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Rifan el auto familiar que compraron tras años de esfuerzo para costear el tratamiento de su hijo

El acto de amor de esta familia que dejó su lugar de origen y se mudó a otra ciudad rionegrina para darle mejor calidad de vida al nene. Conmovedor.

Muchos son los padres que aseguran "darlo todo" por sus hijos. Desde lo sentimental y físico, hasta lo material. Esta conmovedora historia resume un poco todo eso.

Dylan tiene hoy 15 años y ya a los 2 su familia recibió un diagnóstico que cambiaría para siempre sus vidas: Trastorno del Espectro Autista (TEA). Desde entonces, el camino estuvo marcado por largas distancias, consultas médicas en distintas ciudades y una lucha constante por brindarle las mejores oportunidades para su desarrollo. Tanto que ahora rifan su propio auto para costearle un costoso tratamiento.

Radicados actualmente en Bariloche, sus padres impulsan la cruzada solidaria para reunir los fondos necesarios que les permitan acceder a un seguimiento médico que podría mejorar significativamente su calidad de vida y su nivel de independencia.

Su papa Héctor Fabián Muñoz repasó los años de esfuerzo que atravesó la familia y explicó por qué decidieron rifar uno de sus bienes más valiosos.

Durante una década, la familia vivió en Valcheta. Sin embargo, la falta de especialistas y de herramientas educativas adecuadas para acompañar el desarrollo de Dylan los obligó a recorrer cientos de kilómetros de manera permanente.

“Vivimos en Valcheta por aproximadamente 10 años. Durante ese tiempo tuvimos que viajar muchísimo porque a nuestro nene le diagnosticaron autismo. Veníamos a Bariloche a consultas con el doctor Di Blasi, a Cipolletti con el doctor Báez y a General Roca para ver a un psicólogo infantil”, recordó Héctor.

Cada viaje implicaba trayectos de más de 500 kilómetros. Aunque destacó la calidad humana y la atención recibida en su ciudad de origen, el padre explicó que las limitaciones en materia de salud y educación terminaron inclinando la balanza.

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Dejaron su querida ciudad para ayudar al nene

“Él no avanzaba, estaba como en un pozo, por eso decidimos venir a vivir a Bariloche”, señaló. La mudanza tampoco fue sencilla. Héctor trabaja de manera independiente como soldador y electricista, mientras que su pareja se dedica al cuidado del hogar y de sus tres hijos. Durante más de un año y medio debieron afrontar una situación económica muy compleja.

“Pagábamos alquiler por día, era una locura”, recordó. La estabilidad llegó recién hace casi dos años, cuando lograron intercambiar su vivienda de Valcheta por una casa en el barrio San Francisco IV.

Hoy el panorama es diferente. Dylan asiste a la Escuela Especial N° 6, participa en talleres y recibe atención psicológica en el Hospital Zonal. La familia siente que el esfuerzo realizado finalmente comenzó a dar frutos.

“Todo lo que buscábamos acá se fue logrando”, afirmó Héctor, quien también destacó el papel fundamental de su hija de 9 años. “Se convirtió en la fonoaudióloga más grande de su hermano”, contó emocionado, al observar cómo la niña ayudó a Dylan a ganar confianza y desarrollar mucho más el habla.

La nueva meta surgió hace apenas cinco meses, luego de conversar con profesionales y con otras familias que atraviesan situaciones similares.

Se trata de una terapia con electrodos magnéticos que se realiza en centros especializados de Buenos Aires, Córdoba y Perú. El tratamiento demanda sesiones diarias de una hora durante cinco días consecutivos, alternadas con períodos de descanso, a lo largo de más de un mes.

El principal obstáculo es económico. Solo la terapia tiene un costo de 8.600 dólares, a lo que deben sumarse los gastos de traslado, alojamiento y alimentación para los cinco integrantes de la familia, ya que los padres no cuentan con una red de apoyo que les permita dejar a sus hijos menores en Bariloche.

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La decisión de rifar el auto que acaban de comprar

Frente a la necesidad de reunir el dinero, la familia evaluó inicialmente vender el vehículo que habían adquirido con enorme esfuerzo en diciembre pasado. Sin embargo, los números no alcanzaban.

“En un primer momento pensamos en vender nuestro coche, pero no llegábamos a cubrir lo que necesitamos. Un escribano nos sugirió rifarlo”, explicó Héctor al medio local El Cordillerano.

La decisión no fue sencilla. El automóvil representa años de trabajo y sacrificio, pero también una posibilidad concreta de acceder al tratamiento para Dylan. “Yo tengo otro más viejito que para ir y volver al trabajo me sirve”, comentó con humildad.

La rifa fue organizada bajo la modalidad de cuatro cifras para garantizar transparencia. El sorteo se realizará una vez que se vendan los números necesarios para cubrir el costo del tratamiento y la estadía de la familia durante el proceso médico. Si el número ganador no hubiese sido vendido, el premio se trasladará automáticamente al sorteo siguiente de la Lotería hasta que exista un ganador.

Mientras continúan difundiendo la iniciativa, los Muñoz mantienen intacta la esperanza. “Las puertas de nuestra casa están abiertas para cualquiera que necesite saber algo más sobre el caso de Dylan”, concluyó Héctor.

Detrás de cada número vendido hay mucho más que una rifa: hay una familia que apuesta todo para que Dylan pueda vivier mejor.