El joven que mató de un balazo en el rostro a su padre en un terrible drama familiar ocurrido el año pasado en una vivienda del barrio CGT de Cipolletti, fue condenado a ocho años de prisión.
La pena se resolvió en un juicio abreviado consensuado entre la Fiscalía, representada por Martín Pezzetta y el Adjunto, Juan Pablo Escalada y la defensora Oficial, Silvana Ayenao, con el aval de la defensora de Menores, Alicia Merino, quien actuó en representación de los hijos menores de la víctima, hermanos del acusado.
El acuerdo contempló las “circunstancias extraordinarias de atenuación” a favor del acusado, que tiene 18 años de edad y estaba en prisión preventiva, ya que quedó comprobado que la víctima ejercía violencia con su esposa y sus hijos, y especialmente con él.
Ese padecimiento, que se agravaba cuando el hombre consumía bebidas alcohólicas, “fue el detonante para la precipitación del hecho”, indica el fallo dictado por el tribunal compuesto por los jueces Guillermo Baquero Lazcano, Julio Sueldo y Marcelo Gómez.
Precisamente, el ataque se produjo el 30 de octubre del año pasado, cuando Raúl González y su hijo David comenzaron a tomar desde temprano, como era habitual en ellos, mientras la mujer y el resto de los niños estaban en sus habitaciones.
Pero, “como en otras oportunidades”, alrededor de las 10 de la noche estalló una discusión alimentada por la hostilidad del hombre, y se agredieron verbalmente.
La discusión fue subiendo de tono hasta que entonces el joven tomó una carabina calibre 22 y le efectuó un disparo que impactó en el ojo izquierdo del padre, provocándole la muerte.
Dieron otra versión
Los primeros policías que llegaron a la escena del crimen advirtieron cierta reticencia entre los moradores de la vivienda cuando les requirieron datos sobre el sangriento hecho.
Indicaron que daban respuestas evasivas “dirigidas a cubrir al imputado”, puntualiza el documento judicial.
En la versión inicial que brindaron, afirmaron que González padre salió a comprar vino, y que regresó herido de un balazo.
Sin embargo, a poco de profundizar la pesquisa los investigadores lograron establecer que, en realidad, Raúl no salió de la casa, y que en cambio se desató una discusión tras lo que se produjo el disparo mortal.
Dos días después los uniformados encontraron el arma oculta en el techo de la casa.
Un dato tomado como relevante fue que la primera en alertar sobre el ataque fue la mujer de la víctima y madre del acusado, quien llamó a la Policía y dijo que “un padre y su hijo se encontraban peleando”.
David fue imputado por “homicidio agravado por el vínculo y por haber sido cometido con el empleo de un arma de fuego, atenuado por mediar circunstancias extraordinarias”.
Sin embargo, al sellar el acuerdo las partes propusieron modificar la figura a “Homicidio Calificado por el vínculo, cometido en circunstancias extraordinarias de atenuación y agravado por el empleo de arma de fuego”, lo que permitió una disminución del monto del castigo.
Un hombre hostil
Si bien inicialmente no quería admitir su culpa, David finalmente la reconoció, lo que habilitó a cerrar la causa en un juicio abreviado.
Su madre y pareja de la víctima también aceptó el acuerdo y en su declaración relató que tanto ella como sus hijos sufrían la violencia del hombre. Maltrataba sobre todo a David, puntualizó, quien lo terminó matando. Sostuvo que la adicción al alcohol y a las drogas de Raúl hizo difícil la convivencia, y aseguró que hizo varias denuncias, pero que “no hicieron nada”.
El juez Baquero Lazcano, en el voto rector y la adhesión de Sueldo y Gómez, sostuvo que más allá de la confesión contaban con pruebas contundentes para declararlo culpable.
Destacó entre ellas el testimonio de los policías que descubrieron la coartada falsa y el rastro de pólvora en la ropa del acusado, que determinó que había sido el autor del disparo.