Mientras avanzan las obras de demarcación, la ciudad se destaca con pocos atropellos, aunque los peatones siguen cruzando a su modo.
Cada 17 de agosto, el mundo conmemora de manera no oficial el Día Mundial del Peatón, una fecha que invita a repensar el lugar que ocupamos, literal y simbólicamente, quienes caminamos por la ciudad. En Cipolletti, donde el uso de las sendas peatonales no siempre es el más responsable y donde los cruces se dan muchas veces fuera de lo legal o seguro, la fecha representa una oportunidad para reflexionar sobre los desafíos de la movilidad urbana.
Según datos de la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV), en Argentina el 10% de las víctimas fatales en siniestros de tránsito son peatones, y muchos otros sufren lesiones graves o discapacidades permanentes. Son víctimas especialmente vulnerables: personas mayores, niñas y niños, personas con movilidad reducida o con discapacidad.
Según el Observatorio Vial de Río Negro, en lo que va de 2025 se registraron 31 accidentes de tránsito vinculados al atropello de peatones en toda la provincia. En ese marco, Cipolletti aparece como una de las ciudades con menor número de registros, con solo 2 casos, mientras que otras localidades como Allen encabezan la lista con 7 atropellos.
La cifra resulta llamativa si se tiene en cuenta que Cipolletti es una de las ciudades más transitadas del Alto Valle y con fuerte circulación de vehículos en zonas urbanas. Esta baja tasa de siniestros puede estar relacionada con diversos factores: mayor infraestructura peatonal, campañas de concientización, una mejor cultura vial en determinados sectores, o incluso la propia geografía urbana.
Sin embargo, los especialistas advierten que la baja siniestralidad no debería llevarnos al conformismo. “Que no haya muchos atropellos no significa que caminar por la ciudad sea seguro o cómodo. Muchas veces los peatones deciden cruzar por cualquier lado porque el sistema no les ofrece alternativas claras o accesibles”, señala Iván Leske, consultor en Seguridad Vial y autor del libro Otra forma de pensar el tránsito.
Para Leske, el foco no debería estar puesto exclusivamente en el comportamiento individual del peatón. En diálogo con LM Cipolletti, remarcó: “Una esquina que coincide con otra esquina es un cruce peatonal. Técnicamente, legalmente, es un cruce peatonal, esté o no esté pintada la senda”.
Este concepto, poco difundido, es clave para entender que la legalidad del cruce no depende únicamente de la pintura, sino de la ubicación. Pero, como aclara Leske, que un cruce sea legal no implica necesariamente que sea seguro.
La percepción del riesgo, sostiene Leske, es determinante: si el peatón siente que nada lo amenaza, cruza. Pero esto no siempre significa que actúe correctamente ni que el entorno esté pensado para protegerlo.
En la ciudad, el comportamiento peatonal es dispar. En sectores céntricos y en zonas donde recientemente se pintaron sendas termoplásticas, se observa un uso más respetuoso de los cruces. Pero en barrios alejados, sin demarcación ni veredas adecuadas, los peatones muchas veces deben improvisar: caminar por la calle, cruzar donde pueden, asumir riesgos.
El Municipio inició un plan de pintado de 1.000 sendas peatonales, con turnos nocturnos y tecnología reflectiva, para mejorar la seguridad. Sin embargo, como apunta Leske, el problema no se resuelve solo con pintura.
Pese a que no se precisaron cifras con respecto al uso intensivo que se les dan a estos pasos peatonales, desde la Municipalidad remarcan que es una "forma de ordenar el transito y garantizar la seguridad vial".
“El sistema muchas veces obliga al peatón a desviarse 50 metros para llegar a una esquina habilitada. Pero si yo estoy cansado, con bolsas, empujando un carrito o soy una persona mayor, ¿por qué debo recorrer ese extra si no se me ofrece una alternativa segura a mitad de cuadra?”, plantea Leske.
En su libro, Leske plantea que los peatones no son un grupo homogéneo. Hay personas ciegas, con movilidad reducida, madres con bebés, adultos mayores y hasta lo que llama “peatones digitales”, es decir, aquellos que caminan mirando el celular, desconectados del entorno.
“Todos los peatones se desplazan a escala humana y muy difícilmente pueden causar daño a otro. No son los malos de la película. El problema es un sistema que cree que todos los peatones son atletas olímpicos capaces de sortear obstáculos con facilidad”.
El desafío, entonces, no está solo en educar al peatón, sino en diseñar ciudades que piensen en él desde el inicio: con más cruces seguros, veredas amplias, tiempos semafóricos adecuados y sanciones efectivas a quienes no respetan la prioridad de paso.
Como señala la Organización Panamericana de la Salud, las muertes viales son evitables. En el marco de la “Década de Acción para la Seguridad Vial 2021-2030”, los organismos internacionales promueven el enfoque de “sistema seguro”: aceptar que los errores humanos ocurren, pero diseñar entornos urbanos que minimicen sus consecuencias.
De esta forma, Cipolletti tiene el desafío de mejorar las condiciones para que caminar no sea una amenaza. Y también, un deber ciudadano: aprender a respetar el cruce correcto, mirar antes de avanzar, ceder el paso.
Porque al final, todos somos peatones en algún momento. Y hacer valer ese derecho también implica transformarnos en protagonistas de un tránsito más humano, justo y seguro.