Por esas cosas de la naturaleza, las altas temperaturas estallaron el miércoles, horas después del fin de semana largo considerado el mejor momento de la temporada y en el que el viento usualmente fresco fue un protagonista indeseado. La máxima arrancó con 36 grados y ayer alcanzó los 38, sin ni siquiera una brisa.

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Aunque en Las Grutas se nota la ausencia de la multitud que copó las disponibilidades de alojamiento, la playa ayer se mostró bastante poblada. La costa mantuvo su típico movimiento veraniego, con sombrillas multicolores, música en los paradores y los insistentes vendedores ambulantes. La marea que se mantuvo baja durante toda la tarde y el agua y su tibieza característica completaron el cuadro en la costa rionegrina.

Muchos vecinos de San Antonio se volcaron también a la arena del balneario para calmar la tórrida jornada. Es el tiempo en que los locales disfrutan de la comodidad que encuentran ante la baja de visitantes: lugares para estacionar, nada de amontonamientos en las bajadas y hasta descuentos en comercios que buscan clientes con ofertas seductoras para el último tramo del verano.

Es notorio el cambio del perfil del veraneante. Ya no copa la escena el bullicio de adolescentes y jóvenes, dado que en su mayoría regresó a sus lugares de origen para ocuparse de las obligaciones estudiantiles. Se observan familias con hijos pequeños, matrimonios mayores y parejas jóvenes. El nuevo público es el apreciado por el comercio, pues tienen mayor poder adquisitivo.

Siguen los festejos populares

Hoy se realizará en el Polideportivo grutense una nueva edición de la Fiesta del Pulpero. Habrá muestras de artesanías y degustación de mariscos y paella. Por la tarde actuarán músicos de la región, y cerrará la Banda al Rojo Vivo.

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