El dirigente mercantil José Luis Bunter manifestó que la carne aumenta en forma constante y no se observa que se vaya alcanzar un tope. Las ventas siguen cayendo.
Con inquietud y alarma, José Luis Bunter, dirigente empresario y comerciante del rubro cárnico, alertó que el precio de la carne no dejará de subir, con aumentos quincenales o semanales e, incluso, diarios. En su opinión, los incrementos no tienen techo ni tope y asoció el fenómeno con el rumbo económico del país, que privilegia la exportación.
Como al exportar y no tomarse medidas para evitar que el precio internacional de la carne se traslade al mercado interno, los consumidores nacionales se ven enfrentados a valores muy altos del producto.
En este esquema, los propietarios de carnicerías se ven obligados o bien a absorber los mayores costos de los proveedores de la mercadería, con lo que disminuye su ganancia y se pone en peligro la actividad, o bien a trasladarlos directamente al consumidor, extenuando aún más los ya exhaustos bolsillos de la gente.
El cipoleño Bunter, vicepresidente primero de la Federación de Entidades Empresarias de Río Negro (FEERN) y miembro de la Cámara de Industria y Comercio (CIC) local, enfatizó que los efectos del encarecimiento continuo de la carne se sienten cada vez con mayor intensidad, pues se han desplomado las ventas y el consumo a niveles casi inimaginables en el pasado.
Esta realidad se constata en la ciudad y la provincia y, prácticamente, en todo el país, con excepción de la provincia de Neuquén, en la que la renta petrolera y gasífera de Vaca Muerta ayuda a sostener una economía más boyante, se diría un oasis, de cuya vitalidad algo afluye hacia Cipolletti y un par de ciudades rionegrinas más.
Pero con una carga pesada para esas localidades, ya que los precios de los bienes de consumo y de los alquileres se alteran al alza y alcanzan niveles parecidos a los de Neuquén. Siendo significativo el número de personas que obtienen sus ingresos en la vecina provincia y su industria petrolera, no deja de ser un sector acotado de la población. La mayoría, en cambio, depende de salarios rionegrinos, más bajos.
El panorama que describe Bunter es preocupante, no solo en lo económico, sino también por su impacto social, actual y futuro.
El dirigente afirmó que “todavía no hay en vista que se vayan a frenar los aumentos de la carne,todavía es como que no hay un techo, un tope, va a seguir aumentando, poco a poco”.
Indicó que las subas, que vienen acelerando su frecuencia, se dan en forma quincenal, semanal o, incluso, diarias, por lo que, aunque presenten porcentajes pequeños, se van acumulando y, al cabo de un mes, ya representan un monto apreciable.
En su opinión, “lo único que frena algo estos incrementos es la caída de las ventas, que ha sido estrepitosa. Pero se seguirán generando aumentos periódicos porque para los grandes conviene más generar exportación que vender en el mercado interno".
Sostuvo que "nosotros estamos pagando la carne casi al precio de Europa y de Estados Unidos. Con la diferencia que en Europa el sueldo mínimo es de 4 millones de pesos y en Estados Unidos es de 8 millones. Pasado todo, por supuesto, de euros a pesos, y de dólares a pesos. Nosotros, en cambio, tenemos unos sueldos que están lejos de la realidad de esos lugares".
Tomando como base los algo más de dos años de gestión presidencial de Javier Milei, puntualizó que desde 2023 a la fecha el valor de la carne ha subido en la región un promedio general del “500 por ciento”.
Hace alrededor de un año, las carnicerías adquirían el kilo de media res deshuesada a un monto de entre 4.000 a 4.450 pesos. En la actualidad, en cambio, “por el kilo de media res deshuesada se paga unos 14.800 pesos", o sea, un 270 por ciento más. Para mayor contrariedad, esa carne "no es deshuesada, porque ahora viene una parte con hueso, ya que es el corte resolución".
Se denomina "corte resolución" a la carne con hueso plano (asado, costilla, esternón) cuya introducción en la Patagonia, desde lugares como La Pampa y Córdoba, fue autorizada el año pasado por el Senasa a través de la resolución 460. Con el corte resolución " pierde menos el frigorífico y cobra más caro", apuntó el dirigente.
Precisó, en tanto, que el kilo de media res con hueso subió, en términos de meses, entre 3.000 y 4.000 pesos. Pasó de valer unos 8.900 pesos a costar ahora alrededor de 12.800 pesos. "La diferencia es muchísima", acotó.
A todo esto, recordó que la carne que "está completamente con hueso es de acá, de la zona de Río Negro y Neuquén".
En paralelo al incesante incremento del precio de la carne, se viene registrando una pronunciada caída de la venta de carne, el lado comercial del fenómeno del menor consumo del producto por parte de la población.
"En el último tiempo, se han producido caídas de 30 por ciento, de 40 por ciento, según los distintos lugares, pero en promedio rondan un 15 por ciento. Es muchísimo", lamentó el dirigente empresario.
"Como aumenta mucho la carne que comercializan los proveedores y la gente no tiene poder adquisitivo para comprar, en las carnicerías no queda otra que minimizar el margen de ganancia", resaltó, pero destacó que el esfuerzo y la buena voluntad de los carniceros para no vender todo lo caro que deberían tiene límites.
Explicó que los carniceros enfrentan muchas veces "compromisos de pago previamente pactados, por ejemplo, cheques librados, o aguardan que venga el camionero a cobrar la factura de lo que trajo” y el único camino que les queda es rebajar los precios u ofrecerlos en liquidación. Sin embargo, “a veces igual se te van acumulando algunos productos".
Así, en los establecimientos del rubro se pueden "encontrar ofertas de carne picada a precios que no lo podés creer y ofertas de caracú que no lo podés creer, y se trata de algunos cortes que van quedando en cantidad y sus precios, que no los podés creer, están por debajo de los costos".
De lo que se trata es de "sacar esos productos", venderlos cuanto antes, conseguir que haya gente que los consuma en el momento. Facilitar su comercialización, su circulación, evitando los riesgos de mantener retenida por demasiado tiempo la carne.
Los carniceros prefieren ya no tener ciertos productos en stock, por lo que "directamente" adquieren lo justo para el muy corto plazo, con lo que "se genera un compra y venta y todo lo que sea acumulativo no se deja. Por eso, se procura vender más barato. Y eso marca la diferencia entre unos precios que suben y otros que bajan".
El dirigente fue enfático en cuanto a que "la situación es compleja" para el rubro de las carnicerías "acá en Cipolletti y en todo Río Negro". Al extremo de que "han cerrado carnicerías" por el crítico panorama.
"Se trata de volúmenes, de las cantidades que movés. Si vos tenés que pagar 14.800 pesos el kilo de media res, eso quiere decir que debés tener 1 millón y medio de pesos para bajar la media res, que rondan los 100 kilos de peso. Y vos tenés que vender siete media reses" para hacer el negocio rentable.
"Y vos tenés compromisos de pago que atender y de ahí, de lo que vendés, sacás la plata para pagar al proveedor, la plata para pagar la luz y esto y lo otro. Y si no podés llegar a cubrir una factura, se genera un endeudamiento en bola de nieve y, al final, si no se pueden afrontar los compromisos, se tiene que cerrar, bajar las persianas. No te queda otra alternativa", remarcó.
Como resultado de ese estresante panorama, las carnicerías que van quedando "son las más fuertes, las de muchos años, las que tiene más tradición, más experiencia, más fidelización de sus clientes. Porque cuando se abre una carnicería siempre es muy difícil, hay que armar toda la clientela, armar todo el sistema. Es una actividad que tiene sus complejidades y gastos bastantes fuertes".
A este respecto, resaltó lo que acontece con "el tema de la electricidad, por el tema del frío" para mantener la carne en las condiciones de conservación imprescindibles. "Olvidate, las facturas de la electricidad no bajan de los 3 millones de pesos. O sea, que vos, como carnicero, tenés que hacer 100 mil pesos por día, de lunes a domingo, para poder pagar solamente la factura de luz. De ganancia, nada".
En los locales, "aparte tenés que pagar el gas y aparte también el agua, que también se fue por las nubes. Y a todos esos gastos, tenés que agregar el pago de Ingresos Brutos, ganés o perdás, tenés que hacerte cargo del 5 por ciento de Ingresos Brutos, que tenés que ir sumando y es acumulativo. Además, tenés el 21 por ciento proporcional de IVA, tenés las tasas, y tenés el alquiler" del establecimiento.
Los costos, para el desarrollo de la actividad, se vuelven insoportables. Así, "está, por ejemplo, el caso de un insumo como el polietileno, que en una semana aumentó un 55 por ciento de golpe". Apuntó, con ello, a las insustituibles bolsitas de nylon que se utilizan para poner la carne que adquieren los consumidores.
Pareciera que, en las cuestiones humanas, lo peor siempre es más fácil de consumarse que lo mejor. Como haciéndose eco de esta presunción, Bunter aludió a lo imprevisto, a lo nefasto repentino que puede ayudar a arruinar algo más todo.
"Ni que hablar de si a un carnicero se le rompe algo muy necesario para su actividad. Por ejemplo, hay un carnicero al que hace poco se le rompió un motor de una cámara de frío. El reemplazo lo tuvo que pedir a Bahía Blanca y le salió 2,7 millones de pesos, más el gas, más lo que le cobró la persona de la reparación. En total, fueron 4 o 5 millones de pesos. ¿Cómo se puede trabajar así?", se preguntó, indignado.
El referente del gremialismo empresario consignó algunas reflexiones sobre los problemas de los consumidores. En este plano, no dudó en señalar al gran responsable, a su juicio, de la baja en la comercialización de la carne: “El problema está en que el sueldo del trabajador está ahí, está planchado. Es muy poquito lo que va subiendo, y lo que sube no acompaña el período de inflación. Y esto no es una cuestión mágica, al contrario, es muy simple. El que gana menos, gasta menos".
En este cuadro, cambiar de costumbres puede ser la única vía para acceder a lo que se desea y lo que no puede un solo cliente, lo podrá un grupo. Unir esfuerzos para un propósito resulta una buena opción.
Así, consignó una circunstancia que se está volviendo habitual. “Ahora, vienen cuatro tipos juntos a una carnicería, vienen a comprar carne para un asado. Suele pasar que los cuatro tipos, cuando llegan a la caja para pagar la compra, se dividen lo que hay pagar y uno paga en efectivo, otro paga con Mercado Pago, otro con débito y el otro con tarjeta de crédito", detalló.
En consecuencia, "en la ensalada de cosas que se hace la caja, los tipos van pagando así, pingui, pingui, pingui, pingui. O sea, no es, viste, como antes, cuando en un grupo agarraban y decían: 'Si vamos a ir a casa de tal y, bueno, ¿quién compra? Bien, compra Pepe y después lo que salga después lo dividimos entre todos'. Ahora no, ahora van todos y pagan como pueden su parte. No todos tiene plata en efectivo para pagar".
Por fortuna, para los compradores, en las distintas carnicerías, están habilitados "todos los medios de pago", aunque, claro, no dejan de llamar la atención los cambios de hábitos, de conductas, de costumbres, que motiva la necesidad.
Bunter fue enfático en cuanto a que las realidades, las situaciones que describe se refieren a Río Negro y el resto del país, exceptuando a la provincia de Neuquén, ajena, a su juicio, a las profundas complicaciones económicas y sociales del resto del país. “Saquemos a Neuquén de todo lo que hemos estado hablando. Porque todas las provincias de Argentina están en rojo, excepto Neuquén", aseveró.
"Con Vaca Muerta, con el gas y el petróleo, en Neuquén hay plata. Y esto, hay que recordarlo, esto pasa gracias a una empresa recuperada, YPF. ¿Y recuperada por quién? por Cristina Kirchner y Axel Kicillof. Y ahora, el que está ahora de presidente, se quiere anotar el poroto", acotó, irónico, en referencia a Javier Milei, actual mandatario nacional.
A su modo de ver, en el gobierno mileísta "le dieron tanta, tanta vuelta" al proceso de expropiación, afirmando que se había hecho mal, que quedaron, al final, descolocados. Ocurrió que en la Justicia de Estados Unidos terminaron por “darle la razón" a los argumentos expresados por la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner y su ex funcionario de Economía.
En consecuencia, Argentina triunfó en el pleito que se había armado por el caso. Lo más llamativo, a todo esto, es que el gobierno de Milei está solamente "sobreviviendo" ahora por YPF y por Vaca Muerta, herencias de la ex dos veces mandataria nacional. "Por esto nomás está Milei sobreviviendo. No tiene más. La verdad, fue algo bendito de 'Santa' Cristina, ¿viste? ”, expresó, con picardía. Vale aclarar que Bunter no es militante político, por lo menos no activo. Su larga labor pública la ha desplegado en el campo gremial empresarial.
Pero algo más le inquieta al dirigente cipoleño. Se trata de cambios sociales y humanos que se están experimentando y con efectos para el presente y para el futuro. Es que la dieta tradicional argentina tenía en la carne uno de sus componentes esenciales. Y son las familias de los trabajadores, particularmente, las de menos ingresos, las que han tenido que volcarse con ahínco al consumo cada vez mayor de otros alimentos, como la polenta, los fideos y el arroz. Hidratos de carbono en lugar de proteínas, resaltó.
Los sectores más vulnerables de la población no solamente hace tiempo que están inhibidos de comprar carne para un buen asado. El dinero no les alcanza, ni tan siquiera, para darse el lujo de prepararse un asado con una mínima frecuencia.
El mismo destino de ausencia, están teniendo, y no de ahora, sino desde hace rato, otros cortes que tradicionalmente han tenido un precio más elevado que el resto, como el peceto y el cuadril.
Hasta los cortes populares, como el osobuco, la aguja, la carne picada y la falda común están desapareciendo de la cocina y la mesa de muchos hogares que dependen de bolsillos ya jibarizados por una economía estancada, en la que ya no se piensa en eso que alguna vez se denominó justicia social.
Bunter expresa todo esto con palabras dolidas al mismo tiempo que indignadas. No le parece que en la Argentina, país productor de carne reconocido mundialmente, se puedan estar agudizando estas dificultades. Para él, lo más dramático de todo es lo que viven los niños y niñas más humildes y mal nutridos, que no pueden acceder a una dieta más rica, más balanceada, con una mayor proporción de alimentos ricos en proteínas.
Al concluir, vaticinó un futuro poco esperanzador para muchos de los niños que no puedan nutrirse de manera adecuada, en la actualidad y durante períodos prolongados. Dificultades para el aprendizaje, menor estatura que la que podrían alcanzar en otras condiciones, figuran entre las posibilidades. Sus tristes augurios los extendió a las alternativas laborales que podrían tener esos chicos, alternativas laborales que podrían verse acotadas y disminuidas. Es la diferencia entre nacer en cuna de oro y nacer sin cuna, sin calefacción y nada más que ganas de vivir.