La historia de un muchacho que nunca dejó de soñar en grande. "Que los jóvenes no dejen de jugársela por lo que aman", aconseja.
Moisés González tiene 43 años, realizó sus estudios primarios en la Escuela 287 y cursó la secundaria en el ESRN 14. Como tantos jóvenes del Alto Valle, durante años trabajó en los galpones de empaque de frutas durante las temporadas. Pero mientras transitaba aquellas intensas jornadas, una pasión marcaba su camino: la música. Con el tiempo, se dio el lujo de tocar tambores junto al Negro Rada, una leyenda al que hoy llora el mundo entero.
Aunque su instrumento principal es la batería, su formación integral como percusionista lo llevó a adentrarse en un universo que transformaría su vida para siempre: los tambores y el ritmo del candombe.
La decisión de dejar su lugar natal y mudarse a la capital no fue sencilla. “La decisión fue larguísima”, recuerda Moisés sobre aquel momento determinante. Sin embargo, se animó a dar el salto como le contó al sitio Inforo.
Se fue detrás de la meta de convertirse en músico profesional e inició un recorrido extraordinario que lo llevó a pisar grandes escenarios, viajar por el mundo y compartir proyectos con destacados artistas, integrando actualmente la banda Superlativo Rock.
En ese trayecto, la figura de Rubén “Negro” Rada siempre estuvo presente. La conexión venía desde su propia tierra: Moisés recordaba cómo el icónico artista uruguayo solía pasar por Fernández Oro en sus visitas a la región cuando tenía fechas en Neuquén. Tiempo después, González viajó con amigos a Uruguay, donde pudo conocerlo personalmente, sin saber que lo mejor estaba por venir.
El punto de quiebre ocurrió en Tecnópolis durante el 2023, cuando Moisés subió al escenario para tocar los tambores codo a codo con Rada. Aquel día dejó un hito histórico para la cultura orense: “Fui el único argentino que tocó tambores con Rubén Rada”, destaca González sobre una hazaña inédita para la percusión nacional.
Una frase sencilla para sintetizar un logro enorme. Detrás de ese instante estaba el chico de la Escuela 287, el estudiante del ESRN 14 y el obrero de la fruta que durante años evaluó si valía la pena arriesgarlo todo por su vocación.
Hoy, la partida física de Rubén Rada vuelve aún más emotivo aquel encuentro. Para Moisés queda el privilegio imborrable de haber compartido la mística del candombe con un referente fundamental de la música rioplatense. Para las nuevas generaciones de la región, su trayectoria deja una enseñanza directa: “A los jóvenes les diría que se animen a jugársela por sus sueños”.