Una vivienda señalada por vecinos como foco de delitos fue demolida por el Municipio en Cipolletti. Aseguran que continuarán los operativos para desactivar aguantaderos.
Un nuevo operativo de demolición se concretó este miércoles por la mañana en Cipolletti y marcó otro capítulo en la política municipal para erradicar los denominados “aguantaderos ”. La intervención se realizó en una vivienda ubicada sobre calle Reconquista al 300, en el barrio Almirante Brown, donde cuadrillas municipales trabajaron con maquinaria pesada para derribar una propiedad señalada por los vecinos como foco de delitos y conflictos en el sector.
El procedimiento contó con el acompañamiento de efectivos de la Policía de Río Negro, personal de Tránsito que realizó cortes preventivos en la zona y la presencia del intendente Rodrigo Buteler. Según confirmaron desde el Municipio, se trata del aguantadero número 28 que se desactiva en la ciudad mediante esta metodología.
La intervención fue impulsada luego de reiteradas denuncias de vecinos que advertían sobre movimientos vinculados a consumo de alcohol, presunta venta de drogas y circulación de personas ajenas al barrio. A eso se sumaba el deterioro estructural de la vivienda, que presentaba peligro de derrumbe.
“Estamos demoliendo un aguantadero en el corazón del barrio Almirante Brown. Este es el típico problema que nos plantean los vecinos cuando llaman al Municipio porque tienen un lugar tomado por gente vinculada a la delincuencia, consumo de alcohol o actividades ilegales”, explicó el intendente Buteler durante el operativo.
Según detallaron las autoridades municipales, el procedimiento se realizó luego de un trabajo previo con los propietarios del inmueble. La vivienda pertenecía a una familia histórica del barrio y quedó desocupada tras el fallecimiento de sus dueños, lo que derivó con el tiempo en ocupaciones irregulares y un fuerte deterioro edilicio.
Buteler explicó que este tipo de situaciones se repite con frecuencia en barrios tradicionales de la ciudad. “Generalmente son casas de familias grandes, de barrios históricos de Cipolletti. Fallecen los propietarios y alguien se mete adentro: puede ser un familiar, un conocido o directamente delincuentes. Después se hace muy difícil sacarlos”, señaló.
El jefe comunal indicó que, una vez detectado el problema, el Municipio interviene articulando con los dueños del inmueble y las autoridades provinciales. “Contactamos a la familia y trabajamos con ellos para resolver el problema. En este caso hablamos con Mario Mazza, uno de los hermanos. La casa tenía peligro de derrumbe y además era un punto de delincuencia. Entonces acordamos avanzar con la demolición”, relató.
Durante la intervención, el intendente sostuvo que el objetivo central de este tipo de operativos es recuperar la tranquilidad en los barrios. “Un aguantadero menos en Cipolletti es un problema menos para los vecinos. El orden es fundamental para cualquier ciudad. Si no hay orden, las ciudades se desmadran. Nosotros desde la Municipalidad nos dedicamos a poner orden”, afirmó Buteler.
En esa línea, remarcó el trabajo conjunto con la Policía de Río Negro y el gobierno provincial. “Siempre agradecemos a la Policía y al Gobierno de Río Negro porque cuando llegamos a estos lugares muchas veces hay gente adentro y primero hay que desalojar para poder intervenir. Es un trabajo en conjunto”, agregó.
El intendente también aclaró que las propiedades demolidas siguen perteneciendo a sus dueños originales. “Esto es propiedad privada. La demolición la paga el propietario y luego el terreno vuelve a la familia. Lo que hacemos es recuperar el lugar y devolverle tranquilidad al barrio”, explicó.
Durante el operativo también estuvo presente Mario Maza, uno de los familiares a los que pertenece el inmueble, quien relató la historia del lugar y cómo con el paso del tiempo se fue deteriorando la situación. “Esto es nuestro de toda la vida. Nací acá hace 75 años. Mi mamá tenía un negocio en este lugar y después hizo unos departamentitos que alquilaba”, contó.
Según relató, tras el fallecimiento de su madre en 2014 la propiedad quedó en manos de otros familiares, pero con el tiempo comenzaron los problemas. “Después quedó mi hermano con mi sobrino a cargo. Luego falleció mi hermano y ahí se empezó a armar el desmadre”, explicó.
Maza señaló que el deterioro estructural del inmueble y las ocupaciones irregulares terminaron haciendo imposible recuperar la propiedad. “La casa ya tenía peligro de derrumbe y no era utilizable. Si alguien se metía ahí adentro podía haber un problema grave. Por eso no quedó otra que demoler”, indicó.
Finalmente, agradeció la intervención municipal para resolver una situación que llevaba años. “Estamos muy agradecidos. Esto era de nuestra familia de toda la vida y ver cómo se había deteriorado era muy triste. Ahora por lo menos se puede empezar de nuevo”, expresó.