Los adjudicados originales del plan de vivienda nunca pagaron las cuotas. Fue entregada a la familia de Gisella que tiene dos hijos con discapacidad.
El sueño de la casa propia parecía lejano para Gisella Muñoz, una vecina de Cipolletti que vivía con su esposo y cinco hijos en condiciones precarias en una vivienda de un campo. La situación llegó al extremo de ser desalojados del lugar por un conflicto judicial, hasta que llegó el llamado tan esperado: habían sido beneficiados con una vivienda recuperada del IPPV.
“Yo sabía que algo bueno nos iba a llegar; tanta súplica, tanto llorar, el Señor me escuchó”, expresó entre lágrimas esta vecina de 37 años. La adjudicación de esta vivienda a una familia como la de Gisella reivindica los verdaderos objetivos de los planes de viviendas provinciales: otorgar una solución habitacional digna a personas que realmente lo necesitan.
Muñoz vivía con su esposo y sus cinco hijos en una vivienda en una zona rural cercana a Cipolletti. Sus hijos Morena de 18 años, Santiago de 16 –ambos con retraso madurativo severo-, Maximiliano de 10, Lourdes de 9 y Nahiara de 8.
La familia convivía en esa casa en condiciones muy precarias, con una instalación de servicios deficiente que revestía un gran peligro para las infancias y la salud en general. “Era lo único que podíamos pagar, pero me quedo con que, a pesar de que vivíamos en muy malas condiciones, pasamos cosas buenas”, indicó Gisella.
Muñoz se dedica a cuidar a adultos mayores en un geriátrico y su marido se desempeña como trabajador de una empresa contratista. Su situación económica delicada, los empujaba a vivir en condiciones poco dignas y con carencias de todo tipo, mientras continuaba el anhelo de la casa propia, pese a las dificultades diarias.
El panorama se tornó más complejo cuando la familia fue notificada de una orden de desalojo, ya que los propietarios del campo quedaron envueltos en una situación judicial. En ese momento, trabajadores del IPPV se comunicó con la familia para informarles que habían sido beneficiados con una vivienda. Las lágrimas desbordaron los rostros de Gisella y sus hijos, emocionados por cumplir su sueño de una casa propia.
“Yo siempre con la fe de que algo bueno nos iba llegar en algún momento y llegó. Tanta súplica, arrodillarme, llorar, gracias al señor hoy vivimos en un techo propio”, indicó Gisella desbordada de emoción.
"Entrar acá fue para ellos (mirando a sus hijos), un sueño hecho realidad”, contó.
La vivienda era de un plan de IPPV que nunca fueron abonadas las cuotas. Los trabajadores del Instituto de la Vivienda Provincial detectaron que los adjudicatarios habían fallecido, pero cuando se intentó recuperar el inmueble, fue usurpado.
Luego de transitar un proceso judicial que involucró al Ministerio Público Fiscal y al IPPV, se llevó adelante el desalojo y recuperación del inmueble. Una vez que se dispuso de la vivienda, y atento a la situación de vulnerabilidad extrema de la familia de Gisella, el IPPV decidió otorgársela a ella para que puedan vivir con dignidad.