Los empleados de los hospitales públicos están en pie de lucha y apuntan al Ministerio de Salud por el recorte de las horas extra y las guardias, asegurando que el “plan de ahorro” pone en riesgo los servicios. Para el Gobierno, la situación no es grave y la atención básica está garantizada.
“Las únicas situaciones que se cortaron son las que no tenían ningún respaldo de por qué se daban las horas. Nunca se pensó en afectar ningún servicio”, manifestó ayer el ministro Fabián Zgaib al analizar la situación en los hospitales tras la suspensión de cientos de horas extras al personal.
El funcionario ratificó que habrá nuevas auditorías, visitando cada centro asistencial, para dar marcha atrás en el recorte en los casos en los que el recargo del personal -con bonificación económica extra- sea necesario para sostener los servicios. “De las primeras auditorías hasta los últimos resultados, se revisaron muchas situaciones que no se habían tenido en cuenta. Nosotros queremos que los hospitales sigan trabajando como hasta ahora, pero vamos a revisar las cosas que no se hacen bien”, sostuvo.
Los trabajadores mantendrán los reclamos, porque consideran que la suspensión de las horas extra no sólo afecta la prestación a los usuarios del sistema, sino sus sueldos. Según aseguran, todos los hospitalarios cuentan con las horas extra para redondear sueldos acordes a sus funciones, comparables a los del sector privado. Y según denunciaron, hubo renuncias de profesionales que desistieron de seguir en Salud Pública ante el ajuste de la remuneración.
A pesar de la bronca entre los empleados y con problemas latentes, Zgaib relativizó el conflicto y les aseguró a los pacientes que la atención es normal porque “no hay crisis en ningún hospital”.