zona”.
También rememora las locuras de Alexis al capacitarse mediante cursos para entrenar en forma personalizada a Mateo (“miraba videos de YouTube, etc”), el guardametas que se inició en Talleres de la mano del profe Matías y luego se fue con él a Defensores del Golfo hasta que partió al club azul y oro.
Se ríe esta madre ejemplar al admitir que “al principio yo no quería que fuera arquero pero su pasión estaba ahí, en esa función”.
En un gran esfuerzo, la familia resolvió alquilar un departamento cercano al club para que resulte más cómoda la adaptación a una ciudad como Capital Federal que desconocían y así evitar que el tema de la movilidad y los traslados les complicara la estadía.
“Este ya es el tercer año que están allá en Buenos Aires. Mateo comparte mucho tiempo con sus compañeros en la pensión de Boca, es un lugar maravilloso con profesionales excelentes; los chicos están muy contenidos”, destaca.
“Mateo se levanta todos los días a las 5.30, a las 6 de la mañana se va para pensión y de ahí lo llevan en micro al predio de Ezeiza. Llegan, desayunan, entrenan, se bañan, almuerzan y regresan. Y a las 13 ya entra al colegio. La verdad hace un gran esfuerzo, él tampoco para en todo el día”, elogia a su niño mimado.
“Mateo va a ver todos los partidos de Primera, es un incentivo muy grande, un sueño para él. Ha estado, incluso, de alcanzapelotas, se ha sacado foto con Paredes, el Changuito Zeballos y varios jugadores más. Boca es un club muy grande. Entrenar en el mismo predio donde están los jugadores de Primera es muy lindo para mi hijo, cruzarse y que sus ídolos acepten sacarse una foto no tiene precio”, revela luego sobre los privilegios cotidianos de su pequeño “gigante”.
Diana agradece también que “toda la familia nos apoya, no fue una decisión fácil”. “El esfuerzo emocional es grande. No es fácil la distancia, pero su sueño es llegar a ser futbolista profesional y estamos firmes para apoyarlo en cada paso, deseando que disfrute lo que hace. Gracias a toda la familia, amigos, vecinos que siempre apoyan, acompañan y tanta gente buena que hemos conocido en el camino”, celebra esta mamá incondicional, de fierro.
“Confiamos y creemos en Dios, porque sentimos que cada situación vivida en estos años ha sido obra de él. Ojalá que esta historia pueda inspirar a otros chicos y familias a no rendirse. Los sueños se construyen con constancia, fe y mucho esfuerzo y es ahí donde dejan de ser lejanos y empiezan a hacerse realidad”, redondea, en un sentido mensaje final, la progenitora del arquerito que pide pista con la azul y oro.
¡Tomá Mate!, que lindo lo de Mateo y familia. Una historia que dejará “helado”, con la Boca abierta a más de uno. ¡Suerte y felicitaciones!