Antonio Turrin y el escudo de la ciudad de Cipolletti
Todo pueblo, país, nación, Estado tiene un distintivo que lo diferencia. Cuando se celebró el cincuentenario de la ciudad de Cipolletti se realizó un concurso para proveerla de un escudo. Hubo varias presentaciones y entre ellos estaba la del señor Antonio Turrin, que lo ganó.
El libro Cipolletti, calles y espacios verdes, nos dice que “En campo de oro —que en heráldica es emblema de riqueza— está plantado el árbol de nuestra producción en tierra de regadío; exhibe tres frutos, símbolo de trino, unidad de pueblo aún en manifestaciones distintas. El otro campo es azul como bóveda del cielo, brilla la Cruz del Sur, simbolizando la orientación hacia una meta segura y la ubicación geográfica de este pueblo en su patria. El todo forma un escudo, emblema de lucha por la existencia y provenir de las generaciones”.
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La familia Turrin tuvo sus inicios con el casamiento de Natalio Turrin y Elisa Sedrán, padres de Antonio Benoni Turrín, que nació en Cordenons, provincia de Udine, en 1898. Por la guerra y situación económica viajó a la Argentina a Lincoln, provincia de Buenos Aires, donde vivía su hermana María Luisa Turrin, casada con Herminio De Anna.
Antonio se asentó en la ciudad cipoleña en 1927 y, gracias a sus conocimientos técnicos, era Geómetra, se dedicó a proyectar y construir viviendas y edificios. Poseía gran vocación artística, proyectaba, dibujaba, bosquejaba, escribía y participaba en labores comunitarias.
La Sociedad General de Autores, Argentores, lo nombró, en 1935, su representante en la zona. Compró un lote en la manzana 50 y se dedicó, como dijimos, a proyectar y construir edificios. Trabajó como asesor técnico en la Municipalidad de Cipolletti, en las que dejó un gran legado en sus calles y avenidas. Por Ordenanza Municipal N° 0136/84 se designó con su nombre la calle 41 de la ciudad.
En 1931 se casó con María Olga Manara, con la que tuvo tres hijos: Horacio Néstor, Adolfo y Ana María Elisa. Muchos dibujos realizó para la ciudad, como las caricaturas que se lucían en el Prado Español, hoy desaparecido. Confeccionó el proyecto del antiguo edificio del Club Cipolletti. También realizó los cuadros de próceres que adornaban las oficinas municipales. Desde 1956 a 1962 fue Presidente del Círculo Italiano, del que había sido uno de los fundadores.
Hoy lo homenajeamos para que la historia se mantenga viva en nuestra memoria, para que cada protagonista esté reflejado en sus calles, avenidas, en su obra, en fin.
En cada rincón de la ciudad, en cada acto, en cada celebración y rendir culto a aquellos que nos precedieron y fueron fundamentales para el crecimiento de la región. Cada uno desde su especialidad, cada uno con sus saberes: vaya este homenaje a ellos, a ellas y a toda su descendencia de fuertes raíces.
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