El Colegio de Arquitectos pone a punto un espacio histórico de la identidad cipoleña. Qué obras se realizan y para qué se utilizará tras su reapertura.
Después de años, una de las esquinas más emblemáticas de Cipolletti vuelve a cobrar vida. En las últimas semanas, los movimientos en el interior de “El Diente de Oro ”, en la intersección de Fernández Oro y Villegas, reactivaron la expectativa de vecinos, artistas y referentes culturales que siguen de cerca la transformación de este histórico edificio.
Las tareas avanzan de manera sostenida y forman parte de un proceso de recuperación patrimonial que busca resignificar el lugar, respetando su identidad original pero proyectándolo hacia un uso cultural y comunitario. La iniciativa, impulsada por el Colegio de Arquitectos de Río Negro, apunta a convertir el predio en un espacio abierto a la ciudad, donde convivan arte, memoria y encuentro.
Según confirmó a LM Cipolletti la presidenta del Colegio de Arquitectos de Cipolletti, María Beatriz De Raffaelli, actualmente los trabajos se concentran en la puesta en valor del jardín interno y en la etapa final de iluminación. “Estamos haciendo y trabajando la parte de jardín y nos falta la iluminación”, explicó. Además, adelantó que la inauguración no será un acto formal aislado, sino un evento artístico integral que incluirá la presentación de los murales realizados y otras propuestas innovadoras.
Entre ellas, se destaca una proyección de “casas imaginadas”, un trabajo desarrollado por estudiantes de Río Negro que luego fue reinterpretado mediante inteligencia artificial. “Tenemos planeadas otras actividades en el lugar”, anticipó, dejando entrever que el espacio buscará sostener una agenda dinámica una vez habilitado.
La intervención del predio no es reciente. En septiembre de 2025 comenzaron los trabajos de muralismo, con la participación de artistas locales y estudiantes de la Universidad Nacional de Río Negro. En total, se realizaron diez murales que dialogan con la historia del lugar y su entorno urbano.
El proyecto también contempla la incorporación de esculturas, tanto modernas como antiguas, y un trabajo de mosaiquismo que aportará identidad visual al conjunto.
“El Diente de Oro” no es un edificio cualquiera. Su historia se remonta a la década de 1930, cuando funcionaba como un reconocido comercio que ofrecía desde ropa hasta muebles y artículos del hogar. Ubicado en una zona estratégica del incipiente Cipolletti, formó parte del núcleo comercial que dio vida a la ciudad en sus primeros años.
El nombre del local tiene un origen particular: uno de sus propietarios tenía un diente de oro, y esa característica terminó dándole identidad al negocio. Con el tiempo, el comercio ganó prestigio, incluso por las facilidades de pago que ofrecía a sus clientes, algo poco habitual en aquella época.
Sin embargo, el crecimiento urbano fue desplazando el centro comercial hacia otras zonas, y el negocio comenzó a decaer hasta cerrar definitivamente. El edificio quedó abandonado durante años, acumulando deterioro, deudas y proyectos fallidos de recuperación.
Recién en las últimas décadas se consolidó una política más firme de preservación. En 2016 se impulsó su declaración como bien histórico y, posteriormente, el inmueble fue cedido al Colegio de Arquitectos por 99 años para su recuperación.
El proceso de puesta en valor incluyó etapas complejas: desde la consolidación estructural del edificio hasta la limpieza del predio y la restauración de aberturas originales. También se desarrolló un concurso de anteproyectos que definió el perfil del futuro espacio, pensado como un punto de encuentro con una plaza interna y áreas para actividades culturales.
Hoy, con los trabajos avanzados, el antiguo edificio parece estar listo para iniciar una nueva etapa. La expectativa crece no solo por su reapertura, sino por lo que representa: la posibilidad de recuperar un símbolo de la ciudad.
El Diente de Oro, que alguna vez fue un epicentro comercial, se encamina ahora a convertirse en un espacio cultural vivo. Un lugar donde pasado y presente se encuentren, y donde la historia de Cipolletti deje de ser solo recuerdo para transformarse en experiencia compartida.