Mientras en el resto del país el sector sufre una caída, en Río Negro la vitivinicultura no para de crecer. Un fenómeno muy celebrado en las bodegas regionales.
En una provincia donde muchas bodegas llevan hasta cuatro generaciones produciendo vino, Río Negro consolidó una etapa clave para su vitivinicultura, fortaleciendo un sector que combina tradición, trabajo familiar y nuevas oportunidades de desarrollo territorial.
En una cabal demostración de todo ello, la producción de vinos de Río Negro y el Alto Valle en general transita un gran momento, a contramano de los del resto del país, que por cambio de hábitos, retracción de la economía nacional y nuevas dificultades en el mercado exterior, ven caer sus ventas.
La exitosa gestión, informaron desde Provincia, puso el foco en sostener esa identidad y, al mismo tiempo, abrir nuevos caminos de crecimiento para pequeños y medianos establecimientos.
En ese sentido, el Ministro de Desarrollo Económico y Productivo, Carlos Banacloy, expresó que “la vitivinicultura forma parte de la historia productiva de Río Negro. Acompañar a las familias que hace generaciones trabajan la vid es defender nuestra identidad y proyectarla al mundo”.
Desde la Dirección de Vitivinicultura se trabajó sobre dos ejes centrales: la internacionalización de los vinos rionegrinos y el desarrollo del enoturismo como motor de arraigo. La Directora Mariana Cerutti destacó que “el desafío fue mostrar la calidad de nuestros vinos y, al mismo tiempo, generar nuevas fuentes de ingresos para las bodegas a través del turismo, la capacitación y la innovación, construyendo un camino de sostenibilidad y respeto con el ambiente natural”.
Uno de los hitos del año fue la implementación de la Agenda Vitivinícola Federal 2025/2026, que permitió avanzar en seis líneas estratégicas, entre ellas la certificación de sostenibilidad, la transición hacia la vitivinicultura orgánica, la formación en oficios vitivinícolas y la actualización técnica en riego, energía, tecnología y asociativismo.
En materia de enoturismo, se diseñó y distribuyó el nuevo Mapa Enoturístico de Río Negro, integrando a 21 bodegas con apertura turística, junto a un catálogo para operadores y agencias. Además, se fortaleció el trabajo con la Asociación Civil Ruta del Vino, con rondas de negocios, armado de circuitos, el evento Open Day en 13 bodegas de 10 ciudades y la planificación de un calendario de eventos para 2026.
Un capítulo innovador fue el lanzamiento del Programa de Cavas Submarinas en Las Grutas, con la adhesión de 20 bodegas, incorporando el añejamiento bajo el mar como experiencia productiva y turística.
En paralelo, se apoyó en la creación de la Asociación Civil de productores de sidra, con el objetivo de trabajar hacia una futura Denominación de Origen.
Finalmente, se sentaron las bases para una Ruta del Vino Patagonia, con gestiones junto a Neuquén y Chubut, y se iniciaron acciones para que Río Negro sea sede de las Jornadas Federales de Enoturismo 2027, por primera vez en la Patagonia.
El 2025 dejó una vitivinicultura rionegrina más visible, integrada al turismo, con identidad fortalecida y con familias productoras que siguen proyectando su trabajo generación tras generación. ¡Chin-chin!
En los últimos meses de 2025, el Instituto Nacional de Vitivinicultura entregó sus informes habituales, pero que marcaron una retracción de la producción y ventas de los vinos argentinos -un sector saludable hace décadas-, que causó preocupación a propios y extraños.
En ese contexto, Río Negro se destacó como la excepción positiva. En noviembre, por ejemplo, mientras estadísticas mensuales marcaron caídas mensuales de entre el 8% y el 15% según variedades, e interanuales de alrededor del 5%, los vinos rionegrinos tuvieron un crecimiento del 16,3%, con 1.101 hectolitros comercializados. Esta curva positiva fue impulsada por “varietales y damajuanas”.
La vecina Chubut -con los volúmenes muy inferiores de un productor incipiente- mostró en noviembre un salto del 178% mensual, con un acumulado anual que copió la baja nacional.