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Viviana Reissig sufrió los años del terrorismo de Estado. A casi 50 años del golpe militar de 1976, teme que se esté perdiendo la memoria histórica del horror.
Viviana Reissig llegó a Cipolletti en mayo de 1976. Poco antes, el 24 de marzo, había ocurrido el golpe de Estado que dio origen a la sangrienta dictadura militar de Videla, Massera y Agosti. Eran tiempos de horror, pero en 1983 se recuperó la democracia. Pasados los años, Viviana teme que la sociedad esté perdiendo la memoria histórica del terror.
"Yo insisto, a mí me aterra que se pierda la memoria histórica en este país, porque hubo muchas luchas históricas para conseguir la democracia", expresa y llama a mantener encendido el recuerdo de lo que fueron aquellos años de persecución, represión, desapariciones, crímenes y torturas a una escala sin precedentes.
La cipoleña Viviana Reissig nació en La Plata, la capital de la provincia de Buenos Aires, hace 74 años. Docente jubilada, ejerció su magisterio en la escuela primaria, preferentemente en establecimientos ubicados en sectores populares, como la histórica Escuela 50, ubicada en la zona rural sur de Cipolletti, de la que fue directora durante varias temporadas.
Este año, este marzo, este ya cercano martes 24 de marzo, se cumplirán 50 años del golpe de Estado que entronó a la Junta Militar fascista de Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera y Orlando Ramón Agosti. El simbolismo de las fechas renovará, medio siglo después de los acontecimientos, las consideraciones, aproximaciones y análisis de lo que fue la más siniestra interrupción del orden institucional de la historia argentina.
Y, junto con las evaluaciones de políticos, historiadores, académicos, intelectuales, artistas y dirigentes relevantes, no serán pocos, al contrario, seguramente serán muchos los ciudadanos de a pie que recordarán, a medida que se aproxime el día de infausta conmemoración, y durante el día mismo y después, los complejos tiempos que se vivieron.
Por supuesto, esto pasará en personas que ya pintan las canas de la madurez y la vejez, personas que pueden evocar y expresar lo que la realidad y el devenir les tenían reservado para sus vidas.
Los años de plomo no fueron un momento para la indiferencia. Por eso, para los que sufrieron, el cincuentenario del golpe de Estado genocida traerá, a qué dudarlo, estremecimientos de dolor, angustia y bronca. Y, para quienes sabían y callaban ante las atrocidades y las tinieblas, por simple miedo, por mezquindad o por acompañar el ideario golpista, la ocasión se prestará para revalidar viejas conductas o, tal vez, y solo tal vez, para motivar un examen de conciencia.
A la verdad histórica de lo que aconteció todavía le faltan demasiados detalles, demasiadas referencias y circunstancias, demasiados interrogantes profundamente humanos que esperan una respuesta. ¿Qué pasó con los desaparecidos? ¿Dónde ocultaron sus cuerpos? ¿En qué tierras, en qué mares, en qué ríos fueron arrojados al silencio y al olvido? ¿Quiénes fueron, del primero al último, los esbirros que ejecutaron tantas calamidades?
Son numerosas las preguntas. ¿Quién urdió tanta muerte y canallada para que la sociedad argentina implosionara y el país entrara en una espiral de decadencia que se extiende hasta el presente? ¿Quién se preparó para enriquecerse en medio de tanta desgracia? ¿Quién le responderá definitivamente al periodista Rodolfo Walsh su Carta Abierta a la Junta Militar?
Porque, la verdad es que cincuenta años son nada. Y para los más jóvenes, para quienes solo conocen de oídas y de lecturas la historia de aquellos tiempos, y para quienes no conocen nada, el 50° aniversario del golpe de Estado de la última dictadura será la oportunidad indicada para interiorizarse y saber. Sobre la ignorancia no se levanta un futuro mejor.
Viviana Reissig se vino a Cipolletti porque quedarse en La Plata era, para ella, prácticamente una sentencia de muerte. La capital provincial "es la ciudad del país que, en proporción a la cantidad de habitantes que poseía, tiene más asesinados y desaparecidos", precisó, al rememorar los fatídicos hechos ocurridos medio siglo atrás. Y expresó, con una tristeza de esas que no se van más, que muchas personas de su entorno o conocidas suyas cayeron víctimas del terror desatado.
En la facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata, en la que ella estudió, "hay 61 desaparecidos y asesinados. Muchas de esas personas eran mis compañeros, que hoy no están, fueron secuestrados, algunos secuestrados en sus domicilios. ¿Por qué? ¿Por qué?". Pero, ¿qué respuesta dar ante tamaño grado de criminalidad contra jóvenes estudiantes, jóvenes trabajadores, profesionales? ¿Cómo explicar el fascismo?
"Yo nací en La Plata, viví allí muchos años y estudiaba en Ciencias Naturales. Y La Plata fue una ciudad que, antes del golpe de Estado de 1976, ya estaba sintiendo con mucha fuerza el terrorismo de Estado", recordó.
"Lo digo porque, a partir de 1974, grupos de ultra derecha vinculados a las fuerzas policiales sometieron a La Plata a una situación de crueldad y de violencia tremenda", prosiguió, en seguida.
Rememoró que "en una época era cuestión de levantarse y ver la gente que había sido asesinada o había sido secuestrada y había aparecido muerta. Y hablo de mediados de 1974, del año 1975 y así hasta el golpe de Estado de 1976 en que ya se oficializó" la violencia.
Antes del golpe, los que protagonizaban los crímenes eran gente "de la Triple A", es decir, de la Alianza Anticomunista Argentina, y "de grupos ligados a la Concentración Nacional Universitaria", conocida por su sigla CNU, otra organización de extrema derecha, despiadadamente violenta e implicada en numerosos hechos de terror. Los integrantes de estas organizaciones " trabajaban" en connivencia "con fuerzas policiales".
El accionar de la Triple A y la CNU, entre otros grupos de fascistas, constituyeron el antecedente de las actividades criminales que después desplegarían, durante la dictadura iniciada en 1976, los denominados grupos de tareas conformados por miembros de las Fuerzas Armadas, de Seguridad y de la Policía, además de elementos paramilitares.
En su accionar, los grupos de tarea multiplicarían largamente los secuestros, los asesinatos y las desapariciones de las bandas previas. No podía ser de otro modo, pues su objetivo directo fue torturar, vejar y eliminar a cualquier ser humano que consideraran un estorbo para los planes de la Junta Militar y de los sectores poderosos que representaba, cuyas ventajas y prerrogativas cuidaban, protegían y acrecentaban.
Pero antes de la dictadura, el fascismo había ido abonando el camino hacia el terror. Al respecto, Viviana trajo a colación que en estos días comenzó en La Plata un juicio contra Carlos Castillo, Juan José Pomares y Agustín Antonio Jesús, integrantes de la CNU, quienes están acusados de delitos de lesa humanidad.
Se acordó, en particular, de Castillo, ya que el padre de éste "pertenecía a las fuerzas policiales" y porque en la CNU "tenían armas y tenían todos los dispositivos para efectuar secuestros y asesinatos de la manera más cruel".
Una de sus víctimas fue el médico pediatra Mario Gershanik, asesinado el 10 de abril de 1975, a quien ultimaron "con 50 balazos encima". En ese hecho, Castillo participó como parte de una "patota", como se menta también a los grupos de tarea, que comandaba uno de los represores más conocidos y brutales, Aníbal Gordon.
Gordon, vinculado a los servicios de inteligencia y a la Triple A, dejó su huella maleva y homicida antes y durante la última dictadura militar. En su actividad delictiva, no se privó de nada: fue autor de asesinatos, secuestros, torturas, robos y asaltos. Como otros de su laya, probablemente haya tenido un gen de psicópata, o mejor, de existir, un gen satánico.
Todos esos sujetos lo que hacían era "sembrar el terror".
En ese contexto de feroz violencia paramilitar y parapolicial, "a fines de 1975 el golpe de Estado estaba cantado que ocurriría", rememoró Viviana. Y la calamidad, fatalmente, ocurrió. Y, lamentablemente, fue propiciada también por "gente impulsada por ciertos partidos políticos que, como se dice, fue a golpear las puertas de los cuarteles" para que los militares, una vez más en la historia argentina, se hicieran del poder. Con consecuencias y resultados nefastos.
Que "nadie imaginó" que podrían alcanzarse de la forma tan cruel con la que fueron consumados, pese a los altos niveles de violencia que se vivían en La Plata desde antes.
Viviana rememoró que "nosotros éramos una familia muy chiquita, mi papá, mi mamá, mi abuela, pero tenía una característica: era una familia que, sin pertenecer a ningún partido político, era una familia donde se hablaba, donde se debatía, donde se leía" y eso, en tales circunstancias, constituía un peligro.
Ella y otros de su edad, algo más grandes algunos y más chicos otros, "éramos adolescentes que, tanto en la escuela secundaria como en la Universidad, leíamos, leíamos libros, debatíamos, éramos muy lectores".
Al contrario, en esto de leer, el presente se muestra bastante desolador. "Yo ahora veo con mucha tristeza" que eso de leer y debatir "no ocurre". Al punto, de estar alarmada por lo que se está dando en la actualidad, puesto que el resultado "es que se ha perdido la memoria histórica. Y me entristece mucho".
No es para menos, porque a Viviana Reissig le tocaron vivir tiempos históricos ciertamente trágicos y dramáticos. Así, cuando ocurrió el deleznable bombardeo a la Plaza de Mayo, en junio de 1955, "yo era una niña. Pero siendo todavía niña pude escuchar las conversaciones y, posteriormente, ver las imágenes del bombardeo".
El criminal hecho fue planeado para derrocar al presidente Juan Domingo Perón, pero no lo consiguió. Sin embargo, los golpistas prosiguieron sus conspiraciones y, finalmente, el 16 de septiembre de 1955, plasmaron el golpe de Estado que terminó con el gobierno democrático de Perón y dio lugar a la llamada Revolución Libertadora. Para los peronistas, fue y será por siempre la Revolución Fusiladora, designación suficientemente clara.
En aquellos días de violencia, el contumaz antiperonista almirante Isaac Rojas, uno de los personajes que encabezó el golpe, incluso "amenazaba con bombardear la destilería de YPF, la más grande del país, que está en Berisso, en Ensenada, y nosotros vivíamos cerca. Así que yo recuerdo que fui evacuada en ese momento".
De haberse concretado el plan demencial de Rojas, podría haberse producido una explosión colosal, devastadora, con incontables víctimas y destrucción.
La vida fue transcurriendo y Viviana aún era adolescente cuando, el 28 de junio de 1966, el general Juan Carlos Onganía derrocó al presidente radical Arturo Umberto Illia, iniciando la pomposamente denominada Revolución Argentina.
Una de las primeras y más famosas acciones propiciadas por el dictador fue el desalojo, el 29 de julio de 1966, de cinco facultades de la Universidad de Buenos Aires.
Profesores, estudiantes y graduados de la UBA se oponían a la intervención de la casa de altos estudios y de otras más que habían decretado los golpistas. Estos, a tono con su idiosincrasia, fueron y los sacaron a palos. Fue la Noche de los Bastones Largos. En 1966, "yo ya tenía 15 años. Y primero lo echaron a empujones al doctor Illia y luego a empujones y a golpes a los científicos de la UBA, que se tuvieron que ir a trabajar fuera del país".
El Onganiato, como se conoce a esa oprobiosa dictadura, se prolongó hasta junio de 1970 y después hubo una continuidad de gobiernos militares de facto, encabezados, primero, por Roberto Marcelo Levingston y, luego, por Alejandro Agustín Lanusse. La inestabilidad era el signo de los tiempos y más de medio país pedía el retorno al gobierno de Perón, quien estaba exiliado en España.
En 1973, vino una nueva apertura democrática con la elección como presidente del peronista Héctor José Cámpora, quien renunciaría poco después para posibilitar un nuevo proceso electoral, ahora con la participación de Perón, quien había regresado a la Argentina tras 18 años de exilio y proscripción.
La fórmula de Juan Domingo Perón y María Estela Martínez de Perón, más conocida como la fórmula Perón-Perón, triunfó en septiembre de ese año con el respaldo del 62 por ciento de los votantes.
La aplastante victoria de Perón abrió esperanzas de un país distinto, con estabilidad, progreso y crecimiento. Sin embargo, la semilla violenta que se había clavado en el tejido social tras tantos años de autoritarismo y golpes militares iba a seguir prosperando y desarrollándose. Para empeorar todo, Perón falleció el 1 de julio de 1974, meses apenas después de asumir.
Se vino la época de auge de la Triple A, grupo gestado a instancias de José López Rega. Conocido como "El Brujo", fue un personaje siniestro, practicante de un esoterismo envilecido, un ocultista manipulador y palaciego que llegó a ser ministro de Bienestar Social de la Nación entre 1973 y 1975. Su verba y sus poderes de persuasión le habían granjeado gran ascendiente sobre María Estela Martínez de Perón, también conocida como Isabelita. A partir de esta influencia, se convirtió en un servil secretario de Perón durante parte de su exilio en España.
Además de la Triple A, camparon a sus anchas otras organizaciones fascistas, empeñadas en la persecución y exterminio de las diversas facciones peronistas nacionalistas de izquierda y de los grupos marxistas y guevaristas que habían optado por las armas, en una era sacudida por la Revolución Cubana y la Guerra de Vietnam. Al amparo de López Rega, el terrorismo de Estado fue desplegando sus alas, que ampliarían su vuelo letal con el golpe de Estado de 1976.
En el breve período democrático anterior a la dictadura, Viviana integraba el cuerpo de delegados de su facultad y sufrió el acoso y persecución de los esbirros fascistas. "Fui víctima de atentados por pensar distinto", señaló, al conversar, sentada en un reborde de la plaza San Martín, de lo que le tocó vivir en aquellos convulsionados tiempos. Tras sus lentes, su inquieta mirada azul parece estar presenciando lo que narra.
Pensar distinto, como dijo, no implicaba que ella, en esa época, haya tenido alguna filiación política partidaria específica. Aun hoy, no tiene ninguna.
El episodio más tremendo que atravesó fue cuando la secuestraron junto con "un chico de 18 años, a quien yo no conocía". El secuestro lo realizaron matones de la Triple A y al muchacho "lo torturaron y asesinaron, y a su cuerpo lo colgaron con alambres de púa de un puente".
A ella, esa vez la acompañó la suerte. "Por esas cosas milagrosas que ocurren, yo fui liberada" a las pocas horas de haber sido raptada por la horda criminal.
Sin embargo, la persecución continuó y afectó también a su familia. Después de sobrevivir al secuestro, "me fui a Buenos Aires a la casa de un familiar". En eso, los perseguidores "entraron a buscarme nuevamente" en su hogar de La Plata, donde, por suerte, "mis padres no estaban. Después hasta colocaron un explosivo en mi casa".
Tras el golpe del 24 de marzo, el terror y la violencia se exacerbaron en todo el país. Los secuestros y asesinatos de personas se volvieron cotidianos. Proliferaron los centros clandestinos de detención, tortura y exterminio. Argentina ingresó en un infierno dantesco.
Para la familia Reissig, subsistir en La Plata se volvió insoportable. "Mi padre renunció a su trabajo de visitador médico y, como él era muy buen trabajador, le ofrecieron ir a distintos lugares del país. Le ofrecían ir al Chaco, le ofrecían otros lugares y, bueno, yo le dije: 'Nos vamos a Río Negro'. Y ahí empezó mi historia de entrega y de amor por esta provincia".
Empezando mayo de 1976, la familia se radicó en Cipolletti. En 1977, Viviana dejó Cipolletti a raíz de que "un amigo muy cercano, muy querido, que trabajaba en los Astilleros Río Santiago, había sido secuestrado". Se quedó por un tiempo en Buenos Aires, se separó de su marido y luego volvió a Cipolletti.
En otro momento, volvió a la Capital Federal, luego trabajó como docente en la provincia de Buenos Aires e, incluso, concretó un trabajo de investigación para la Unesco, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. En 1983, se vino a Cipolletti para siempre.
"Mi hijo nació en Buenos Aires, pero vive acá. Yo me vine definitivamente porque tomé a la ciudad como mi lugar", expresó y habló de su afecto intenso por la ciudad y la región.
En los años tenebrosos de la dictadura, la zona no fue un lugar a salvo del terrorismo de Estado. Por eso, "yo me quedé sumamente impactada cuando ocurrió el secuestro de gente en Cutral Co". Se refirió así al conocido como Operativo Cutral Co, un episodio represivo y criminal de gran magnitud que aconteció en la ciudad petrolera en junio de 1976, con un triste resultado de personas detenidas, torturadas y vejadas. Algunas de ellas, permanecen desaparecidas hasta la actualidad.
En Neuquén capital, el horror también se hacía sentir y uno de los más repudiados emblemas del terror fue el centro clandestino de detención conocido como "La Escuelita". Cipolletti no quedó al margen de los designios fascistas y la actual Comisaría Cuarta, entonces Comisaría 24, también funcionó como centro de detención y tortura.
"Yo no me sentía del todo segura en Cipolletti tampoco, en ninguna parte se estaba seguro. Pero tenía la sensación de que, a diferencia de La Plata, acá había un poco más de contención, al ser un lugar más pequeño. No sé, pero fui afianzando mis lazos acá. Lazos comprensivos. Y, por ejemplo, conocí a una mujer a quien yo le sigo teniendo un inmenso respeto, porque ella enseñó mucho, ella puso el cuerpo siempre. Esa mujer fue Noemí Labrune".
Noemí Labrune, la gran luchadora por los derechos humanos, "cuando yo empecé a trabajar como docente, nos ayudaba a organizar la cabeza, la mente, nos ayudaba a profundizar, sin hacer ningún tipo de cuestión política, en la seriedad de lo que representa trabajar con los chicos".
Labrune, vecina cipoleña fallecida en 2023, "era una persona muy capacitada", muy dotada moral e intelectualmente. A través de ella, "fui conociendo gente y, por eso, logré que este fuera mi lugar también".
Además, lo conoció a Luis Genga, ex dirigente de la Unter, a quien una patota militar intentó secuestrar al día siguiente del golpe de Estado de 1976. Lo fueron a buscar a la Escuela 50 de Cipolletti, de la que era director, y se salvó porque no se encontraba en el establecimiento. Pero la conducta matonesca y destructiva de los milicos, demostrada ante docentes y alumnos, exhibió prematuramente el rostro cruel y letal de la dictadura.
"Lo conocí a Luis casualmente, porque yo había empezado a trabajar como docente". Transcurrían los meses iniciales del régimen fascista de Videla y compañía, meses de alta represión e inseguridad: "Lo volví a ver después de su secuestro", indicó Viviana, en referencia a la captura del dirigente docente en septiembre de 1976.
En esa ocasión, cabe señalar, Genga fue sometido a torturas e interrogatorios durante más de dos semanas. Sobrevivió y su testimonio ha sido fundamental, con posterioridad, para reconstruir el accionar del terrorismo de Estado y para enjuiciar a sus perpetradores.
Ya en democracia, Viviana se convirtió en directora durante "muchos años de la Escuela 50, que para mí era y sigue siendo un símbolo. Fue un placer muy grande para mí trabajar allí". El establecimiento fue declarado sitio de memoria, verdad y justicia por el asalto militar de que fue objeto. Fue la primera y única vez que los militares entraron y coparon una escuela primaria durante la dictadura.
En la actualidad, la docente jubilada forma parte de la Asamblea Multisectorial de Cipolletti y participa de las actividades de la organización. En el presente, está muy preocupada por la aprobación en el Congreso de la reforma laboral impulsada por el gobierno del presidente Javier Milei y "la quita de derechos" que plantea para los trabajadores. Por expresiones y políticas impulsadas por el actual primer mandatario nacional, considera la actual gestión de gobierno como "negacionista".
En una reflexión general, Viviana procuró explicar la persecución de que fue objeto antes y después del golpe de Estado. En su caso, está convencida de que fue porque "yo era militante de la Universidad". Nada más y nada menos que por eso.
Es que para los violentos de la Triple A como después para los criminales de la dictadura tener una filiación partidaria no era lo fundamental, lo fundamental era erradicar la participación y la lucha democráticas, terminar con cualquier atisbo de militancia que cuestionara sus dominios. Los dominios de la Junta y de los poderosos. Los poderosos de adentro y de afuera del país. Los que mandan.
"Para mí, todos los golpes de Estado han tenido un trasfondo económico. O sea, no ocurrieron porque la gente estuviera enojada, ni porque la policía estuviera enojada, ni que los militares estuvieran enojados. Lo que hay es un trasfondo económico. Porque con los golpes se acentuó la entrega del país, la entrega de sus recursos". Para ella, ahí es donde hay que buscar el por qué de las reiteradas interrupciones de la democracia en el siglo XX.
"Lo que quisiera señalar es que la inmensa mayoría de los estudiantes éramos comprometidos, militantes, participativos con cosas que tenían que ver con la misma carrera. Nunca supe concretamente por qué me habían secuestrado, pero ésa es la realidad, muchos tampoco lo supieron", enfatizó.
Lo que pasaba es que frente al poder, frente a sus arbitrariedades y sus abusos, "mi generación era una generación resistente. ¿Y por qué? Porque era una generación que se informaba, porque era una generación que leía, porque veía la realidad y podía hacer una lectura de la realidad".
"Insisto, a mí me secuestran y yo era una delegada de un centro de estudiantes, como muchos". A los matones no les importaba nada. Pero tenían sus planes.
Ante la conciencia participativa de la generación de Viviana, se transparenta la causa de la violencia fascista que se fue desatando contra el pueblo. De allí, además, la magnitud monstruosa que llegó a adquirir la masacre y de allí la atrocidad y la inhumanidad de las bandas que cometieron tantos crímenes.
De allí también su miseria. Porque los grupos operativos y de la Triple A eran de "una inmoralidad tal que, además de asesinar cruelmente, se dedicaban a la rapiña. Eran grupos de rapiña".
Refirió, sobre el particular, un hecho que sucedió en vísperas de Navidad, en uno de esos diciembres tenebrosos. En la casa de la familia Reissig habían preparado "el árbol de Navidad y estaban puestos los regalos". Pues bien, el grupo de terror que irrumpió en la vivienda era a la vez "un grupo de ladrones, que se llevó todos los regalos" que se habían colocado. "Era un nivel de rapiña tan grande, que se robaban lo que vieran".
"Pero yo no hablo solo de mi casa, hablo en general. Porque nosotros tuvimos suerte, en comparación con lo que les pasó a otras familias. Yo nunca me creí una víctima, la verdad, pero ellos, los ladrones, eran unos simples rateros, además de todo lo malo que eran. Después, en la dictadura, este accionar lo continuaron gente del Ejército y de la Armada. Ahí, la rapiña pasó a ser mayor, porque se robaban campos, se robaban las propiedades de la gente", recalcó.
Ahora, cuando faltan pocas semanas para el 50° aniversario del golpe cívico-militar de 1976, se impone más que nunca la necesidad de evaluar las furias y las penas que el fascismo y el terrorismo de Estado trajeron al país.
"Yo he perdido mucha gente cercana y creo que los que sobrevivimos milagrosamente tenemos una obligación ética porque podríamos haber sido nosotros quienes podíamos no haber sobrevivido y tenemos una obligación ética que tiene que ver con la memoria. En un momento en que, lamentablemente, se ha perdido la memoria histórica en este país", manifestó.
Y agregó: "Yo insisto, a mí me aterra que se pierda la memoria histórica en este país, porque ha habido muchas luchas históricas para conseguir la democracia también".
Aclaró que tal vez más que hablar de obligación ética, simplemente habría que hablar de "lo que hay que hacer" y de "lo que hay que defender" en materia de derechos humanos y de preservación y profundización de la democracia porque "esto nos costó 30.000 vidas. Y no solo fue la pérdida de vidas, sino que también están las familias destruidas, ya que mucha gente no soportó y se suicidó, porque no pudieron seguir, porque vivieron en la miseria, porque fueron despojados de todo".
"O sea que las víctimas fueron muchas más. Y, por eso, es como una cuestión de tener que seguir luchando, y caerse y levantarse, y caerse y levantarse, pero continuar, y no aflojar".
Continuar la larga lucha por memoria, verdad y justicia. Continuar la lucha por un mundo mejor. Por eso, Viviana no baja ni bajará la guardia. "Yo estoy espantada con esto de el abandono de la niñez y la baja de imputabilidad. He trabajado casi 30 años como docente en sectores populares y sé lo que padecen. Y el nivel de indiferencia a que se ha llegado en este momento hacia los sectores más sufridos, más violentados, es tremendo. No puedo creer la crueldad que se ejerce en este momento sobre ellos. Me espanta que hayamos llegado a esta situación".
La Asamblea Multisectorial está organizando una serie de actos para recordar los 50 años que se cumplirán del golpe de Estado de 1976. En Cipolletti, en la esquina de Yrigoyen y España de la Plaza San Martín hay un memorial que mantiene la memoria de las 17 personas de la ciudad que fueron desaparecidas, víctimas del terrorismo golpista. Contra el paso del tiempo, ni olvido ni perdón para los culpables.